El presidente Carlos Alvarado anunció el pasado 1 de diciembre, durante la celebración de la Abolición del Ejército, su interés por traer la Cumbre de Cambio Climático de Naciones Unidas a Costa Rica en el 2019. Pero, ¿qué es exactamente esta conferencia?

La Conferencia de las Partes -mejor conocida como COP, por sus siglas en inglés- reúne cada año a representantes de 197 países para acordar las acciones mundiales contra el cambio climático.

Esta es la instancia de toma de decisiones más importante a nivel mundial en temas de cambio climático y reúne cada año a más de 10 mil diplomáticos y delegados gubernamentales con la intención de crear acuerdos que reduzcan las emisiones globales.

Además, esta cumbre reúne a los principales científicos, activistas y expertos en temas de cambio climático y sostenibilidad para darle seguimiento a los principales avances en estas áreas.

De ahí que la cumbre convoca, todos los años, a alrededor de 30 mil personas en total, provenientes de casi 200 países.

De albergarla, Costa Rica también ostentaría la presidencia de las negociaciones.

Según el Ministro de Ambiente, Carlos Manuel Rodríguez, esto también sería muy importante para posicionar objetivos alineados con la transparencia y ambición que busca promover el país.

Costa Rica podría jugar un papel clave para que haya un acuerdo que sea ambicioso para el año 2020” aseguró Rodríguez a Ojo al Clima el pasado 1 de diciembre.

Inicios de las negociaciones

Esta reunión mundial nació con la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en 1992. Esa fue la primera vez que todos los gobiernos del mundo se organizaron para abordar el problema del cambio climático.

La Convención es un instrumento amplio y poco específico. Funcionaba, más bien, como una puerta de entrada para negociar un acuerdo con objetivos más específicos y que pudiera cambiar el rumbo creciente de las emisiones mundiales.

La Conferencia de las Naciones Unidas Sobre el Cambio Climático reúne a más de 190 países a definir los objetivos mundiales sobre cambio climático.

(Créditos: AFP)

No obstante, los avances fueron lentos desde entonces. La primera COP se llevó a cabo en Berlín en 1995 y dos años más tarde se tuvo un acuerdo/prototipo, llamado el Protocolo de Kyoto.

Kyoto entró en acción en el 2005, pero nunca logró el apoyo de un actor vital: China, el país que más crecía en emisiones en ese momento y que menos quería frenar su creciente industria. Si China no lo tomaba en serio, el resto del mundo tampoco se comprometería. Era necesario un nuevo acuerdo que incluyera a todo el mundo.

Nuevos aires comenzaron a soplar en el 2007, cuando se diseñó una hoja de ruta para un nuevo tratado. No obstante, este tratado fracasó, las negociaciones se cayeron y en el 2009, en Copenhague, el futuro se veía gris para el planeta.

La era de París

Cuando todo parecía más complicado, Christiana Figueres asumió la secretaría ejecutiva de ONU Cambio Climático y se propuso, en el 2010, la creación de un acuerdo sólido y ambicioso para reducir emisiones.

Figueres -junto con la presidencia estadounidense de Barack Obama, la presidencia francesa de la COP y la presidencia china de Xi Jinping- fueron actores vitales para lograr el histórico Acuerdo de París en el 2015.

Este acuerdo tenía adentro, por primera vez, a China y Estados Unidos juntos, una oportunidad de oro. Tenía, además, otra cosa clave: un objetivo claro. El acuerdo estipula que se debe contener el aumento de la temperatura “bien por debajo” de los 2ºC, cifra clave para las negociaciones.

El Acuerdo de París es el tratado más rápido en ser ratificado en la historia y, desde entonces, las negociaciones se han concentrado en cómo ponerlo en marcha, ya que entra en acción en el 2020.

Esta etapa es clave, ya que el Acuerdo de París dice qué se quiere lograr, pero no cómo. Ahora, los ojos del mundo están puestos en Polonia para la COP24, celebrada este 2018. Ahí, se espera tener listo un “libro de reglas” para el Acuerdo de París.

Negociar las reglas

De lograr albergar las negociaciones, Costa Rica tendría que impulsar la entrada en vigencia del Acuerdo de París. Según Rodríguez, esto le permitiría al país presionar por acciones más drásticas para reducir emisiones en la agenda global.

De acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Energía, Costa Rica ha tenido un rol histórico de impulsar mayor ambición en los objetivos climáticos -para reducir al máximo posible las emisiones- y la transparencia, para saber quiénes están cumpliendo y quiénes no.

En la COP25, todo debería quedar listo para la entrada en acción del Acuerdo de París, por lo que una eventual presidencia “tica” deberá dejar listos todos los mecanismos de financiamiento, adaptación, transparencia y mitigación de emisiones.

Sin embargo, también es una etapa delicada, ya que, para algunos países, verse demasiado forzados a reportar sus emisiones sería una agresión contra su soberanía.

Con Estados Unidos presionando por salir y los países en vías de desarrollo presionando por hacer menores esfuerzos, la presidencia del 2019, ciertamente, deberá saber llegar a acuerdos rápido, ya que tendrá la fecha límite del 2020 encima.