Muchos de los amigos y familiares de Stanley García han dejado su pueblo natal, en la zona rural de El Salvador, con la esperanza de escapar la sequía que azotó la región en los últimos años y encontrar empleo en algún otro lugar.

Están decepcionados y ya no quieren trabajar la tierra, dice el agricultor de 31 años, entonces empacan lo que tienen y salen a buscar una mejor vida.

“Tras cuatro años de malas cosechas, ya no quieren cosechar estas tierras. Quieren irse para los Estados Unidos o trabajar en manufactura en las ciudades o hacer otra cosa; solo que no aquí”, explica el salvadoreño.

Tal como los amigos de García, muchos jóvenes de países mesoamericanos están dejando sus pueblos como respuesta a eventos de sequía. Están migrando a un ritmo más rápido que cualquier otro grupo social de esta región, lo que provoca cambios en dinámicas sociales y económicas y permite atisbar los efectos que un planeta más caliente podría tener en los desplazamientos humanos.

Un estudio publicado en diciembre de 2016 determinó que la escasez de agua es el factor determinante para que jóvenes entre 15 y 25 años dejen pueblos como Los Apoyos, la comunidad donde todavía vive García, un asentamiento ubicado en las colinas del interior salvadoreño. Allí, él y otros miembros de su cooperativa viven de la tierra, cultivando maíz, frijoles, papaya y plátano.

Para llegar a esta conclusión, investigadores del Banco Mundial, el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI, en inglés) y la Universidad de Illinois revisaron datos de censos nacionales y los cruzaron con registros de desastres naturales. ¿Qué querían saber? Si las sequías o las tormentas aumentaban la migración a lo interno de cada país.

“Si ocurriera el equivalente a lo que consideramos una sequía moderada en los Estados Unidos, veríamos cerca de 41.000 personas entre 15 y 25 años migrando como respuesta”, explica Valerie Mueller, investigadora senior en IFPRI.

El estudio tomó información de Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Haití, Jamaica, México, Nicaragua y Panamá.

Tres niñas corren sobre la zona donde estaba la laguna de Atescatempa, en Guatemala. Las condiciones inusualmente secas provocaron que desapareciera.

(Créditos: Marvin Recinos)

Con base en esta información, no es posible discernir los complejos efectos que tendría esta migración, pero los desplazamientos no planificados pueden impactar el tejido social de estas comunidades al obligar a adolescentes y veinteañeros a aceptar trabajos mal pagados y lejos de casa.

Un amigo de García dejó su pueblo para trabajar en Santa Ana, la segunda ciudad más importante de El Savaldor, y apenas lograba pagar las cuentas con los $200 que ganaba al mes en una fábrica.

“Es mejor vivir en el campo, donde comemos los frijoles y el maíz que nosotros mismos cosechamos y no tenemos que pagar alquiler”, dice el salvadoreño.

El líder cooperativo vive con su pareja y sus dos hijos, una niña de 12 años y un bebé de dos que juega entre las flores de la granja. Siguen en Los Apoyos porque la agricultura todavía les provee un ingreso suficiente como para pagar sus gastos, pero no todos tienen las mismas oportunidades.

“En migraciones forzadas, puedes tomar un trabajo que parece dar buenos resultados en ese momento, pero en el largo plazo puede ser un paso atrás”, dice Mueller.

Muchos agricultores centroamericanos terminaron el 2014 y el 2015 con las manos vacías, luego de que una temporada con pocas lluvias matara sus campos de frijol o maíz, para los cuales debieron endeudarse.

La agricultura familiar todavía es una importante fuente de ingreso para muchos habitantes del istmo, particularmente en zonas rurales donde la agricultura de subsistencia es común. Esto hace a estas regiones especialmente vulnerables a cambios en patrones de lluvia y el aumento de temperaturas, dos de los efectos que llevaría el cambio climático a Centroamérica.

