Una recuperación económica verde, tras vivir la pandemia causada por COVID-19, es esencial para cerrar la brecha de emisiones, según el informe Emissions Gap Report 2020 elaborado por ONU Medio Ambiente y dado a conocer este miércoles.

De hecho, y según sus autores, con las políticas adecuadas, los países podrían recortar el 25% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) proyectadas para el 2030 y conducir al mundo hacia la meta de 2°C establecida por el Acuerdo de París.

A pesar de la disminución de las emisiones ocurridas este año, calculadas en hasta un 7% debido a COVID-19, el mundo todavía se dirige hacia un incremento en la temperatura media de 3,2°C al 2100.

En el 2019, de hecho, las emisiones totales alcanzaron las 59,1 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (GtCO2e). Desde 2010, las emisiones vienen aumentado un promedio de 1,4% anual, pero en el 2019 se incrementaron más rápidamente alcanzando 2,6%, mayormente debido a los incendios forestales.

En el 2020, la reducción de 7% se debió a la disminución de viajes aéreos y terrestres, una menor actividad industrial y una menor generación de electricidad, todo ello a causa de la pandemia. Sin embargo, esta disminución apenas significa una reducción real de 0,01°C del calentamiento global para 2050.

“El año 2020 está en camino de ser uno de los más cálidos de los que se tiene constancia, mientras que los incendios forestales, las tormentas y las sequías siguen causando estragos. Sin embargo, este informe muestra que la recuperación verde puede reducir enormemente las emisiones de GEI y ayudar a frenar el cambio climático. Insto a los gobiernos a que respalden una recuperación ecológica en la próxima etapa de las intervenciones fiscales de COVID-19 y a que aumenten considerablemente sus ambiciones climáticas en el 2021”, declaró Inger Andersen, directora ejecutiva de ONU Medio Ambiente.

Recuperación verde

Según el informe, una recuperación verde situaría las emisiones en 44 GtCO2e para el 2030, en lugar de las 59 GtCO2e previstas para ese año, superando así las reducciones de emisiones previstas en las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC), que son las metas climáticas que voluntariamente asumieron los países en el marco del Acuerdo de París.

Entre las medidas desglosadas en el reporte, ONU Medio Ambiente pide priorizar en el apoyo directo a las tecnologías e infraestructura de cero emisiones, la reducción de los subsidios a los combustibles fósiles, evitar abrir nuevas plantas de carbón y la promoción de soluciones basadas en la naturaleza, incluida la restauración del paisaje a gran escala y la reforestación.

Ahora bien, una recuperación verde pondría las emisiones dentro de un rango que brinda una probabilidad del 66% de mantener las temperaturas por debajo de los 2°C, pero seguiría siendo insuficiente para alcanzar el objetivo de los 1,5°C.

Costa Rica es uno de los países que están apostando por una recuperación verde tras la pandemia y así lo dio a conocer en el evento Race to Zero Dialogues, el cual formó parte del proceso preparatorio al quinto aniversario del Acuerdo de París, el cual se celebrará el próximo 12 de diciembre.

“Las estrategias de descarbonización y resiliencia son la columna vertebral de nuestro modelo de desarrollo y continuaremos este camino durante la fase de recuperación que ya hemos iniciado”, manifestó el mandatario costarricense, Carlos Alvarado Quesada, en su intervención en el evento realizado en noviembre.

“Para seguir este camino, los paquetes de estímulo económico y los planes de recuperación deben apuntar hacia una recuperación verde e inclusiva, con un enfoque de derechos humanos y centrándose en la salud de las personas y el medio ambiente”, continuó.

El reporte también destacó el creciente número de países, entre ellos Costa Rica, que están comprometiéndose con metas de cero emisiones para el 2050. A la fecha se tiene cuenta de 126 países que han adoptado, anunciado o están considerando objetivos de reducción a cero, los cuales abarcan el 51% de las emisiones mundiales.

Por ejemplo, recientemente, Reino Unido anunció su compromiso a cero neto para el 2050, trascendiendo su NDC anterior del 53% de reducción. Para ello, se elaboró un plan con 10 puntos, entre ellos se plantea establecer políticas de inversión más ambiciosas que tengan el potencial de generar 40.000 millones de libras de inversión privada para 2030, esto con el fin de desarrollar tecnologías innovadoras para la reducción de emisiones en los sectores de energía, transporte e infraestructura. También se tiene el objetivo de crear hasta 250.000 puestos de trabajo para 2030.

