Un estudio elaborado por ONU Medio Ambiente y Instituto Internacional de Investigación sobre Ganado (ILRI) identificó siete grandes factores que aumentan el riesgo de pandemias, a saber: la intensificación agrícola, los cambios en las cadenas de suministro de alimentos, la  explotación de la vida salvaje, los cambios en los usos del suelo acompañados por la destrucción de hábitats naturales y la incursión en estos espacios, las industrias extractivas no sostenibles, el aumento de los viajes y el transporte, así como la aceleración del cambio climático.

“Si abordamos estas causas, que en su mayoría tienen que ver con la protección del medioambiente, también mejoraremos el bienestar de las personas”, dijo Doreen Robinson, responsable de Vida Salvaje de ONU Medio Ambiente y coautora del estudio, durante su intervención en la sesión “Una Salud” que formó parte de la agenda de la conferencia digital Global Landscapes Forum (GLF) Bonn 2020.

GLF Bonn 2020, que se realizó del 3 a 5 de junio, sirvió de plataforma para ofrecer un adelanto del estudio que será publicado en el mes de julio. Esta es la conferencia sobre gestión integrada del suelo y los paisajes más grande del mundo; es organizada por CIFOR-ICRAF en coordinación con ONU Medio Ambiente y Banco Mundial. Esta edición contó con el apoyo financiero del gobierno de Alemania.

En las diversas ponencias que hicieron parte de GLF Bonn 2020 se hizo hincapié en la necesidad de “repensar de forma profunda los sistemas de producción de alimentos a nivel mundial”.

Al respecto, Delia Grace -investigadora en Salud Animal y Humana de ILRI y coautora del estudio- manifestó: “los actuales sistemas de producción de alimentos generan comida, sí, pero no están manejando bien las externalidades negativas, incluyendo las zoonosis, enfermedades no transmisibles como diabetes y obesidad, así como cuestiones ambientales y de bienestar animal”.

La cifras mundiales reflejan que solo los animales domésticos constituyen 60% de la biomasa de fauna en el planeta, mientras que las personas suponen un 36% y los animales salvajes solo un 4%.

“Los animales domésticos juegan un papel importante como reservorios y amplificadores de patógenos. Los sistemas de producción intensiva pueden facilitar la expansión de enfermedades infecciosas, sobre todo cuando los animales están estabulados a altas densidades y tienen poca diversidad genética, lo que los hace más vulnerables”, señaló Grace.

Durante la sesión dedicada a la salud también se hizo énfasis en la importancia de sumar a los ecólogos para así dar cuenta del papel que desempeñan los animales salvajes.

 “Necesitamos comprender los procesos ecológicos que subyacen las enfermedades. Por ejemplo, necesitamos entender la ecología de las especies que actúan de reservorios y de vectores, y realizar muchos más estudios en entornos intactos para comprender los vínculos entre la alteración de hábitats naturales y las emergencias de zoonosis”, declaró Johannes Refisch, responsable del programa Great Apes Survival Partnership.

Por su parte, Iain Wright -subdirector general de investigación y desarrollo de IRLI- abogó por incluir a las ciencias sociales en el enfoque de ‘una salud’ y a mejorar los sistemas de vigilancia. “Tenemos que coordinar los sistemas de vigilancia de la salud humana, de animales domésticos y de especies salvajes, que ahora están desconectados, y también debemos coordinar las respuestas”, dijo.