De acuerdo con Naciones Unidas, la sequía que provocó el fenómeno El Niño en 2014 y 2015 provocó que más de 3.5 millones de personas sufrieran por inseguridad alimentaria y problemas económicos en El Salvador, Honduras y Guatemala, complicando una situación de todas formas difícil. Esto representa cerca del 10% de la población conjunta de estos países.

Antes de hablar con García, ya había escuchado historias similares durante la cobertura de la crisis de niños migrantes que llegaron a la frontera sur de Estados Unidos en 2014. Aunque la mayoría de los centroamericanos huían de la violencia, muchos hablaban de fincas resecas y contaban que vivir del campo se hacía casi imposible.

Este desplazamiento hacia el norte no fue capturado por esta investigación, dice Mueller, pues solo analizaron censos nacionales que mostraban desplazamientos internos entre regiones del mismo país. Por eso, algunos movimientos no fueron capturad. Por ejemplo, si un caficultor nicaragüense se moviera a un pueblo cercano en su misma provincia o si un guatemalteco dejaba su trabajo en una fábrica para ir a los Estados Unidos.

“Nuestros datos probablemente son una estimación conservadora, cercana al límite inferior de lo que realmente podríamos ver”, dice ella.

Un agricultor de maíz en Alauca, Honduras, crea canales de irrigación antes de sembrar la próxima cosecha.

(Créditos: Neil Palmer / CIAT)

A pesar de esta limitante, el análisis sí identificó donde fueron estos jóvenes. En su mayoría, se reubicaron a zonas rurales, no a capitales regionales o nacionales. La investigadora cree que esta es una buena señal, porque evita un éxodo masivo a las ciudades, que en su mayoría ofrecen poco empleo y tiene altos índices de criminalidad.

La sequía no es el único factor que motiva a la gente a dejar sus casas; hay otros factores como la violencia generalizada en la región, la corrupción sistemática y niveles de pobreza que superan el umbral del 50% en Honduras y Guatemala.

“La migración es multifactorial: no solo por sequía, sino por falta de empleo, por inseguridad o porque estas zonas son más deprimidas económicamente”, dice Enrique García, cooordinar regional humanitario de Oxfam para América Latina y el Caribe.

Durante episodios de sequía, el experto ha visto a familias rurales consumir sus reservas de alimentos y vender sus animales domésticos antes de migrar, particularmente en el llamado Corredor Seco Centroamericano.

En morado se puede ver el área del Corredor Seco Centroamericano.

(Créditos: FAO)

En estas zonas, la sequía ha mermado la producción de maíz y frijoles hasta en un 90% y muchas familias han llegado al límite. El gran número de familias viviendo la agricultura familiar en los países de la región significa que eventos como este puede tener fuertes impactos en comunidades rurales, dice García.

Cuando falta el agua, dice el experto de Oxfam, las personas se reubican a donde encuentren trabajo, lo que en muchos casos significa que venden sus tierras y hacen todavía más precaria su situación económmica.

Desde su organización, García trabaja con las autoridades regionales para que actúen en conjunto y trabajen temas como resiliencia y adaptación –incluyendo en cambio climático– para que atiendan las causas de fondo como la pobreza y la inseguridad alimentaria en América Central.

Un pedido similar fue hecho el año pasado por el director general de FAO, José Graziano da Silva, quien exhortó a gobiernos y organizaciones no estatales a no conformarse con “simplemente establecer una respuesta humanitaria cada vez que ocurra una emergencia”.

Mueller y su equipo analizaron si la asistencia económica tenía un impacto en el desplazamiento de jóvenes y descubrió que el financiamiento para el desarrollo sí reducía estos patrones.

“Lo que sería interesante es ver los programas focalizados donde están invirtiendo las agencias y entender hasta qué punto están reduciendo esta tipo de migración”, dijo ella.

En el 2016, la Comisión Europea entregó 3 millones de euros para apoyar a comunidades impactadas por la sequía en Honduras y Guatemala, mientras que la asistencia norteamericana tras la crisis de los niños migrantes se ha enfocado en condiciones económicas y sociales, junto con su prioridad en temas de seguridad.


Este reportaje fue publicado originalmente en Fusion.net.