La existencia de parques nacionales y reservas biológicas trajo consigo beneficios calculados en $1.900 millones en el 2018. En promedio, el aporte económico realizado por esta modalidad de conservación representó 3,23% del Producto Interno Bruto (PIB).

Así se desprende de un estudio realizado por el Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (CINPE) de la Universidad Nacional (UNA), el cual analizó las contribuciones de parques nacionales y reservas biológicas durante el 2018.

Para ello, los investigadores utilizaron una metodología de clúster-cadena que permite observar una serie de actividades en el marco de una dinámica de cadena de valor agregado. En este sentido, se evaluó la gestión del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) así como fundaciones y organizaciones, ocio y vivencia espiritual (por ejemplo: caminatas en senderos, observación de biodiversidad, buceo, etc), investigación y educación así como actividades económicas como turismo, transporte, marinas, etc.

El turismo y la generación de energía hidroeléctrica son las dos actividades que más se benefician de las áreas silvestres protegidas.

Por ejemplo, la existencia de parques nacionales y reservas biológicas representó un beneficio de $1.544 millones para el sector turismo.

De los tres millones de extranjeros que ingresaron al país en el 2018, unos 2,23 millones manifestaron que el motivo de su viaje se debía a ocio y recreación. El 52% de estos turistas visitaron áreas silvestres protegidas y tuvieron un gasto promedio de $1.335. En este sentido, se podría decir que el 41% del turismo está asociado a la existencia de parques nacionales y reservas biológicas.

En el caso de la generación de energía mediante plantas hidroeléctricas, las cuales aprovechan el agua generada por las áreas silvestres protegidas, el monto relacionado a beneficios fue de $268 millones.

Entre 2016 y 2018 se dio un crecimiento del 5,32% en la producción eléctrica en el país. Las plantas hidroeléctricas del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) generaron el 68,51% del total de la hidroelectricidad del país gracias al funcionamiento de 16 plantas, 15 de estas aprovechan el recurso hídrico de los parques nacionales y las reservas biológicas.

Las áreas silvestres protegidas también favorecen la generación de empleo directo, beneficio calculado en $12 millones en 2018. En cuanto a la compra de tierras para expandir los parques o reservas existentes o crear nuevos, actividad que beneficia propietarios privados, el aporte se estimó en $1,7 millones.

Por concepto de Pago por Servicios Ambientales (PSA) en fincas aledañas a áreas silvestres protegidas, el beneficio fue de $6,25 millones. Vale recordar que el PSA es un instrumento financiero ejecutado por el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal (Fonafifo) desde 1997, el cual paga a los dueños de fincas para conservar el bosque y así evitar la deforestación.

“En el 2018, el PSA en estas zonas representó el 21,39% del total del presupuesto de Fonafifo y permitió cubrir 25.839 hectáreas bajo el programa”, indicó Mary Luz Moreno, investigadora del CINPE-UNA.

El estudio abarcó un total de 656.645 hectáreas bajo régimen de protección y calculó que cada hectárea generó un aporte de $2.884.

“Por tanto, se deja en evidencia que los parques nacionales y reservas biológicas son una inversión y no un costo”, comentó Olman Segura, director del centro de investigación.

“La existencia de los parques nacionales y reservas biológicas generan gran cantidad de ingresos a muchas actividades socioeconómicas a nivel local, regional y nacional”, agregó Moreno.

De hecho, el aporte económico de los parques nacionales y reservas biológicas creció 8,58% del 2016 al 2018.

Parque Nacional Braulio Carrillo (Foto: Miriet Abrego).

(Créditos: Miriet Abrego)

Afectación por pandemia

Este es el quinto estudio realizado por CINPE-UNA desde 2005. Los datos recopilados en el 2018 servirán de línea base para medir el impacto que tuvo la pandemia este año.

“Debido a que las comunidades y actividades que se benefician de la existencia de parques nacionales y reservas biológicas se han visto afectadas por la pandemia del COVID-19, muchas de estas contribuciones no se percibirán en igual magnitud durante el 2020”, dijo Moreno.

De hecho, los investigadores realizaron tres escenarios con miras a evaluar el impacto de la pandemia. El primero prevé una disminución de las llegadas de turistas internacionales del 58%, el segundo escenario considera una reducción del 70%, mientras que el tercero del 78%.

