En Santiago de Chile, el transporte público tiene un nuevo sonido: el silencio.

Un primer grupo de 100 autobuses eléctricos tomaron las calles de la capital chilena el pasado 18 de diciembre, en la inauguración de la primera flotilla de autobuses eléctricos de América Latina. Al no usar diésel, estos vehículos son más eficientes, limpios y callados.

“Son cómodos, amplios y ayudan bastante en el sentido de que no están tirando el humo que tiran las otras micros (autobuses). Prácticamente no se escuchan”, dice Scarlet Silva, una estudiante de 23 años tras bajarse de uno de estos buses, en entrevista con AFP.

Cada autobús tiene capacidad para 81 pasajeros –30 sentados y 51 de pie–, conexión wifi y cargadores USB y una autonomía de 250 kilómetros por cada carga, lo que le permite cumplir un servicio completo en jornada laboral de hasta cuatro recorridos al día.

Otras 100 unidades se integraron en febrero, llevando la flota santiagueña hasta 200 buses eléctricos. El Gobierno proyecta llegar a cerca de mil en los próximos tres años, un 18% de los 6.500 autobuses a diésel de la capital chilena. Para 2050, las autoridades esperan completar el 100% de la renovación en todo Chile.

“Chile es ahora la economía emergente con más buses después de China”, explicó la economista Mónica Araya, directora de la organización Costa Rica Limpia.

Más de 300,000 buses eléctricos están ahora activos en el mundo, según un reporte de mayo de 2018 Bloomberg Energy Finance, y el 99% de ellos están en China. Ahí hay docenas de ciudades Shenzhen, una urbe de 12 millones de habitantes donde todos sus 16,000 buses son cero emisiones. Sin embargo, las ciudades latinas están empezando a moverse.

Así como Santiago, ciudades de media docena de países latinoamericanas están dando sus primeros pasos en autobuses eléctricos. Quito, Cali, Buenos Aires, Ciudad de México y Panamá están en diferentes niveles de electrificación de los buses. En Costa Rica, por su parte, este proceso todavía no arranca.

Aunque los buses eléctricos ayudarían a reducir emisiones de CO2, también podrían traer beneficios económicos y de salud.

Si la flotilla actual de buses y taxis de 22 ciudades latinoamericanas fuera reemplazada con vehículos eléctricos ahora mismo, la región ahorraría $64.000 millones en los próximos diez años y ahorraría la muerte prematura por contaminación de 36,500 personas, según un estudio de ONU Ambiente y la Federación Automovilística Internacional.

En Chile

El modelo chileno se enmarca en el sistema de transporte capitalino, conocido hasta marzo de 2019 como Transantiago y ahora como la Red Metropolitana de Movilidad.

Para lograrlo, se aliaron a una empresa eléctrica que quería vender energía (Enel) con un operador que quería reducir sus costos (MetBus) y una productora de vehículos que quería vender más unidades (BYD)

La empresa de electricidad aportó el capital, BYD ofreció un descuento y Enel montó un esquema de leasing con la empresa operadora de la ruta. Estas empresas ahora quieren replicar este modelo.

El pago que hace MetBus a Enel incluye el pago con la electricidad (los buses se cargan en una terminal especializada), el uso del bus y un contrato de mantenimiento negociado con BYD.

“La lección de Chile es que encontraron el modelo de negocio (de buses eléctricos) que le servía a los operadores (de las rutas)”, dice Araya.

Pero también otro aprendizaje que puede sacarse del modelo chileno es el valor de hacer pruebas. Desde 2017, BYD empezó a hacer pruebas y recorrió más de 100,000 kilómetros en un plan piloto, lo que permitió a MetBus tener buenos datos para tomar decisiones.

“Ellos no llegaron ahí por arte de magia. Hicieron pilotos hace unos años y empezaron a hacer análisis a partir de especificaciones técnicas”, dijo Esteban Bermúdez, coordinador del programa Movilidad Eléctrica en América Latina (MOVE), de ONU Ambiente.

El resto de la región

La ciudad colombiana de Cali ordenó 125 buses para la primera flotilla de buses eléctricos del país. Los primeros 26 van a empezar a trabajar este mayo.

“Estamos contentos porque arrancamos con nuestros primeros buses eléctricos. Cali necesita completar una flota de 1.400 buses lo más rápido posible y estos nuevos buses van encaminados a ese objetivo”, dijo en la ceremonia de inauguración el alcalde de Cali, Maurice Armitage.

El trabajo previo de las autoridades caleñas facilitaron la compra de esta primera flotilla. Por dos años entre 2016 y 2018, el sistema de transporte público de la ciudad probó un bus eléctrico de prueba, lo que permitió conseguir datos sobre autonomía y ahorros.

Este piloto demostró que los autobuses empleados –un tipo más pequeño, con una capacidad para 50 pasajeros– tienen una autonomía de 240 kilómetros y costos de operación y mantenimiento reducidos entre 50 y 70%, según dijo a la revista Semana Diego Mejía Castro, integrante de Creatti Labs, la firma que promovió el desarrollo de ese bus prototipo.

Por su parte, Medellín adjudicó una compra de 64 buses eléctricos a la firma china BYD, la misma que proveyó los primeros 100 buses chilenos. La compra es completamente financiada por el gobierno local.

Según la contribución climática que el Gobierno chileno hizo a la Convención Climática, el 75% de los buses de siete ciudades serán cero emisiones para el año 2040. Colombia tiene la ventaja, como Costa Rica, de contar con una electricidad en su mayoría renovable.

El pasado 12 de marzo, la primera flotilla de buses eléctricos de Ecuador se estrenó en Guayaquil, la ciudad más populosa del país. 20 unidades de la marca BYD empezarán a funcionar desde ese mismo día, luego de que los conductores fueran capacitados.

Por su parte, en Buenos Aires, el sistema de la capital argentina integrará ocho buses eléctricos a diferentes rutas a partir de mayo, como parte de un piloto para probar esta tecnología. Los buses fueron adquiridos por los propios operadores, quienes recibieron una exención de impuestos.

“Si podemos electrificar la flota de buses de la capital, podremos tener una reducción de hasta 25% en las emisiones”, dijo Gastón Turturro, profesor de ingeniería de la Universidad de Buenos Aires, al sitio de ONU Ambiente.