El plan del gobierno de introducir un 8% de etanol a la gasolina Súper fue oficialmente suspendido este 9 de abril, luego de amplios cuestionamientos por parte de algunos diputados.

El gobierno aplazó la mezcla para el 2020 y continúa apostando por los biocombustibles a largo plazo. Pero, ¿cuál es realmente su potencial para bajar emisiones?

De acuerdo con el presidente del Colegio de Químicos, Sergio Musmanni, bajo ciertas condiciones los biocombustibles -como el etanol- tienen un potencial importante para bajar emisiones.

“Hay que reconocer que nuestra flotilla más grande es de combustión interna y nos va a acompañar, al menos, por los siguientes 10 o 12 años. Tenemos que buscar una alternativa que nos permita reducir las emisiones de esa flotilla”, aseguró el doctor en química.

De acuerdo con Musmanni, el etanol en sí tendría casi cero emisiones. Esto porque el cultivo de donde viene (frecuentemente maíz o caña de azúcar) captura carbono con la fotosíntesis, lo cual compensa sus emisiones cuando se quema. Mezclar ese etanol en la gasolina, por lo tanto, bajaría sus emisiones en teoría.

La opción más limpia sería producir el etanol en Costa Rica con caña de azúcar, según explicó Alonso Acuña, coordinador del Programa de Bioenergía del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

Sin embargo, la oferta de la Liga Agrícola Industrial de la Caña de Azúcar (Laica) ni siquiera fue de etanol nacional, sino de etanol importado, según confirmó su director ejecutivo Edgar Herrera. Esto fue debido a la falta de planificación de Recope, según asegura.

Según Herrera, para el momento en que Recope lanzó la licitación, ya ni siquiera había etanol disponible en el mercado nacional, ya que, para ese momento ya se había exportado todo el producto a Europa.

Otros países de latinoamérica como Brasil y México ya han comenzado a implementar mezclas de etanol en la gasolina. En Brasil, por ejemplo, esta medida resultó en una reducción de 61% de emisiones con respecto a las de la gasolina, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

La implementación de biocombustibles figura en los planes a largo plazo del gobierno como en el Plan Nacional de Descarbonización y la nueva ley de la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope).

Combustión menos sucia

Hay ciertas condiciones bajo las cuales el etanol podría reducir las emisiones del transporte.

“Hay que partir de un principio básico: el etanol proviene de biomasa. La biomasa no es una energía fósil. Es una energía proveniente del sol”, aseguró Alonso Acuña, coordinador del Programa de Bioenergía del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

De acuerdo con Musmanni, el carbono capturado por la caña de azúcar compensa el carbono que se emite cuando se quema el etanol.

“(El cultivo) captura CO2 para producir tanto la caña propiamente como el azúcar, la cual se fermenta para producir el etanol. (…) Eso es lo que se conoce como un ciclo biogénico. Al final, el balance de emisiones es prácticamente cero”, explicó el químico.

El etanol del bagazo de caña tendría el potencial de disminuir hasta un 61% las emisiones con respecto a la gasolina, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos.

(Créditos: EPA)

Pero, esto sólo se refiere a la quema del combustible en sí. Cuando se toma en cuenta todo el proceso de producción, las cosas se vuelven más complejas.

En primer lugar, según ambos expertos, el etanol debería venir de la caña de azúcar. Esto porque la cantidad de energía que se puede sacar de este cultivo es mucho mayor a la que se puede sacar del maíz.

“La caña de azúcar le entrega ocho veces más energía de la que usted le invierte. En el caso del maíz el balance es de entre una o dos veces nada más”, aseguró Acuña.

Otro beneficio de la caña es que el etanol viene del bagazo, el cual es un residuo de la producción de azúcar. Es decir, se podría usar la misma tierra para ambos propósitos y, así, controlar la deforestación y la seguridad alimentaria.

“Son aspectos que hay que cuidar y hay maneras de hacerlo como con fotos satelitales y direccionamiento de políticas”, aseguró Musmanni.

Según el coordinador de Bioenergías del MAG, la producción de caña en Costa Rica es “mucho mayor” a la necesaria para abastecer la mezcla de Recope. Sin embargo, aún no hay estudios formales sobre el tema.

Lo mismo afirmó Edgar Herrera, director ejecutivo de Laica. “El país es excedentario (en la exportación de etanol). Uno podría transformar todos esos excedentes y en lugar de exportarlos convertirlos en alcohol”, aseguró.

Falta de planificación

Pero usar la caña de Costa Rica no sería tan fácil, en especial porque Recope ha hecho poco por intentar usarla.

La mayoría de oferentes de etanol en la lista de Recope eran internacionales, a pesar de que, según los expertos consultados, lo ideal a nivel ambiental sería la caña nacional.

El único oferente nacional, Laica, ni siquiera ofertó con etanol de Costa Rica. Recope lanzó la licitación en un período cuando ya se había exportado todo el etanol del país, a pesar de que aseguró que priorizaría a los cañeros de Costa Rica.

“Uno no puede estar a la espera de ellos. Imagínese qué habría pasado si no se hubiera exportado el alcohol nacional (y se hubiera reservado para Recope). Habría quedado ahí todo el producto”, explicó Herrera.

Según el director ejecutivo de Laica, ahora, ellos considerarían hacer una oferta con producción nacional si Recope monta una política clara y en los tiempos adecuados.

Pero hay otros problemas. Según explicó Acuña, la caña de Costa Rica es más cara que el precio internacional, ya que cuenta con una certificación de buenas prácticas ambientales llamada ISCC.

Esto dificultaría la compra del etanol nacional, ya que la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) solo le permitiría a Recope comprar al precio más bajo.

“Podríamos dejarnos el etanol que producimos en Costa Rica con todos los calificativos que tiene sólo si la Aresep permite pagar el sobreprecio que paga Europa a los productores nacionales”, explicó Acuña.

Otro enigma sería qué tan alto es ese sobreprecio, ya que, según el ingeniero agrónomo, esa cifra se ha mantenido en secreto entre los productores y no se ha compartido hasta el momento.

Al final, según explicó el coordinador de bioenergías, si se resuelve por importar el etanol, su potencial para reducir emisiones dependerá del origen.

“Si el etanol viene del maíz. La reducción en emisiones es mínima. Es más, yo diría que es negativa. (…) Si el etanol que se compra es proveniente de caña de azúcar puede ser traído de cualquier parte del mundo a que seguiría compensando emisiones”, aseguró.

Perpetuar lo obsoleto

Para algunos expertos, invertir recursos en biocombustibles sería darle más vida los combustibles fósiles que van de salida, ya que aún se necesita gasolina para hacer la mezcla con etanol.

A esto se le conoce como “lock-in”, lo cual básicamente significa frenar las inversiones en tecnologías renovables o cero emisiones por continuar invirtiendo en tecnologías fósiles.

Según un estudio publicado en la revista Environmental Research Letters, a nivel global, los “lock-in” son más fuertes con los vehículos de gasolina, plantas de carbón y plantas de gas natural.

A nivel global, los biocombustibles ponen sobre la mesa un problema de espacio, ya que, a diferencia de la caña, otras fuentes como el maíz y la palma no sacan el etanol de sus residuos, sino que producen comida o producen energía.

“La tierra es un recurso finito. Conforme la población de la Tierra aumenta, la tierra destinada para comida se volverá cada vez más valiosa” aseguró en un artículo de opinión el presidente del Instituto Mundial de Recursos, Andrew Steer.