Cada año, 100 millones de toneladas de nuevos textiles salen al mercado y también se desechan 92 toneladas de estos. De hecho, la industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Para detallar aún más el impacto de la industria textil, Sandra Roos —investigadora del programa Mistra Future Fashion de Suecia— analizó 30 sub-procesos productivos a lo largo de cinco años.

Sin embargo, su conclusión fue tan simple como certera: “si quieres ser lo más respetuoso posible con el medio ambiente, solo tienes que recordar una cosa: utilizar la ropa hasta que se gaste. Eso es más importante que todos los demás aspectos, como la forma y el lugar de fabricación de la ropa y los materiales con los que está hecha”.

La ropa, por lo general, tiene una vida útil de 100-200 puestas. Sin embargo, las personas conservan las prendas menos tiempo. En promedio, los consumidores desechan la ropa después de tan solo siete u ocho usos.

En Reino Unido, por ejemplo, las personas apenas utilizan el 44% de las prendas que poseen. Al menos, el 30% de la ropa que yace en su armario no es utilizada en todo el año.

Mientras los closets se abultan, la industria sigue sacando nuevas colecciones al mercado. De hecho, el número de prendas producidas anualmente se ha duplicado desde el año 2000, y superó por primera vez los 100.000 millones en 2014, lo que significa casi 14 prendas por habitante en el planeta.

En todo el mundo, las personas tiran a la basura $460.000 millones anuales al desechar ropa que podrían seguir usando.

“La forma más fácil de reducir el impacto del consumo de ropa es prolongar la vida activa de una prenda y compensar así la nueva producción. De ahí que la prenda más sostenible ya está en nuestros armarios”, se lee en el reporte anual de Mistra Future Fashion.

En respuesta a la moda rápida, algunos diseñadores, marcas y colectivos ciudadanos están abogando por incorporar principios de sostenibilidad en la industria (Foto: Henry & Co. / Unsplash).

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Nuevos emprendimientos

Este enfoque de circularidad aplicado a la moda también es una oportunidad para el surgimiento de nuevos modelos de negocio basados en la reutilización, la reventa, el alquiler y la reparación.

Esta tendencia también tiene su clientela, la cual está creciendo. “En la actualidad, el consumo de segunda mano está motivado principalmente por el deseo de contribuir al bienestar medioambiental, la relación calidad-precio y el sentido de la singularidad”, se lee en el informe Segunda mano y alquiler de ropa para facilitar la reutilización textil de Mistra Future Fashion.

De hecho, el informe identificó cinco modelos de negocio cuyo propósito es prolongar la vida útil de los textiles. En la primera categoría están las empresas que recuperan sus productos para donación o reventa.

En segundo término, se encuentran los emprendimientos que recolectan prendas para luego revenderlas; ejemplo de estos son las tiendas de segunda mano y los locales comúnmente conocidos como “ropa americana”.

El tercer tipo de negocio propicia el uso compartido de las prendas, es decir, se ofrece un servicio de alquiler. En Costa Rica, las tiendas de alquiler de vestidos de novia y trajes de gala tienen larga data, pero también están emergiendo otras empresas enfocadas en la vestimenta cotidiana.

Para los clientes que desean cambiar de ropa con frecuencia, los modelos basados en la suscripción pueden ofrecer una alternativa atractiva a la compra frecuente de ropa nueva. En el caso de las prendas en las que las necesidades prácticas cambian con el tiempo, por ejemplo, la ropa para niños o para ocasiones puntuales, los servicios de alquiler aumentarían la utilización al mantener las prendas en uso frecuente en lugar de en los armarios de la gente”, se lee en el reporte Una nueva economía textil: rediseñado el futuro de la moda de la Fundación Ellen MacArthur.

También están los emprendimientos que prolongan la vida útil al reparar las prendas. Las costureras, los sastres y los zapateros suelen ser los oficios más posicionados en esta categoría. Sin embargo, están surgiendo otros modelos de negocio orientados al rediseño como una forma de revalorar la prenda, conformando la última categoría mencionada por Mistra Future Fashion.

En Costa Rica existen ejemplos de las cinco categorías, incluso existen emprendimientos que combinan varias de ellas y algunos hasta incorporan conceptos de economía compartida.

