Un día antes de comenzar las negociaciones mundiales sobre cambio climático (COP25), el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, lanzó un mensaje a los líderes mundiales: tienen que ponerse de acuerdo.

“Espero fuertemente que la COP25 sea capaz de ponerse de acuerdo en los lineamientos de la implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París”, dijo Guterres en un pronunciamiento el pasado 1 de diciembre.

Pero, desde el año pasado (COP24), los países no logran un consenso en cómo implementar el sexto artículo del Acuerdo de París, algo que podría atrasar toda su implementación.

El Artículo 6 trata sobre algo llamado “mercados de carbono”, que permiten el intercambio de emisiones entre países. Este es el último tema por aclarar en el “libro de reglas” del acuerdo y es el ojo del huracán de esta COP25. 

“Este artículo, a diferencia de casi cualquier otra cosa (en las negociaciones climáticas de la ONU), tiene el potencial de hacer daño activo real” aseguró a Climate Home, el negociador de mercados de Costa Rica, Felipe de León.

La falta de un acuerdo atrasaría la implementación del Acuerdo de París, el cual entra en vigencia a partir del próximo año (2020). Pero, sobre todo, una mala ejecución de los mercados de carbono podría causar que los países incumplan sus compromisos.

“Hay una gran presión para llegar a un acuerdo. Pero la posición de Costa Rica es que la presión es tan grande que el acuerdo puede ser inconveniente y negativo. Costa Rica prefiere no tener acuerdo que un mal acuerdo”, dijo el ministro de ambiente de Costa Rica, Carlos Manuel Rodríguez.

Las negociaciones ya han comenzado a tener un avance pequeño, con los primeros ajustes al texto publicados este 4 de diciembre. Antes de comenzar faltaban 672 partes por resolver. Ahora quedan 517.

Las negociaciones de cambio climático de la ONU arrancaron este 2 de diciembre en Madrid, España, y concluirán el 12 de este mismo mes. Los países tendrán 2 semanas para ponerse de acuerdo.

Pero, ¿qué son los mercados de carbono?

Los mercados de carbono permiten a los países y empresas comprar reducciones de emisiones. Si un país no logra reducir suficientes emisiones, podría comprar las reducciones de otros países y descontarlas de su reporte a la ONU.

De hecho, muchos países dependen de este mecanismo para lograr sus objetivos. Dos tercios de los países (alrededor de 100) incluyen este mecanismo en sus planes para reducir emisiones, según Naciones Unidas

Este mecanismo es bastante popular porque, frecuentemente, sería más barato comprar la reducción que crear un proyecto de energías renovables en casa, por ejemplo. No obstante, también ha recibido críticas.

“Los mercados de carbono no reducen las emisiones ni constituyen una acción climática adecuada. Más bien generan graves impactos para los pueblos indígenas y las comunidades locales”, dijo Bhatnagar de Amigos de la Tierra.

Un anterior mecanismo de créditos de carbono llamado el “Mecanismo de Desarrollo Limpio” hizo justo eso. Por ejemplo, la represa Santa Rita, en Guatemala, se construyó bajo este mecanismo en territorio Maya pero sin consentimiento de los indígenas. Esto resultó en el asesinato de seis personas Mayas.

“Si bien los gobiernos están bajo presión para encontrar un acuerdo, no puede hacerse a expensas del medio ambiente y los derechos humanos”, señaló la organización Carbon Market Watch

Pero, además, países como Costa Rica también contemplan este mecanismo para vender las reducciones y usar ese dinero para financiar proyectos verdes. 

El programa Pago por Servicios Ambientales (que financia proyectos de reforestación), por ejemplo, podría crecer con un buen acuerdo, según dijo su director Jorge Mario Rodríguez. Esta podría ser una fuente de ingreso adicional.

Para lograrlo, sin embargo, necesita fijar el precio de una tonelada de carbono en un monto alto. Ese precio no solo ayudaría al intercambio de emisiones, sino también serviría de base para que los gobiernos fijen impuestos a las emisiones.

“El Artículo 6 ayuda a crear el mercado pero también tenemos que concentrar nuestros esfuerzos para que el valor de la tonelada de CO2 sea mayor al costo de actividades que no queremos (en los bosques) como la ganadería”, señaló el ministro de ambiente Rodríguez.

Él añadió que, actualmente, a Costa Rica le cuesta alrededor de $17 capturar una tonelada de carbono, a través del mantenimiento de los bosques. No obstante, el mercado actual (no formalizado en el Acuerdo de París) paga entre $3 y $5. 

Y, ¿cómo funcionan estos mercados?

