El 2018 podría dejar más hectáreas afectadas por incendios forestales que el año pasado, según observa el Programa Nacional de Manejo de Fuego del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac-Minae), que hasta este fin de semana ya contabilizaba 103 incendios forestales en el país, 43 de ellos en Áreas Silvestres Protegidas.

El año pasado, el Sinac y Bomberos de Costa Rica estimaron la afectación de más de 25 mil hectáreas y para el 2016 reportaron haber atendido casi 56 mil hectáreas. Estos incidentes impactaron la biodiversidad, los suelos, la salud de las personas y el propio recurso hídrico de las zonas afectadas.

Esos fenómenos podrían atizarse en el futuro si las precipitaciones y la temperatura aumentan, como sugieren las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) para la buena parte de la región Centroamericana, especialmente en zonas como Guanacaste, donde históricamente han ocurrido más de la mitad de los incendios forestales del país.

“Lamentablemente el país va hacia el escenario de sequías más recurrentes, con el agravante de que los incendios forestales pueden afectar cada vez más”, aseveró Luis Diego Román, Coordinador del Programa Nacional del Manejo del Fuego del Sinac.

Un cóctel perfecto

Hay cuatro grandes factores que pueden explicar la ocurrencia de incendios en Costa Rica: la temperatura, los cambios en los patrones de lluvias, la existencia de plantas exóticas, y la participación humana por medio de la deforestación o la creación de fuegos no controlados.

Todos esos elementos pueden ser importantes para generar incendios forestales, pero para el investigador de la Universidad Nacional (UNA), Wilson Picado, el factor humano es uno de los más relevantes.

“Hay que romper con la idea de que el incendio ocurre de forma accidental. En este país la mayoría, sino la totalidad, de incendios forestales ocurren por la acción humana, a diferencia de otros países. (Suceden) por diferentes causas que pueden asociarse por la quema agropecuaria sin control o la caza comercial, principalmente”, explicó Picado.

En Guanacaste, según el investigador, se prepara el cóctel perfecto en la mezcla de esos cuatro ingredientes. Las estadísticas le dan la razón: más de la mitad de las hectáreas afectadas en las dos últimas décadas en el país se ubican en la provincia Guanacasteca, fundamentalmente en zonas como Santa Cruz, Nicoya, Carrillo o Liberia.

Fotografía cortesía de Luciano Capelli.

(Créditos: Cortesía de Luciano Capelli. )

La participación humana es, en la mayoría de los casos, el interruptor de fenómenos que podrían ser cada vez más difíciles de controlar, si aumentan las condiciones de sequía y las temperaturas, como se espera en Guanacaste.

Además, un estudio de Picado y otros investigadores de la UNA encontró correlación entre la ocurrencia del fenómeno de El Niño y la afectación por incendios forestales.

El Sinac también coincide con esa apreciación. De hecho, según esa institución, un 45,7% de las hectáreas afectadas en los últimos 20 años ocurrieron durante siete fenómenos de El Niño, un evento que permite que la biomasa se reseque y que haya temperaturas más elevadas, óptimas para los incendios.

“Hay que poner atención a los años anteriores a El Niño, porque, si son lluviosos, permiten que la biomasa se regenere muy rápido y que haya un combustible muy acumulado óptimo para los incendios” agregó Picado. “La variabilidad climática que uno puede asociar al cambio climático puede propiciar la recurrencia de incendios y la escala de su afectación”, explicó.

Según Hugo Hidalgo, Director del Centro de Investigaciones Geofísicas (Cigefi) de la Universidad de Costa Rica, no existe evidencia sólida de que el cambio climático se manifieste como un aumento del Fenómeno del Niño, pero sí hay mayor consenso en que el norte de América Central se pondrá más seco y el sur más húmedo. En ese contexto, Costa Rica tendría moderadas reducciones de precipitación en el futuro.

En el futuro, agrega sin embargo, siempre habrá fenómenos de El Niño y -aunque no esté demostrado un aumento producto del cambio climático- su efecto se podría agregar a los suelos más secos producto de los efectos de calentamiento global sobre la tierra.

“(Los) aumentos en las temperaturas, sin un correspondiente efecto que compense en la lluvia, son suficientes para producir mayores valores de evaporación potencial (demanda de agua de la atmósfera), suelos más secos, mayor aridez y menor escorrentía. Esta situación (aumentos en la temperatura) ya se ha demostrado que está ligada a aumentos en la ocurrencia de incendios forestales de gran magnitud”, comentó.