Las intervenciones realizadas por Lulú.reuse suelen privilegiar la biodiversidad costarricense, ya que su diseñadora tiene un interés particular por el rescate de la flora y la fauna. (Foto: Lulú.reuse).

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Lulú.reuse

Liza Biamonte es diseñadora gráfica. Hace siete años, con el fin de alejarse del fast fashion, decidió emprender con Lulú.reuse (con este nombre se encuentra en Facebook e Instagram).

“Me di cuenta de que hay demasiada ropa que nunca llega a reutilizarse. Se habla que, a nivel mundial, menos del 1% de las prendas serán reutilizadas”, dijo Biamonte y añadió: “se estima, aunque creo que el número está por debajo de lo real, una persona bota dos kilos de ropa por año, y esas prendas terminan en vertederos o quemadas”.

“También está el tema del agua, no la que se desperdicia, sino la que se usa para la producción de una prenda. Para una sola t-shirt de algodón, por ejemplo, se requieren 2.700 litros de agua dulce y para un jeans se habla de 7.500 litros”, continuó.

Para Biamonte, las personas cada vez toman más conciencia del impacto del fast fashion o la moda rápida, la cual apuesta por un modelo que ofrece novedad en forma de producto de bajo costo y calidad. De hecho, la moda rápida se basa en el consumo recurrente y la compra por impulso.

“Gracias a todo este movimiento por el cambio climático y demás, más gente se siente motivada a hacer el cambio y optar por la reutilización”, manifestó la emprendedora.

Lulú.reuse sigue dos líneas de negocio. La primera se enfoca en recuperar prendas en buen estado y reintroducirlas al mercado local. Es más, Biamonte se autodenomina como “cazadora de tesoros”. Suele visitar tiendas de segunda mano en busca de artículos para sus clientas.

“A partir de este año, las chicas me buscan con prendas de su propio closet. Es ropa que la persona ya no usa, yo la selecciono y nos ponemos de acuerdo en la comisión. Trabajo en consignación, es decir, no compro las prendas, sino que se cancela el monto una vez que el producto se venda”, explicó.

La segunda línea se centra en el upcycling o suprarreciclaje, el cual brinda valor a la prenda a partir del rediseño de la misma, ya sea que se mantenga su estructura original con modificaciones específicas o se utilicen sus partes para generar un producto desde cero, ya sea ropa, bolsos u otros.

“Desde hace cuatro años vengo modificando las prendas. Lo que hago es intervenir las piezas, más que todo, agregándole otros textiles, aplicando abalorios u otros en un proceso que se hace a mano, o también pintándolas”, explicó Biamonte.

El upcycling también lo ofrece como un servicio personalizado. La clienta puede acercarse a la diseñadora para modificar una prenda a su gusto. Para ello, y si la intervención requiere cambios estructurales, Biamonte se asesora con costureras.

“Por lo general, las clientes me llegan pidiendo un determinado tipo de bordado en una blusa o jacket. Todo eso me encanta hacerlo, tanto con el upcycling como con la ropa en general, porque resulta que tengo buen ojo para determinar tallas y estilos. Las personas me ven como una aliada para buscar prendas específicas que andan deseando, y a precios accesibles”, dijo Biamonte.

Para atender a su clientela, la emprendedora cuenta con una sala de exhibición o showroom, ubicado en San Jerónimo de Moravia. Debido a la pandemia, solo atiende con cita y bajo estrictos protocolos sanitarios. Biamonte también se apoya en Correos de Costa Rica para gestionar los envíos a todo el país.

Antes de la pandemia también participaba en ferias. Espera, conforme se vaya superando la emergencia causada por la COVID-19, retomar estos espacios.

Ecdisis colaboró con R&M Mercadito, el cual personaliza productos. y decidió utilizar como base los Tote Bags confeccionados por Jossette Brenes reutilizando textiles. (Foto: Ecdisis).

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Ecdisis

Jossette Brenes es la mente detrás de Ecdisis y, desde marzo de 2021, “da segundas oportunidades a las prendas”. Para ello, la emprendedora se apoya en tiendas de “ropa americana” para encontrar los artículos que nutrirán su inventario.

“Me gusta darle prioridad a prendas que estén bien, pero tengan algún fallo, porque sé que esas nadie las va a comprar. En cambio, yo las puedo intervenir e incluso curar”, dijo.

