A propósito del Día del Padre en muchos países iberoamericanos, en Ojo al Clima preparamos un pequeño recuento de algunos de los científicos más prominentes en el campo del cambio climático.

Durante muchas décadas, muchos hombres y mujeres contribuyeron a este campo del conocimiento que ahora nos permite ver la evidencia del cambio climático, comprender sus causas y preveer sus efectos. Entre estos están los padres elegidos para esta lista, quienes han ayudado a darle forma al estudio del impacto que tiene el ser humano sobre el clima planetario. Algunos hicieron un impacto directo, otros trabajaron en campos relacionados, pero sus huellas en la comprensión que tenemos actualmente del calentamiento global son imborrables.

Svante Arrhenius (1859 – 1927) y Guy Stewart Callendar (1898 – 1964)

Arrehunius (un físico y químico sueco) y Callendar (ingeniero inglés) sentaron las bases para entender el impacto de los combustibles fósiles en el calentamiento del planeta. Entre finales de los 1800 e inicios de los 1900 –y basado en información capturada por otros colegas–, el sueco fue el primer científico en plantear que un aumento en la proporción de dióxido de carbono (gas conocido como CO2 y que resulta de la quema de combustibles fósiles, entre otros) en la atmósfera calentaría el planeta. Sus cálculos no fueron demasiado precisos, pero sentó el paradigma.

Guy Callendar en 1934.

Guy Callendar en 1934.

(Créditos: Wikipedia Commons)

En 1938, Callendar llevó esto más allá. Analizó los datos del último siglo y concluyó que, efectivamente, los humanos estaban calentando la tierra. Callendar argumentaba que la actividad humana había incrementado el dióxido de carbono en la atmósfera en alrededor de 10% desde el comienzo del siglo.

“Pocas personas familiarizadas con los intercambios naturales de calor en la atmósfera estararían preparadas para admitir que las actividads del ser humano pueden tener una influencia sobre un fenómeno de tan amplia escala”, escribió Callendar en su obra seminal “The artificial production of carbon dioxide and its influence on temperature”. Sin embargo, “esta influencia no solo es posible, sino que está ocurriendo actualmente”.

Su artículo revivió la sugerencia de Arrhenius y ahora el fenómeno es conocido como “Efecto Callendar” en círculos científicos y efecto invernadero de una manera más popular.

Arrhenius tuvo cuatro hijos de dos matrimonios diferentes. Callendar fue padre de dos hijas gemelas.

Charles David Keeling (1928 – 2005) y Roger Revelle (1909 – 1991)

Si Arrehunius y Callendar alertaron sobre las bases científicas del impacto del dióxido de carbono en la atmósfera, Keeling y su jefe Revelle (ambos estadounidenses) lograron la prueba irrefutable de que esto era una realidad. 

En 1958, Keeling empezó a medir las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. Este es un gas incoloro e inoloro: es decir, no podemos verlo ni olerlo. Si pudiéramos (si todo el CO2 del mundo fuera azul, por ejemplo), se alzarían grandes nubes azuladas en nuestras ciudades y carreteras y probablemente lo tomarían más en serio. Sin embargo, como es invisible, el trabajo de Keeling ha sido determinante para poder darle seguimiento.

El estadounidense estaba obsesionado con medir el dióxido de carbono y construyó estaciones en Mauna Loa (Hawaii) y otro en Antártida. En ese momento, el nivel global de CO2 era de 315 partes por millón, lo que significa que por cada millón de unidades en la atmósfera, había 315 de dióxido de carbono. Durante los últimos 58 años, sus métricas se ven así:

La Curva de Keeling, que mide la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, con corte a abril del 2014.

La Curva de Keeling, que mide la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, con corte a abril del 2014.

(Créditos: Wikipedia Commons.)

Los picos pequeños muestran la variación anual (en primavera del hemisferio norte, donde está la mayoría de la cobertura vegetal de planeta, las plantas absorben CO2 y lo liberan en otoño) pero la tendencia ha venido en crecimiento estable desde que empezó a medirse. Este es uno de los gráficos más conocidos dentro de la ciencia climática y se conoce como la Curva de Keeling.

Su jefe, Roger Revelle, fue quien puso esta investigación en marcha en el contexto del Año Geofísico Internacional  (1957-1958). A través de esta iniciativa, Keeling logró sostener económicamente los primeros años de su investigación.

Revelle también hizo aportes pioneros en la captura de dióxido de carbono por parte de los océanos. Junto al austríaco Hans Suess publicó un artículo mostrando que los océanos capturarían el carbono menos rápido de lo estimado hasta entonces, lo que implicaría una mayor cantidad de CO2 en la atmósfera y un mayor calentamiento planetario, por el efecto Callendar o efecto invernadero.

Puesto en perspectiva al compararlo con los últimos 400.000 años, el trabajo de Keeling se ve así.