Después del fuego

Fotografía cortesía de Luciano Capelli.

(Créditos: Fotografía cortesía de Luciano Capelli)

El paso de un incendio forestal no siempre destruye y quema por completo a los pastos y bosques, pero sí puede generar otro tipo de afectaciones importantes.

“Obviamente es un contribuyente más de emisiones (de gases de efecto invernadero), que además tiene un efecto en la biodiversidad, la erosión de los suelos, la salud de las personas o el propio recurso hídrico. Hemos tenido problemas en Buenos Aires con captaciones de agua que se han contaminado por ceniza y que deben tratarse”, explica Luis Diego Román, del Sinac.

Un estudio del investigador Mauricio Vega Araya, del Instituto de Investigación y Servicios Forestales UNA,  publicado en octubre de 2015, estimó que las emisiones de dióxido de carbono generadas entre 2010 y 2014 por los incendios forestales superaban las 307.500 toneladas (comparativamente, poco más de una sexta parte de las emisiones que genera el país anualmente en el sector transportes costarricense).

Para Rattan Lal, director del Centro de Manejo y Secuestro de Carbono de la Universidad de Ohio y experto en suelos, las prácticas como los incendios en usos agrícolas tienen graves impactos en los suelos.

“Quemar la biomasa debería ser prevenido. La biomasa en los trópicos como Costa Rica se quemará por descomposición, oxidación, mineralización, que son procesos de combustión; pero la quema rápida, a menos que sea una quemadura controlada o prescrita, no es una opción muy buena” dijo Lal a Ojo al Clima la semana pasada.

“Tenemos que tener políticas muy fuertes sobre el quemado de cosechas; debería prohibirse. La quema puede usarse en algunos casos para lograr rápidos ingresos, pero no la quema indiscriminada. Por su alta contaminación, debería prohibirse”, agregó.

Las dinámicas agrícolas y ganaderas son responsables de parte del fenómeno. El pasto de jaragua, por ejemplo, continúa siendo importante en algunas fincas. De origen  africano y traído al país a finales del siglo XIX, los ganaderos suelen quemarlo para que los rebrotes puedan ser consumidos por el ganado.

“La gente también tala ilegalmente el bosque, y muchas veces se determina que hay una tala ilegal para un cambio en el uso del suelo, para ganadería o agricultura”, detalló Román.

En parte, esas prácticas pueden explicar por qué casi el 68% de los incendios ocurrieron en charrales, pastos, tacotales o pastos arbolados en las dos últimas décadas, o por qué  por cada hectárea quemada en zonas protegidas se queman siete en áreas privadas.

Apagar las llamas

Fotografía cortesía de Luciano Capelli.

(Créditos: Fotografía cortesía de Luciano Capelli)

Atacar ese tipo de prácticas –recuerdan los expertos del Sinac- es vital para disminuir los incendios forestales. Las principales causas de incendios están relacionadas con quemas agrícolas y de basura, vandalismo y venganza o cambios en los usos de suelo.

Hay otras prácticas útiles al respecto. A veces, algunos problemas pueden solucionarse chapeando, en lugar de iniciar fuegos. Exigir a las municipalidades (especialmente a las guanacastecas) que cumplan su deber de recoger la basura es importante, porque algunas personas siguen quemando sus desechos.

Si se va a iniciar una quema, se deben construir cortafuegos de más de 1,2 metros alrededor de la quema y es necesario pedir ayuda a dos o más personas mayores de edad para evitar que el fuego salga de control, por medio de agua, machetes, palas y otras herramientas. Es importante empezar por los límites del lote para evitar que los animales queden atrapados, evitar las situaciones ventosas y las horas de mayores temperaturas (entre las 4:00 pm y las 7:00 am son los horarios más adecuados).

El Minae, el Sinac y la Comisión Nacional sobre Incendios Forestales mantienen también una campaña de comunicación (llamada “Un verano sin incendios forestales) que involucra charlas, volanteos y actividades culturales en Guanacaste. Además, han colaborado con brigadas locales y bomberos forestales voluntarios que ayudan a combatir estos fenómenos.

Marzo y abril son usualmente los meses de más incendios forestales. Si usted quiere colaborar como voluntario informando a las comunidades y compartiendo estrategias para disminuir este tipo de desastres, puede contactar a las entidades encargadas.