El plan es el siguiente: tener un modelo que permita a los próximos Gobiernos replicar acciones en, al menos, dos microcuencas urbanas en plazos de cuatro años con el fin de tener un impacto significativo en seis cuerpos de agua al 2030.

Eso es lo que pretende la Estrategia Nacional para la Recuperación de Cuencas Urbanas 2020-2030, también conocida como Ríos Limpios, lanzada en el marco del aniversario del Plan Nacional de Descarbonización.

La viceministra de Agua y Mares, Haydée Rodríguez, firmó el Pacto por el María Aguilar, el cual agrupa a las municipalidades de La Unión, Curridabat, Montes de Oca, San José y Alajuelita y al sector privado en pro de la recuperación del corredor biológico que yace en esta cuenca..(Foto: Julieth Méndez / Casa Presidencial).

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¿Cuál es la relación entre sanear un río y el cambio climático? Recuperar las cuencas permite disminuir vulnerabilidades: el bosque en las riberas y los cauces permiten regular el agua producto de los aguaceros y, con ello, evitar inundaciones. También, los árboles dan sombra y ayudan a reducir el calor en las ciudades. Los animales contribuyen al mantenimiento del bosque al dispersar semillas, reciclar nutrientes y polinizar plantas.

En otras palabras, recuperar las cuencas es una forma de invertir en soluciones basadas en la naturaleza para favorecer la adaptación al cambio climático, aparte de otros beneficios en gestión de riesgo y salud de las comunidades.

“La descarbonización implica un cambio en nuestra relación con la naturaleza”, comentó la viceministra de Agua y Mares, Haydée Rodríguez, quien agregó: “Necesitamos ciudades más verdes, más sostenibles y más resilientes. No podemos tener ese ideal de ciudad si los ríos que la atraviesan están contaminados”.

Ríos Limpios tendrá un proyecto piloto en las microcuencas de los ríos Torres y María Aguilar. Ambos tributan a la subcuenca del río Virilla y este a la cuenca del río Grande de Tárcoles, lamentablemente, uno de los más contaminados de Centroamérica.

Torres y María Aguilar

La contaminación en estas dos microcuencas es grave. Según estándares internacionales, un río urbano saludable debe contener una concentración de no más de 1.000 coliformes fecales en 100 mililitros (ml). Sin embargo, y según mediciones del Laboratorio Nacional de Aguas, en época seca, una muestra del río Ocloro –que es tributario del río María Aguilar– registró una concentración de 1,6 millones en 100 ml.

“La deficiente gestión en el manejo de las aguas residuales, producto de una alta cobertura en tanques sépticos que no reciben el mantenimiento necesario y sistemas inadecuados para el vertido y tratamiento, reflejan la urgencia de implementar medidas y acciones para aumentar la cobertura de alcantarillado sanitario y el tratamiento de aguas residuales”, se lee en el documento de presentación de Ríos Limpios.

En el primer semestre de 2020 se oficializará la Política Nacional para la recuperación de la cobertura arbórea y resguardo de las Áreas de Protección de ríos, quebradas, arroyos y nacientes.

Por ello, la recuperación de una cuenca necesita mejorar la calidad del agua. En este sentido, una de las acciones de la estrategia se relaciona con el alcantarillado sanitario. Ese es el aporte del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) al ejecutar el proyecto de Mejoramiento Ambiental en el Área Metropolitana de San José, el cual incluye rehabilitación, refuerzo y ampliación de la red de colectores y redes secundarias de alcantarillado sanitario en más de 300 kilómetros.

Este proyecto, cuya finalización está prevista para 2024, consta de 21 paquetes de obras en 11 cantones del país: San José, Desamparados, Goicoechea, Alajuelita, Vásquez de Coronado, Tibás, Moravia, Montes de Oca, Curridabat, La Unión y Escazú.

“También hay que resolver la contaminación por vertidos y aquí entra el canon de vertidos, el cual acabamos de reformar para poder invertir más en control y monitoreo de fuentes”, comentó la viceministra.

Otra de las acciones consiste en reducir la cantidad de residuos presentes en los cauces. Según datos del Ministerio de Salud, unas 1.000 toneladas diarias de residuos terminan en calles, lotes y ríos.

En este sentido, la estrategia pretende localizar y neutralizar botaderos clandestinos. También se colocarán “ecobarreras”, que funcionan como trampas de residuos, y se desarrollarán procesos de extracción en conjunto con las comunidades y organizaciones. Según Rodríguez, la idea también es que los residuos valorizables puedan ser aprovechados.

Recuperación de ecosistemas ribereños, mejora de la calidad del agua y disminución de botaderos clandestinos, son algunas de las  acciones que se impulsarán en el marco de Ríos Limpios. (Foto: Julieth Méndez / Casa Presidencial).

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Áreas de protección

El otro gran reto yace en recuperar los ecosistemas ribereños dentro de las áreas de protección de los ríos. Según la Ley Forestal, que data de 1996, se debe dejar al natural una franja que puede ir desde los 10 hasta los 50 metros en las riberas de ríos, quebradas y arroyos. Esa franja es el área de protección, cuya función es conservar el recurso hídrico y evitar daños por inundaciones o erosión de los suelos.

Según datos de la Contraloría General de la República, en la Gran Área Metropolitana (GAM) hay ríos con hasta un 20% de su área de protección carente de bosque y que, además, presentan invasiones tanto de edificaciones como cultivos.

“Lo que pretenden las áreas de protección es darle un respiro a la cuenca para que se mantenga sana, pero a lo largo de nuestra historia hemos ido invandiéndolas. Entendemos también que hay una realidad social que hay que tomar en cuenta”, explicó Rodríguez.

Para conocer la situación en que se encuentran las áreas de protección, se recurrirá a una herramienta que utiliza la información georreferenciada digital del Instituto Geográfico Nacional (IGN) y el Registro Nacional, la cual es interpretada a través de Sistemas de Información Geográfica (SIG).

El empleo de esta herramienta se da en alianza con el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo (INVU) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a través del Proyecto Paisajes Productivos.

“Una vez sepamos dónde están ocurriendo las invasiones, el paso siguiente es analizar si algunas de estas se pueden revertir y darle seguimiento a otras donde se vea una tendencia hacia la invasión. Aquí la clave es prevenir que no haya nuevas invasiones”, comentó Rodríguez.

También se prevén campañas de reforestación, las cuales están basadas en el conocimiento técnico que ya se tiene a partir del trabajo en los corredores biológicos interurbanos. “Se identificaron puntos calientes y es allí donde estaremos reforestando para generar un ecosistema”, dijo Rodríguez.

De hecho, y según la viceministra, lo que pretende la estrategia es darle una “sombrilla” a todas aquellas iniciativas de la sociedad civil y comunitarias que ya trabajan en el saneamiento de cuencas. “Para, así, tener un impacto mayor”, destacó.

Rodríguez agregó: “La estrategia brinda una gran sombrilla para seguir buscando recursos, coordinando y seguir adelante. La idea es integrarlas y conjuntamente construir la visión al 2040 y al 2050 de una ciudad resiliente al cambio climático”.