El Artículo 6 plantea tres maneras de financiar proyectos verdes: dos basadas en intercambios y una más parecida a cooperación internacional. En los mercados, los países venderían “créditos de carbono” (osea, reducciones) a otros países.

En el primer mecanismo, los países que logren superar sus objetivos de emisiones podrían vender esa diferencia a países que se quedaron cortos en cumplir los suyos. 

Es decir, quienes reducen más emisiones podrían vender ese exceso. Este mercado, básicamente, buscaría darle un incentivo económico a quienes hacen más de lo que prometieron hacer.

Con los créditos de carbono, Costa Rica podría financiar más reforestación de sus bosques.

(Créditos: Drainhook/Flickr)

El segundo mecanismo funciona más como un financiamiento de “proyectos verdes”. Países y empresas podrían financiar estos proyectos a cambio de sus reducciones de emisiones. Esto sería supervisado por un órgano de la ONU.

La lógica de este mercado es que los vendedores (usualmente países en desarrollo con bajas emisiones) obtienen proyectos como hidroeléctricas o bosques y los compradores (países ricos con altas emisiones) reducen su contaminación.

Pero, ¿a quien se le descuentan las emisiones: al país donde está el proyecto o al país comprador? Para que ambos mercados funcionen, el país vendedor tendría que descontarse esas emisiones. 

“Las reglas tienen que evitar la doble contabilización de emisiones. Si no, los mercados podrían debilitar seriamente este acuerdo cuidadosamente construido”, señaló Michael Lazarus, científico del Instituto Ambiental de Estocolmo.

El tercer mecanismo ha sido más relegado pero funciona como un financiamiento de proyectos verdes sin ningún intercambio de emisiones. Esto aclararía las reglas del juego para la cooperación internacional climática.

El primer problema: contar doble

Pero hay varias disputas en torno a la implementación de los mercados. Brasil, por ejemplo, se opone férreamente a que los países vendedores tengan que descontar esas reducciones de sus propios reportes. O sea, quieren contar doble.

Desde la COP24, en diciembre del año pasado, negociadores de Brasil aseguran que ese descuento —conocido como “ajuste correspondiente”— no sería necesario y desincentiva la participación. 

Algunos negociadores incluso señalaron al medio Carbon Brief que el reclamo fue insólito porque “era Brasil versus el resto del mundo y, aún así, no retrocedieron”.

La senadora estadounidense, Nancy Pelosi, dio un discurso inaugural ante la delegación de Estados Unidos en la COP25.

(Créditos: AFP)

Pero, de no implementarse el ajuste, el conteo de emisiones se realizaría dos veces: en el país comprador y en el país vendedor. Esto sería perjudicial, según aseguró Gilles Dufresne de la organización Carbon Market Watch.

“Esto es engañar a la atmósfera. Los países no pueden reportar reducciones de emisiones que han sido vendidas a otros países”, dijo el economista.

El segundo problema: inundar el mercado

Otro problema sería llenar el mercado de créditos de carbono baratos pero sin valor real de reducciones nuevas. La propuesta de tres países —Brasil (de nuevo), India y China— podría causar justo eso.

Ellos quieren que los créditos de carbono acumulados en el anterior mecanismo (el fallido “Mecanismo de Desarrollo Limpio”) cuenten en el Acuerdo de París.

Los tres países, justamente, son los poseedores de la mayoría de los créditos del anterior mecanismo. De acuerdo con Dufresne, hasta 4.000 millones de créditos de carbono podrían inundar el mercado si no se aplican límites.

El problema con esto, según explicó el economista durante un evento de la COP25, es que la mayoría de las reducciones son viejas. Si los países compran estos créditos baratos, no estarían reduciendo emisiones realmente. Estas ya habrían sido contadas.

“Es claro que los créditos generados hace diez años no deberían estar siendo utilizados para reducir emisiones. La conversación es políticamente difícil una vez que ya se generaron. Hay que prevenir que esto pase en el futuro”, dijo Dufresne.

Una manera de prevenir esto sería que, al inicio de cada década, solamente nuevos proyectos puedan canjear créditos de carbono. No obstante, esta propuesta aún sigue en discusión y con pocos avances.

Ahora, según el ministro Rodríguez, los países deberán ponerse de acuerdo durante esta COP para evitar mandar un “mensaje tremendamente negativo” al sector privado y la comunidad internacional.

“Si nosotros los negociadores y los interesados en estos temas no nos ponemos de acuerdo, el mensaje va a ser tremendamente negativo y eso se va a traducir en más petróleo, gas y deforestación”, dijo Rodríguez.