La variación del 2020 con respecto al aporte económico estimado en el 2018 fue de -56% para el primer escenario, -63% para el segundo y -68% para el tercero.

“Se omitieron posibles cortes presupuestarios que están en trámite en la Asamblea Legislativa y que impactarán rubros como presupuesto del SINAC, el fondo de PSA y la inversión destinada a investigación, así como los ingresos por concepto de entradas a parques nacionales y reservas biológicas.

”En todos los escenarios se percibe una contracción de los aportes económicos de los parques nacionales y reservas biológicas al desarrollo del país, pero esto no implica una pérdida de valor de los recursos ecosistémicos provistos por estas zonas y su importancia a nivel local y nacional”, se lee en el estudio.

No es solo que la pandemia afecta los beneficios percibidos sino que también está impactando las finanzas del SINAC, entidad a cargo de la administración de las áreas silvestres protegidas.

Las fuentes de ingreso con que cuenta la institución son: presupuesto del gobierno central, generación de recursos propios (visitación turística, canon de agua, timbre, etc), cooperación internacional y aportes provenientes de organizaciones.

La baja en turismo, producto de las restricciones sanitarias por la pandemia, prevé un impacto significativo en los recursos disponibles para la operación de la institución.

En el 2018, según CINPE-UNA, se registraron 2,14 millones de visitantes (54% extranjeros) que generaron ingresos por $14,8 millones. Manuel Antonio, Tortuguero, Irazú, Arenal y Cahuita concentraron el 64% de la visitación de no residentes, mientras que Irazú, Manuel Antonio, Marino Ballena, Tenorio y Cahuita concentraron el 68% de la visitación de residentes.

Habrá que esperar el cierre del año para ver cuánto cayeron esos números en el 2020 con respecto al 2018.

Según Rafael Gutiérrez, director del SINAC, el impacto de la pandemia se verá traducido en una menor inversión en estudios, renovación de equipo y proyectos que se tenían previstos para el próximo año. Por el momento, la institución está funcionando para hacerle frente a los gastos operativos.

Para Segura, y dado que tomará entre 2,5 a 4 años retomar los buenos números que tuvo el turismo en el pasado, la estrategia actualmente deberá enfocarse en el turismo nacional, precisamente para evitar empobrecer a las comunidades alrededor de las áreas silvestres protegidas que dependen de esta actividad.

Parque Nacional Braulio Carrillo (Foto: Miriet Abrego).

(Créditos: Miriet Abrego)

Gestión del SINAC

El tema financiero es determinante para la gestión de las áreas de conservación. De hecho, esta semana, la Contraloría General de la República (CGR) dio a conocer un informe sobre grado de implementación de las acciones para gestionar la conservación y uso sostenible de la biodiversidad en áreas silvestres protegidas.

En este se analizaron temas relativos a la dotación de recursos, articulación de las acciones y orientación a resultados, por medio de la aplicación de 13 indicadores correspondientes a  cuatro ejes temáticos, a saber: recursos para la gestión de las áreas silvestres protegidas, ejecución de actividades sustantivas, gobernanza y uso.

En términos generales, las acciones enfocadas en la protección, conservación y el uso sostenible de la biodiversidad presentan un nivel de implementación medio. Eso sí, se halló una mejoría en 82 de 146 áreas silvestres protegidas, esto al comparar los indicadores del 2019 con respecto a los del 2014.

Los 29 parques nacionales son los que presentan un mejor nivel de gestión. También se observó un avance significativo para las 32 zonas protectoras con que cuenta el país.

La categoría de manejo correspondiente a refugios nacionales de vida silvestre no solo es la más abundante con 50 áreas silvestres protegidas sino que es la que más desmejoró en el 2019 con respecto al 2014. La razón detrás, según la CGR, es la disminución en los recursos financieros, lo cual impacto en la ejecución de actividades esenciales como investigación, monitoreo de biodiversidad y visitación.

En cuanto a los humedales, estos son lo menos atendidos. Los 12 humedales en el país, según indicó la CGR, no cuentan con los recursos humanos, financieros, infraestructura, equipo y servicios públicos necesarios para efectuar sus actividades esenciales.