Este gráfico de la Nasa muestra la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera en los últimos 400.000 años. En el extremo derecho, la línea que sube es el nivel que hemos alcanzado en el siglo XXI.

Este gráfico de la Nasa muestra la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera en los últimos 400.000 años. En el extremo derecho, la línea que sube es el nivel que hemos alcanzado en el siglo XXI.

(Créditos: NASA)

Keeling tuvo cinco hijos y Revelle tuvo cuatro.

Paul Crutzen (1933), Mario Molina (1943) y Sherwood Rowland (1927 – 2012)

Aquí nos salimos un poco del dióxido de carbono para pasar a otro tema parecido, pero diferente: estos tres científicos hicieron descubrimientos claves para comprender el proceso de formación y descomposición del ozono. Por esto, ganaron el Premio Nobel de Química en 1995.

En 1970, el holandés Crutzen mostró que el dióxido de nitrógeno (NO2) y el óxido de nitrógeno (NO) interactúan con las moléculas de ozono (O3) en las alturas de la atmósfera y lo descomponen, acelerando así el ritmo de reducción del contenido en la capa de ozono. Su investigación marcó un antecedente en la comprensión del rol que pueden tener los fertilizantes nitrogenados en la destrucción de la capa de ozono, pues estos liberan otro gas llamado óxido nitroso (N2O) que se descompone en sus “primos” NO y NO2.

El mexicano Molina y el estadounidense Rowland descubrieron otro elemento clave: en 1974 mostraron que la familia de gases clorofluorocarbonos (CFC), hasta entonces utilizados extensivamente en latas de aerosol, aires acondicionados y unidades de enfriamiento son negativos para la capa de ozono. 

Los científicos explicaron que estos gases se combinan con la radiación solar y se descomponen en la estratosfera liberando átomos de cloro (Cl) y moléculas de monóxido de cloro (ClO) que individualmente son capaces de descomponer gran número de moléculas de ozono, que otra vez salían perjudicadas.

Aunque en su momento su investigación causó gran revuelo y recibieron bastantes críticas, eventualmente fue recibida y empezó un proceso para regular estas sustancias. En 1987 se firmó un acuerdo internacional, el Protocolo de Montreal, para controlar la producción y el consumo de sustancias que destruyen el ozono. Las investigaciones de estos tres científicos (y muchos otros más) impulsaron la voluntad política de este acuerdo y mostraron que la ciencia puede sentar las bases para tomar decisiones informadas. 

Crutzen tuvo dos hijas, Molina tiene un solo hijo y Rowland tuvo dos hijos.

James Hansen (1941)

James Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, testificó ante el Congreso en 1989.

James Hansen, director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, testificó ante el Congreso en 1989.

(Créditos: NASA)

En 1988, el estadounidense James Hansen testificó ante el Congreso de su país sobre el calentamiento global.

“El calentamiento global ha alcanzado un nivel tal que podemos atribuir con un alto grado de certeza una relación de causa y efecto entre el efecto invernadero y el calentamiento observado”, dijo el experto ante la Comisión de Energía y Recursos Naturales del Senado. Fue una bofetada al mundo norteamericano (cuyo gobierno estaba dominado por las ideas del presidente Ronald Reagan, quien no creía en el cambio climático). El New York Times publicó en su portada: “El calentamiento global comenzó, dice experto al Senado“.

Portada del New York Times del 24 de junio de 1988, tras el testimonio de James Hansen en el Senado estadounidense.

Portada del New York Times del 24 de junio de 1988, tras el testimonio de James Hansen en el Senado estadounidense.

(Créditos: NYT)

Como director del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, su prominencia ayudó a difundir la cuestión del calentamiento global y su defensa de medidas para limitar los impactos del cambio climático. Este fue un punto de inflexión en la discusión del calentamiento global tanto en círculos norteamericanos como a nivel global.

Hansen tuvo además un trabajo pionero liderando la modelación del clima mundial y su trabajo permitió explorar más a fondo las implicaciones del dióxido de carbono y otros gases en la atmósfera terrestre. Cuando el trabajo de los científicos de Goddard y otras instituciones se publicó en 1981, el texto decía que “el calentamiento global proyectado para el próximo siglo es uno de magnitud sin precedentes”.

Ellos pronosticaron que este calentamiento podía provocar el colapso de una parte del manto de hielo de Antártica Occidental y la inundación de zonas bajas como parte de Florida y Nueva Jersey. Con su publicación, se enfrentaron al gobierno republicano de Ronald Reagan que estaba bajándole el tono a la discusión sobre dióxido de carbono y calentamiento global.

Hansen tiene dos hijos.


Este listado es evidentemente incompleto, sesgado hacia hombres por la celebración del día del padre y hacia científicos del mundo occidental, donde se desarrolló de manera más temprana la ciencia climática moderna. Si tiene comentarios que pueden enriquecer esta lista, por favor escríbanos abajo o a [email protected].

Ojo al Clima