Ella vende prendas de segunda mano, ya sean intactas o modificadas gracias al upcycling. De hecho, recientemente —y en colaboración con R&M Mercadito— Brenes reutilizó textiles provenientes de distintos artículos para confeccionar Tote Bags.

“Más adelante quiero incursionar en el upcycling de vestimenta”, manifestó la dueña de Ecdisis (en Instagram aparece como Ecdisis Costa Rica).

Su último proyecto consistió en circular el closet de una persona, y lo recaudado por la venta de las piezas se donó a una causa de bien social. Este es un servicio que Brenes espera seguir ofreciendo y, por ello, está ideando un programa de consignación.

Actualmente, el negocio se maneja en la virtualidad, apoyándose en Correos de Costa Rica para los envíos y también se hacen entregas personales.

“Mucha gente llega a comprar ropa de segunda mano por un tema de economía, pero uno aprovecha para hablarles del impacto ambiental que tiene su compra. Más allá de estar comprando algo para uno, se está haciendo una inversión en distintas áreas y muchas personas se sorprenden al escuchar la parte ambiental”, destacó Brenes.

La tienda de La Ropavejera se volvió un punto de encuentro para aquellas personas que buscan ejercer un consumo más solidario y sostenible. Incluso, allí se imparten capacitaciones sobre diferentes temas. (Foto: La Ropavejera).

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La Ropavejera

Detrás de La Ropavejera está Diana Gutiérrez. La emprendedora llegó al negocio de la ropa de segunda mano como una forma de generar ingresos para su familia, ya que es madre soltera y cuidadora de una persona adulta mayor.

Gutiérrez tiene el negocio desde hace tres años. Inició con la venta de sus propias prendas y, pronto, las personas empezaron a acercarse.

“A partir de ahí empezamos a adquirir artículos por consignación para darles una segunda vida y generar, al mismo tiempo, una fuente de ingreso para la persona que me los está dando”, comentó.

Antes de la pandemia participaba en ferias para darse a conocer. Ahora trabaja más a través de redes sociales y en espacios virtuales que favorezcan los emprendimientos de mujeres. Sin preverlo, alrededor de La Ropavejera se fue conformando una comunidad.

Esta comunidad asciende ya a las 100 personas y es una mezcla de proveedores que a la vez son clientes. “Somos una comunidad con conciencia social y ambiental. También estamos empoderando gente”, destacó Gutiérrez y añadió: “Y sí hemos logrado cambiar la forma de compra de muchísimas personas”.

“Gente que al principio llegaba con una gran maleta de ropa de moda rápida y lo que querían era deshacerse de eso, se quedan viendo en la tienda y encuentran maravillas, entonces a los meses regresan y ya vienen con otra mentalidad. Esa persona lleva el mensaje de boca en boca, y así se va formando un movimiento de gente que va cambiando sus hábitos de consumo”, continuó.

Según Gutiérrez, la ropa de segunda mano aún enfrenta obstáculos culturales y estereotipos. Por ello, La Ropavejera implementa un programa de suscripciones que viene a educar en este sentido. De esta manera, una persona puede comprar ahora e intercambiar esa misma compra después. “Esto en el entendido que estás comprando cosas de segunda oportunidad y lo que sea que estás devolviendo también es de segunda oportunidad”, señaló la emprendedora.

Actualmente, Gutiérrez cuenta con un showroom ubicado en San Pedro de Montes de Oca. Debido a la COVID-19, solo está atendiendo con cita y siguiendo los protocolos del Ministerio de Salud.

Allí, no solo muestra lo que tiene en inventario, sino que también el espacio se ha convertido en un punto de encuentro para la comunidad. Gutiérrez ha abierto las puertas a otros emprendedores para que ofrezcan sus productos e impartir capacitaciones en temas como jabonería natural y artesanal o bisutería con encapsulado en resina.

“Nos apoyamos. Se trata de pensar en consumos diferentes y en aportes desde un espacio más solidario y sostenible”, manifestó la dueña de La Ropavejera (se halla como laropavejera44 en Facebook e Instagram).

Si bien La Ropavejera no inicia por eso, la conciencia ambiental fue impregnando cada vez más el proyecto.

“Nos volvimos apasionadas del tema y empezamos a capacitarnos para ver el impacto de esos textiles. Tratamos de hacer algo bien completo, tratamos de aportar información valiosa al respecto”, dijo Gutiérrez.