Los cambios en las temperaturas afectarán más a los países en vías de desarrollo que a los ricos. Así lo determina un estudio publicado en la revista Science Advances que prevé mayor variabilidad en las temperaturas para países como Brasil, Colombia, Malawi o algunas naciones centroamericanas, que para zonas como Estados Unidos, Canadá o Rusia, que tienen mayor responsabilidad en las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático.

Así, durante el siglo XXI los países de bajos recursos ubicados en las regiones tropicales pagarán la factura de los países ricos (usualmente ubicados en zonas septentrionales), con más oscilaciones en las temperaturas que pueden provocar estragos ante condiciones extremadamente calientes o frías.

Se trata de un “patrón injusto”, según lo califican los autores de las universidades de Wageningen, Montpellier y Exeter. Para Sebastian Bathiany, uno de los responsables de la investigación, el fenómeno enciende alarmas sobre la justicia climática entre las naciones.

“Los países en zonas tropicales están adaptados solo a cambios pequeños en las temperaturas, en comparación con las naciones que están lejos de las zonas tropicales. La variabilidad que se prevé es una amenaza potencial”, señaló a Ojo al Clima.

Justicia climática

El estudio detalla que el suelo en las áreas cercanas al ecuador tenderá a secarse, lo que podría reducir su capacidad de hacer frente a los cambios de las temperaturas. Así, las olas de calor podrían afectar desde la industria (algunos lugares de trabajo no cuentan con aire acondicionado) hasta los rendimientos agrícolas.

Los investigadores también encontraron que por cada grado de aumento en el calentamiento global, la variabilidad en las temperaturas podría crecer en 15% en la Amazonia y en el sur de África, y en un 10% en zonas como el Sahel (ubicado entre el desierto del Sáhara y la sabana sudanesa), la India y el Sureste de Asia.

Los investigadores también asocian el fenómeno con mayor cantidad de sequías: un problema adicional para la disponibilidad de agua y alimentos en las zonas donde –además– se esperan los crecimientos poblacionales más importantes del globo.

Para Bathiany, el fenómeno es más preocupante aún para la zona de la Amazonía.

“Los modelos predicen una mayor variabilidad de temperatura y más sequías, algo que probablemente se verá incrementado con la deforestación en esa región. Eso va a tener consecuencias para la agricultura y probablemente para la economía, aunque se necesitan de expertos de otros campos para evaluar sus detalles”, dijo.

Según el investigador, Costa Rica se encuentra en la zona de países donde los modelos predicen una mayor variabilidad en las temperaturas. Sin embargo, la predicción específica para un país (en especial uno pequeño) es difícil.

Para la investigación, los científicos analizaron 37 diferentes modelos climáticos que se han empleado en el informe Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC).

Los investigadores también compararon las proyecciones con la producción interna bruta de cada país (PIB) y con las emisiones per capita de gases de efecto invernadero. La tendencia es clara: los países con más emisiones y más recursos serán los que menos observarán variabilidad en las temperaturas durante este siglo. De hecho, en algunos de ellos la variabilidad más bien bajará.

Así, los países pobres no solo tienen desventajas económicas para la adaptación, sino también climáticas.

“Estoy convencido de que cada país necesita reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero tanto como sea posible si queremos alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, sin importar lo que haya ocurrido en el pasado”, dice Bathiany, del Departamento de Ciencias Ambientales de la Universidad de Wageningen, en Países Bajos.

“Sin embargo, el problema de la injusticia es importante, por supuesto, cuando discutimos los impactos del cambio climático y los costos de la adaptación, porque van a distribuirse de forma desigual en el globo”, agrega.

El año pasado un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) había estimado que los países de bajos ingresos perderían cerca de un 9% de su producción per capita hacia el 2100, a partir de un análisis conservador que preveía el aumento de solo un grado centígrado en la temperatura de esos países. El FMI supone que eso podría aumentar también la deuda de los países pobres, según indica el capítulo tres del informe “Perspectivas de la economía mundial”.

Para los investigadores será una tarea de los científicos proporcionar mejores estimaciones sobre qué países sufrirán los mayores daños y costos de la adaptación, y una responsabilidad de los políticos encontrar soluciones tan justas como sea posible.