Esta historia comienza en 1987: alarmados por el aumento en el agujero en la capa de ozono, los países del mundo tomaron la decisión de frenar de manera gradual la producción y uso de sustancias químicas que creaban este agujero. Nació así el Protocolo de Montreal.

Entre otros gases, este acuerdo decidió eliminar los clorofluorocarbonos (CFC) – un tipo de gas que se encuentra en los aires acondicionados y latas de aerosol y que perjudican la capa de ozono. Poco a poco, la industria global dejó de utilizar estas sustancias y las reemplazó con otros gases, conocidos como HFC o hidrofluorocarburos.

El cambio funcionó y estudios científicos notaron que el aguero detuvo su crecimiento y empezó a disminuir. Actualmente usamos los HFC en aires acondicionados de casas y vehículos y en la mayoría de las refrigeradoras.

Sin embargo, nació otro problema: aunque los HFC no impactan la capa de ozono, sí tienen otro impacto mundial.

 “Estos gases no son precisamente agotadores de la capa de ozono, sino que producen calentamiento global”, explica Shirley Soto, quien dirige la Dirección de Gestión de Calidad Ambiental del Ministerio de Ambiente y Energía.

Ante esto, los 197 países que forman parte del Protocolo de Montreal llevan años buscando el camino para dejar de usar los HFC y sacarlos también a ellos de la indusria.

El punto clave parece que llegará esta semana en Kigali, la capital de Ruanda, un país en el este de África. Ahí están reunidos desde el pasado lunes 10 de octubre los negociadores del mundo entero para hallar esa ruta y, según los reportes, llegará entre viernes 14 y sábado 15.

Todos los países están actualmente de acuerdo con la necesidad de eliminar los HFC, explica Soto, pero hay diferentes planteamientos de cuándo debería hacerse.

“Hay países de alta temperatura que tienen una temperatura específica de seguir usando gases y no pueden sacar de forma acelerada los refrigerantes hasta tener alternativas viables. Otros países están angustiados por su industria, por ejemplo”, señala la directora.

Estos y otros temas –incluyendo el espinoso tema de cómo se pagará (otra vez) el cambio tecnológico– deberán quedar resueltos en Kigali, donde la viceministra de Energía, Irene Cañas, representa al país.

La viceministra de Energía, Irene Cañas, en la reunión de Kigali.

La viceministra de Energía, Irene Cañas, en la reunión de Kigali.

(Créditos: IISD.ca)

Los HFC, también presentes en algunos aerosoles, son peligrosos gases de efecto invernadero cuyas emisiones aumentan de forma más rápida, a razón de 10-15% por año.

“Soy muy optimista respecto a la adopción de un acuerdo, porque estamos muy cerca de ello, aunque desde luego necesitamos un pequeño esfuerzo suplementario”, dijo a AFP el director del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente, Erik Solheim.

La enmienda deberá ser adoptada por consenso y será jurídicamente vinculante, pues se establecerá un calendario de reducción de los HFC.

Con el Pacto de París, la comunidad mundial se comprometió a actuar para contener el alza de la temperatura global “bastante por debajo de 2°C” respecto al nivel preindustrial y a “proseguir los esfuerzos” para limitarla a 1,5°C.

La eliminación de los HFC podría reducir en 0,5°C el calentamiento global de aquí a 2100.

En casa.

El cambio de tecnología en su casa o su vehículo no será de golpe. Los países están debatiendo diferentes propuestas de cuándo y cómo hacer esta transición; algunos países, entre ellos Costa Rica, planteaban empezar el cambio en 2021 de modo que haya tiempo para desarrollar nuevas tecnologías.

Antes de la negocicación, la propuesta menos ambiciosa estaba planteada por India, que pretendía empezar el cambio en 2031.

Si usted tiene estos aparatos en casa, no debe preocuparse por el día a día, porque estos gases no tienen un impacto diario, como sí lo tiene el dióxido de carbono (CO2) que se emite al quemar gasolina o carbón.

“Ellos contenidos (en los aparatos) no causan ningún daño, entonces no es que cada vez que usted enciende el aire está haciendo daño. Es cuando el aparato llega al final de su vida útil, cuando hay fugas o al darle mantenimiento los problemas”, explica Soto.

El problema con estos momentos es la liberación del gas. Cuando hay fugas en los conductos del HFC o cuando el técnico de mantenimiento no sabe tratarlos, estos gases salen a nuestro ambiente y provocan el efecto invernadero. Lo mismo ocurre cuando una refrigeradora se desecha sin un manejo adecuado o al renovar el aire acondicionado de un carro sin el tratamiento necesario.

Por eso, advierte Soto, es importante revisar estos equipos para evitar fugas y asegurarse que quien los repare o deseche sepa cómo hacerlo.

La directora explicó que el Minae está trabajando en conjunto con el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) para capacitar a los técnicos en estos procedimientos.