Elementos como el asfalto de las calles y los grandes edificios que no dejan pasar la brisa hacen que las personas perciban que el ambiente citadino está cada vez más caliente en comparación con otras zonas donde predomina las áreas verdes. Esto podría empeorar en un contexto de cambio climático.

De hecho, la temperatura superficial de la tierra (LST) provocada por la infraestructura gris en la Gran Área Metropolitana (GAM) es 43,1 °C, en promedio.

El dato se desprende del análisis realizado por investigadores del Laboratorio de Modelado Ecosistémico del Centro Agronómico Tropical para la Investigación y Enseñanza (Catie), quienes —usando un conjunto de imágenes del sensor Landsat 8— elaboraron índices normalizados de vegetación y construcción (NDVI y NDBI, respectivamente), además obtuvieron una capa de temperatura superficial de la tierra a raíz de seis años de observaciones del sensor Landsat 8. Este análisis muestra la relación entre la temperatura superficial de la tierra y ambos índices.

El análisis forma parte del Atlas Verde de la GAM, una herramienta desarrollada por el Catie en coordinación con la Cooperación Alemana para el Desarrollo – GIZ, Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y el apoyo técnico del Instituto de Estudios Ambientales Helmholtz.

En los mapas que conforman este atlas se muestran las temperaturas superficiales de los cantones del GAM entre el 2013-2019. Se puede observar que el cantón central de San José es el que tiene la mayor temperatura promedio (44,9 °C), le siguen Flores (44,8 °C), Belén (44,7 °C), Heredia (44,4 °C) y Tibás (44 °C). Todos por encima del promedio de la GAM.

Igualando al promedio se ubica San Pablo (43,1 °C) y, por debajo de este, se encuentran Alajuela (42,1 °C), Curridabat (41,9 °C), Atenas (41,4 °C) y Santo Domingo (41 °C). Todos por encima de 40 °C.

Islas de calor

Debido al aumento en la cantidad de las áreas urbanizadas y el cambio en el balance de calor en estas zonas con gran población, se crea el fenómeno denominado “islas de calor”. Esto se denota cuando se compara las temperaturas del aire y la tierra de estos centros urbanos con las zonas rurales circundantes y se encuentra que las primeras son más calientes que las otras.

Las “islas de calor” se generan cuando se disminuye la cobertura vegetal de la zona y es sustituida por superficies como las carreteras de asfalto, construcción de edificios con ladrillos, cemento, entre otros. Esas acciones terminan por provocar cambios en el balance hídrico y radiativo superficial que al final causan el cambio en la temperatura de las zonas urbanas.

Si la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) sigue tan alta como ahora, muchas ciudades en el mundo podrían calentarse hasta 4°C al año 2100, según se destaca en el informe Beating the Heat: A Sustainable Cooling Handbook for Cities, que fue elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), RMI, Cool Coalition, Global Covenant of Mayors for Climate & Energy (GCoM), Mission Innovation y Clean Cooling Collaborative.

“Incluso con un calentamiento de 1,5 ºC, 2.300 millones de personas podrían ser vulnerables a graves olas de calor”, se lee en el reporte que se presentó en el marco de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático o COP26.

Este fenómeno de las “islas de calor” no es nuevo, y según se detalla en el atlas, se viene estudiando desde 1980. En Brasil y China, por ejemplo, se ha demostrado que -durante las olas de calor que se experimentan en el verano- se produce un aumento de las “islas de calor” en estos países. Además, se ha encontrado que la extensión territorial de estas áreas está muy ligada con factores económicos como son la pobreza, alta concentración demográfica y zonas industriales.

El informe de PNUMA incluso hace referencia a que es un tema de justicia climática: “los impactos del calor urbano no se distribuyen uniformemente. Unas ciudades, unos hogares y unas calles más frescas son fundamentales para garantizar la justicia climática. Los distritos y comunidades con menores ingresos suelen ser los más vulnerables al calor, lo que hace que los impactos negativos del exceso de calentamiento recaigan de forma desproporcionada en quienes tienen menos posibilidades de permitirse o acceder al confort térmico. Tenemos que pasar a formas más equitativas y sostenibles de enfriar nuestras ciudades y hacerlas habitables para todos”.

En esta búsqueda de soluciones, la mirada se centra en la naturaleza. “La importancia de la vegetación y espacios verdes urbanos ante las islas de calor urbanas (ICU) es que generan un microclima que regula la temperatura del aire a nivel local por medio de la evapotranspiración, sombra, absorción de partículas contaminantes y producción de oxígeno”, se lee en la introducción sobre calentamiento urbano que aparece en el Atlas Verde.

Cuando se mira el índice normalizado de vegetación o NDVI de la GAM, este evidencia un promedio 0,57. Esa baja cobertura vegetal explicaría, en parte, las temperaturas por encima de  30 °C de la mayoría de los cantones de la GAM.

De hecho, y según se muestra en el mapa que relaciona LST y NDVI, entre mayor sea el NDVI, menores son los valores de LST. En otras palabras, los árboles ayudan a bajar la temperatura en los núcleos urbanos.

El colectivo Ellas Naturaleza reúne a mujeres emprendedoras de La Unión, quienes -durante el 2021- ejecutaron acciones para mejorar la trama verde del Corredor Biológico Interurbano María Aguilar (CBIMA) y, de esta forma, sumar a su efectividad como ecosistema. (Foto: Nina Cordero /Ellas Naturaleza /HeyBabyCR)

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Trama verde en CBIMA

Como parte de MOCUPP urbano, una herramienta de monitoreo del cambio de uso y cobertura del suelo, se desarrolló un plan piloto para analizar la trama verde del Corredor Biológico Interurbano María Aguilar (CBIMA), el cual se encuentra en los cantones de La Unión, Curridabat, Montes de Oca, San José y Alajuelita.

