El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), el órgano científico-climático de Naciones Unidas, hizo sonar todas las alarmas unos días atrás, al publicar el Sexto Informe de Evaluación (AR6) de su Grupo de Trabajo I.

Hoy, el planeta está 1,1°C más caliente que en la era preindustrial y muchos de los daños son irreversibles. La temperatura media global seguirá aumentando y llegará a 1,5°C en los próximos años, haciendo que los daños no sólo se agreguen, sino que escalen en frecuencia y magnitud.

¿La razón? La acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera que resulta del gas, el carbón y el petróleo que los humanos venimos quemando desde 1850 hasta acá.

“Todo el calentamiento de los últimos 170 años, tanto en la atmósfera como en los océanos y en la superficie terrestre, lo podemos atribuir a la actividad humana”, enfatiza Maisa Rojas Corradi, autora principal del IPCC, académica de la Universidad de Chile y directora del Centro de Ciencias del Clima y la Resiliencia (CR)2.

“Como resultado de esta influencia en el clima, estamos observando cambios generalizados, rápidos, que se están intensificando. Hoy, no existe región en el planeta en que no los estemos observando”, añade.

La escala de estos cambios en todo el sistema climático, puntualiza el IPCC, no tiene precedentes en milenios. La cantidad de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera es, en la actualidad, más alta que en cualquier momento de los últimos 2 millones de años.

Y, si bien, como explica Rojas Corradi, “el CO2 es el más importante responsable del pasado y del futuro de las emisiones”, hay otro GEI que también contribuye de forma significativa, y cada vez más, al calentamiento de la Tierra. Se trata del metano, cuyas concentraciones en la atmósfera son más altas hoy que en al menos 800.000 años.

¿Qué es el metano?

El metano (CH4) es el “componente principal del gas natural, y está asociado a todos los hidrocarburos utilizados como combustibles, a la ganadería y a la agricultura”, define el IPCC. Es, después del CO2, el GEI que más contribuye  al cambio climático.

A diferencia del CO2, que vive en la atmósfera por siglos, el metano sólo permanece allí unos 12 años. Ahora bien, y aquí la clave de por qué es tan problemático, su potencial de calentamiento global es 86 veces mayor al CO2 durante los primeros 20 años después de que se libera.

La fuente natural más importante de este GEI son los humedales, pero de estos sólo proviene el 40% de sus emisiones globales, detalla el Methane Tracker 2021 de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés).

El 60% restante es producido por las actividades humanas, principalmente en la agricultura y la ganadería (40%), la producción y uso de combustibles fósiles (35%), y los residuos (20%), de acuerdo al Global Methane Assessment que desarrollaron la Coalición Clima y Aire Limpio, y el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Peligroso aumento

El IPCC advierte que la cantidad de metano que hay hoy en la atmósfera es mayor que en los últimos 800.000 años. Este es un récord que seguramente volverá a quebrarse en el futuro cercano, ya que sus emisiones vienen aumentando peligrosamente. De hecho, desde la década de 1980, esto se ha dado más rápido que en cualquier otro momento.

Entre 2000-2006 y 2017, las emisiones de este GEI treparon casi un 10%. Para fines de 2019, sus concentraciones en la atmósfera ya habían alcanzado las 1875 partes por mil millones, un nivel más de dos veces y media los niveles preindustriales. Y, anualmente, sumamos alrededor de 570 millones de toneladas más, según datos del Global Methane Budget.

¿El motivo de la escalada? Algunas investigaciones apuntan al fracking o fractura hidráulica, la técnica que se utiliza para extraer el gas y petróleo no convencional cuya cuna es los Estados Unidos, y que se ha extendido y es fuertemente alentada en diversos países de América Latina, como la Argentina. En específico, sus intensas fugas de metano serían las principales responsables del gran aumento de las emisiones de este GEI en las últimas décadas.

Es así que, ahora, casi una cuarta parte del calentamiento global es atribuible al metano. Por eso, el IPCC advierte que “una reducción fuerte, rápida y sostenida” de sus emisiones es necesaria para detener el aumento de la temperatura media global en 1,5°C y evitar lo peor del cambio climático.

“El informe del IPCC subraya la importancia de atajar los GEI como el metano”, apunta Miguel Taboada, científico argentino del suelo y el clima de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“El ganado rumiante y los arrozales inundados son fuentes agrícolas de estas emisiones. Los esfuerzos de mitigación deben centrarse en la gestión de la demanda, incluyendo el cambio a dietas con más cereales, legumbres y verduras. La producción ganadera debería realizarse mediante sistemas de pastoreo integrados, como los silvopastoriles, que ayudan a mitigar las emisiones de GEI al capturar CO2 en los árboles y el suelo”, completa.