Si una persona utiliza un litro de diésel y un litro de gasolina, pagará más por el impuesto único a los combustibles que tiene la gasolina, a pesar de que el diésel contamina más el aire y tiene una mayor contribución al cambio climático.

Este es uno de los impuestos que Costa Rica podría reformar si quisiera facilitar la adopción de conductas ambientalmente responsables, según explicó la economista alemana Johanna Arlinghaus, experta del Instituto de Investigación Mercator en Berlín.

La economista fue la autora principal del capítulo de impuestos ambientales del análisis fiscal que hizo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) sobre nuestro país.

Arlinghaus participó de un conversatorio organizado por Ojo al Clima y la Embajada de Canadá el pasado 14 de marzo, el cual reunió a diputados, jerarcas del Ejecutivo y académicos del sector ambiental para discutir instrumentos fiscales que aceleren la descarbonización del país.

En el panel también participaron el economista de la Universidad Nacional y ex viceministro de Ingresos, Fernando Rodríguez; la ministra a.i. de Ambiente y Energía, Pamela Castillo y la economista de Estadísticas Ambientales del Banco Central, Mónica Rodríguez.

Según la economista, uno de los impuestos más importantes de renovar es el impuesto único a los combustibles, el cual grava a la gasolina y el diésel (entre otros combustibles fósiles) y representa más del 10% de los ingresos del Gobierno.

Este impuesto nunca fue pensado para reducir la contaminación, según explicó el ex viceministro de Hacienda, sino que simplemente fue creado como una fuente de ingresos para el Gobierno.

Debido a esto, el impuesto contiene algunas cosas que no tienen sentido desde un punto de vista ambiental, según señaló la economista alemana.

Actualmente, según señala el informe, al usar gasolina en Costa Rica se pagan ¢110.000 por cada tonelada de dióxido de carbono que se emite. Sin embargo, al usar diésel, se paga cerca de ¢50.000 por cada tonelada de dióxido de carbono emitido; osea, menos de la mitad.

“El diésel en Costa Rica se grava a tasas más bajas, a pesar de que es, en realidad, más contaminante en términos de carbono y contaminación del aire. Tendría sentido aumentar la tasa impositiva del diésel a, al menos, el nivel de la gasolina y tal vez incluso más alto”, señaló Arlinghaus.

El ex-viceministro de Hacienda, aseguró que, más bien, el sistema actual incentiva usar tecnología más contaminante, por lo que cambiarlo sería importante para reducir emisiones y aportaría un ingreso importante.

Rodríguez también añadió que para suavizar el impacto de ese aumento de impuestos se podría bajar los impuestos al transporte público. Esto incentivaría a dejar el carro de lado y moverse en transporte colectivo.

Otro aspecto por cambiar es que el impuesto a la gasolina financia el mantenimiento de los bosques de Costa Rica.

En este momento, alrededor del 85% de los ingresos que tiene el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo) vienen del impuesto de los combustibles, según aseguró el director de la institución, Jorge Mario Rodríguez.

“Hemos estado buscando algunos caminos a seguir para implementar nuevas fuentes de financiamiento”, dijo Rodríguez a Ojo al Clima.

Entre ellas, según aseguró, estaría expandir la venta de “bonos verdes” en el mercado internacional. Por medio de estos bonos, las instituciones pueden pagar por árboles que “borren” su rastro de carbono de la atmósfera y así llegar a ser carbono neutrales.

Castigar la contaminación

Arlinghaus explicó que en Costa Rica, al igual que en muchos otros países de latinoamérica, los impuestos no son vistos como herramientas para solucionar problemas ambientales. Esto podría ser un error, aseguró.

En primer lugar, son un incentivo para no contaminar. Según el estudio de la OCDE, los países europeos con más impuestos al carbono –como Inglaterra, Noruega e Irlanda– tienen menores emisiones.

Según Arlinghaus, esto sería importante de aplicar si el país quiere llegar a ser carbono neutral. En especial porque, en este momento, no hay diferenciaciones por contaminación en el sistema tributario.

Una opción sería modificar el impuesto anual sobre los vehículos, conocido como marchamos, que actualmente no considera elementos de contaminación.

“(La diferenciación) depende del tamaño del motor y del precio. Una idea que presentamos es que podría valer la pena ver los componentes basados ​​en la contaminación por kilómetro en el marchamo o el impuesto a la compra”, señaló.

Tanto para la Viceministra de Ambiente, Pamela Castillo, como para la diputada Paola Vega, estas recomendaciones serían importantes para lograr el objetivo de la descarbonización.

“(Incorporar impuestos verdes) permite combatir las externalidades negativas como la contaminación y deterioro de recursos naturales sin que el estado incurra en costos. Además, provocan un cambio en las conductas de consumo y producción de manera eficiente”, aseguró Vega.

Tanto la diputada del Partido Acción Ciudadana como la ministra a.i. de Ambiente opinaron que actualizar los impuestos sería posible en Costa Rica.

Por su parte, la diputada la diputada de Liberación Nacional, Paola Valladares, aseguró que “a como nos encontramos, con una economía tan desacelerada, no sería posible en este momento (introducir más impuestos)”.

“Para que las economías verdes funcionen no solo tienen que estar cargadas de impuestos, sino que tienen que haber una serie de incentivos. (…) Debería de haber una serie de incentivos que motiven a las grandes empresas, a usuarios y al transporte a generar ese aporte a la descarbonización”, indicó Valladares.

Dependientes de la gasolina

El recién presentado Plan Nacional de Descarbonización busca que para el 2050 todos los vehículos nuevos en Costa Rica sean eléctricos. Pero esto podría tener efectos inesperados.

Si esto sucediera hoy, sería una pesadilla para el Gobierno, ya que un 22% de sus ingresos están ligados de una forma u otra a los combustibles fósiles, según señala un análisis que hizo Ojo al Clima de los ingresos del Gobierno central.

Para tomarse esta meta en serio, habría que comenzar a pensar en cómo llenar ese hueco fiscal, dijo Arlinghaus.

“Si el objetivo de la carbono neutralidad se va a tomar en serio, hay que comenzar ahora a pensar en cómo vamos a cambiar nuestros sistemas actuales”, aseguró Arlinghaus en entrevista con Ojo al Clima.

En esto coincidió el ex viceministro Rodríguez, quien advirtió que “no habrá descarbonización sin un ajuste al sistema tributario”.

“El sistema tributario costarricense es altamente dependiente del transporte. (…) Eso va a tener que cambiar y vamos a tener que seguir planteando reformas tributarias que nos permitan ir sustituyendo eso”, dijo Rodríguez.