Entre los resultados destaca que, de las 3876,63 hectáreas (ha) del CBIMA, unas 565,08 ha corresponden a bosques y áreas naturales que se ubican en las partes altas y bajas del corredor, y en áreas de protección de ríos y quebradas.

En cuanto a áreas verdes urbanas, estas tienen un valor de 542,67 ha. Además, el 74,51% de estas áreas son jardines ubicados en terrenos privados. En cuanto a vías con vegetación, se registraron 18,29 ha, las cuales predominan en Curridabat y San José.

El cantón de La Unión es el que posee mayor trama verde con 353,76 ha, por el otro lado, Montes de Oca termina siendo aquel con la menor área con únicamente 110,26 ha.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en conjunto con las cinco municipalidades del CBIMA, ha trabajado para incrementar la trama verde en esta zona, también recibe ayuda de Brigadas Familiares de Reforestación Urbana. Estas acciones las desarrolla bajo el proyecto Paisajes Productivos y, entre 2019 y 2021, ha logrado reforestar 200 ha.

Las brigadas familiares surgen en el 2020 debido a la pandemia. Para ese año, se contaron con 80 familias participantes que intervinieron 37 sitios tales como parques, aceras y áreas de protección de ríos, para un total de 64 ha. También, como resultado de esta iniciativa, se capacitó en reforestación urbana a un total de 148 personas (114 mujeres y 34 hombres).

Asimismo, se han creado viveros en cada uno de los cantones pertenecientes del CBIMA y uno comunal en la comunidad de Monserrat en La Unión. En estos se busca producir árboles de especies nativas para que puedan adaptarse mejor al ambiente de la ciudad y así poder reverdecer los territorios.

Otra de las iniciativas fue implementada por Ellas Naturaleza. Este colectivo reúne a mujeres emprendedoras del cantón de La Unión, quienes -durante el 2021- ejecutaron una serie de acciones para mejorar la trama verde del CBIMA y, de esta forma, sumar a su efectividad como ecosistema.

Aparte de jornadas de monitoreo biológico en la Zona Protectora del Tiribí, donde reportaron la biodiversidad mediante la aplicación iNaturalist, las mujeres y sus familias también reforestaron con miras a rehabilitar espacios verdes. Asimismo, realizaron capacitaciones.

Para ello, el colectivo contó con recursos provenientes del Fondo Ciudad Verde (FCV), administrado por Fundecooperación con el aporte de la Cooperación Alemana para el Desarrollo – GIZ. Todas las acciones se coordinaron con la Municipalidad de La Unión.

Según el colectivo Ellas Naturaleza, al mejorar la trama verde del Corredor Biológico Interurbano María Aguilar (CBIMA) se está invirtiendo en la conectividad entre la Zona Protectora del Tiribí y la Zona Protectora La Carpintera. (Foto: Nina Cordero /Ellas Naturaleza /HeyBabyCR).

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 Iniciativas en el mundo

  • Estados Unidos: Se calcula que los servicios de reducción del calor de la cubierta de árboles urbanos en Estados Unidos tienen un valor de entre $5.300 y $12.100 millones anuales. A nivel mundial, una inversión de $100 millones anuales en árboles colocados en las calles permitiría a 77 millones de personas reducir en 1°C las temperaturas máximas en los días calurosos.
  • Seúl (Corea del Sur): Una iniciativa para restaurar el arroyo Cheonggyecheon, que atraviesa la ciudad, sustituyó 5,8 kilómetros de autopista elevada que cubría el arroyo por un corredor costero de uso mixto. El corredor ribereño redujo la temperatura de 3,3 °C en comparación con 5,9 °C de una carretera paralela situada a pocos metros.
  • Medellín (Colombia): Se crearon corredores verdes que siguen y restauran la geografía de la zona antes del desarrollo reciente. De 2016 a 2019, la ciudad creó 36 corredores, 18 a lo largo de las principales carreteras y 18 a lo largo de los cursos de agua que abarcan más de 36 hectáreas. Las áreas con corredores verdes ya han visto reducciones de temperatura de hasta 4°C.
  • París (Francia): París alberga el primer y mayor sistema de refrigeración urbana de Europa. Cuando la temperatura del agua del río Sena, que atraviesa la ciudad, es inferior a 8°C, esta agua se utiliza para proporcionar “refrigeración gratuita”.
  • Toronto (Canadá): El gobierno municipal puso en marcha el mayor sistema de refrigeración de origen lacustre del mundo. Puesto en marcha en 2004, el sistema de refrigeración por agua del lago profundo (DLWC) de 264 MW de Enwave utiliza el agua fría del lago Ontario como fuente de energía renovable.
  • Guangzhou (China): El gobierno local adoptó la refrigeración centralizada regional como parte de un centro urbano moderno, verde y respetuoso con el medio ambiente, en la zona central del desarrollo de la Nueva Ciudad del Río Perla. La temperatura ambiental local en la zona del núcleo de la Nueva Ciudad de Zhujiang se redujo entre 2 y 3 °C en comparación con el uso de sistemas de refrigeración distribuidos.

Fuente: Pnuma et al. Informe Beating the Heat (2021)