Asimismo, en setiembre, la nueva presidenta de la Comisión Europea -Ursula von der Leyen- propuso un nuevo objetivo climático para la Unión Europea (UE): pasar de reducir el 40% de las emisiones a por lo menos 55% para el 2030.

“El objetivo es ambicioso y alcanzable, y pondría a la UE firmemente en el camino de la neutralidad climática para 2050 y del cumplimiento de nuestras obligaciones en virtud del Acuerdo de París”, declaró von der Leyen.

Por su parte, China -a través de su presidente Xi Jinping – anunció que se propondrá alcanzar el pico de emisiones antes de 2030, y así se encaminará hacia la neutralidad para el 2060. 

“Sin embargo, para seguir siendo factibles y creíbles, esos compromisos deben traducirse urgentemente en políticas y medidas firmes a corto plazo y reflejarse en los países menos adelantados. Los niveles de ambición del Acuerdo de París deben aún triplicarse aproximadamente para la vía de los 2°C y aumentarse al menos cinco veces para la vía de los 1,5°C”, se lee en el informe de ONU Medio Ambiente.

Más ambición en metas

Tras cinco años de haberse aprobado y cuatro de estar vigente, el Acuerdo de París empezará a implementarse el próximo año. Las NDC son el corazón del tratado internacional, ya que especifican las metas que cada país -de forma soberana y voluntaria- estableció para alcanzar los objetivos de 2°C y 1,5°C.

Vincular la recuperación económica post COVID-19 a un mayor nivel de ambición en las NDC -se calcula que los esfuerzos deben cuadriplicarse– podría no solo reactivar la economía sino también transformar el modelo de desarrollo de los países por uno bajo en emisiones, más sostenible y justo.

Por ejemplo, en el caso de Costa Rica, descarbonizar su economía brindaría beneficios al país calculados en $41.000 millones. Viendo estos beneficios, y si bien ya se había presentado una primera versión de las NDC en el 2015, este país centroamericano decidió actualizar sus metas climáticas para hacerlas más ambiciosas e inclusivas.

La NDC presentada en el 2015 estaba alineada con la meta de 2 °C, mientras que la actual es coherente a la meta de 1,5 °C. En este sentido, se plantea un máximo absoluto de emisiones netas de 9,11 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2e) al 2030. El compromiso es tener un presupuesto de emisiones netas de 111,34 millones de toneladas de CO2e para el período comprendido entre 2021 y 2030.

Según destacó Patricia Campos, directora de la Dirección del Cambio Climático (DCC), en el conservatorio titulado “El país que queremos” realizado en el marco de la Semana por un Futuro Sostenible en agosto pasado, para que la recuperación verde sea una realidad es importante invertir en naturaleza para así garantizar la integridad de los medios de vida de las poblaciones más vulnerables.

Campos también señaló la importancia de canalizar fondos para el sector agropecuario, esto con el objetivo de promover la implementación de la agricultura de precisión y otras tecnologías que fomenten la productividad, sean bajas en emisiones, ayuden a la resiliencia y garanticen la seguridad alimentaria.

Aunado a esto, la creación de empleo por medio de la inclusión de tecnologías verdes puede ayudar a una recuperación económica que sea descarbonizada y resiliente.

Para Campos, si bien la recuperación económica verde es la mejor opción para el desarrollo del país, esto no quiere decir que no existan desafíos. En primer lugar, el desafío está en alcanzar a las poblaciones más vulnerables -como comunidades indígenas, afrodescendientes, mujeres y jóvenes- debido a limitaciones geográficas y otras relacionadas a desplazamiento.

En segunda instancia, según Campos, la población necesita soluciones a muy corto plazo para suplir necesidades del momento y algunas estrategias de recuperación verde son a mediano y largo plazo. Por ello, se deben aplicar medidas simultáneas que permitan resolver en el corto plazo pero además estén alineadas a objetivos de mediano y largo plazo.

Por último, la brecha digital y acceso a las tecnologías es aún una realidad en el país, lo cual excluye a grupos de población.