“Esta troika de presidencias de la COP debe garantizar la colaboración y la continuidad necesarias para mantener a la vista la estrella polar de 1,5 °C desde Bakú hasta Belém y más allá”.

Las palabras son del sultán emiratí Ahmed Al Jaber, quien fuera presidente de la 28va Conferencia de Naciones Unidas sobre el Clima (COP28), tras anunciar la alianza entre Emiratos Árabes Unidos, Azerbaiyán y Brasil, los últimos dos países serán las sedes de COP29 y COP30.

Troika es la unión de tres naciones y la idea de esta alianza de presidencias de la COP deviene del acuerdo final alcanzado en COP28, firmado en diciembre de 2023, en el cual se insta a las tres presidencias a trabajar en una “hoja de ruta” para contener el calentamiento global en 1,5 °C con respectos a los niveles preindustriales.  

Esta alianza “mejorará significativamente la cooperación internacional y el entorno internacional propicio para estimular la ambición en la próxima ronda de contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés), con miras a mejorar la acción y la implementación durante esta década crítica y mantener 1,5°C dentro de nuestro alcance”. 

Simon Stiell, Secretario Ejecutivo de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), consideró que “esta es una oportunidad para cimentar lo acordado en la COP28, garantizar que sea posible en la COP29 y las acciones posteriores tomadas en la COP30: pasar la financiación de goteos a torrentes y entregar NDC alineadas con 1,5 °C”.

De Dubái a Belém

La COP28, realizada en la ciudad de Dubái, concluyó con el primer Balance Mundial o Global Stocktake (GST). En este se exhortó a los países a hacer una “transición hacia sistemas energéticos que prescindan de los combustibles fósiles, esto de manera justa, ordenada y equitativa, acelerando la acción en esta década crítica, con el fin de alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050, de acuerdo con la ciencia”.

El GST también solicita a los países que promuevan acciones como triplicar las energías renovables y duplicar la eficiencia energética para 2030, así como eliminar gradualmente, y lo antes posible, los subsidios ineficientes a los combustibles fósiles que no abordan la pobreza energética ni las transiciones justas.

La razón detrás de estas medidas, es que -para limitar el calentamiento global a 1,5 °C- se requieren “reducciones profundas, rápidas y sostenidas de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero del 43% para 2030 y del 60% para 2035 en relación con el nivel de 2019, y llegar a cero emisiones netas de dióxido de carbono para 2050”. Por ello, los países se comprometieron a “acelerar la acción en este decenio crítico” desde su ámbito nacional.  

De hecho, los países deberán actualizar y mejorar sus nuevos compromisos climáticos, sintetizados en las NDC, con miras a presentarlos en 2025, justo el año en que se realizará la COP30.

Precisamente, el mandato de la COP30 es garantizar que esos compromisos propicien una acción climática lo suficientemente ambiciosa para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.

En este sentido, se espera que la troika “movilice el impulso político y canalice los recursos hacia las NDC que contribuirán a garantizar la ambición de todos los países, al tiempo que ayudará a los países en desarrollo a acelerar una transición justa”.

“Tenemos que aprovechar al máximo la oportunidad que nos brinda esta troika de presidencias de la COP para garantizar que, en estos próximos dos años, seamos capaces de hacer lo que la ciencia nos dice que tenemos que hacer, en la última ventana de oportunidad para alcanzar la ambición de 1,5°C”, declaró la ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, Marina Silva.

Primero hay que pasar por Bakú

Una conversación que quedó pendiente en Dubái es la de los medios de implementación para hacer realidad estos compromisos climáticos, específicamente en lo que se refiere a financiamiento.

Para cumplir con el límite de 1,5 °C, será esencial establecer un nuevo objetivo en materia de financiación que refleje la magnitud y la urgencia del desafío climático”, declaró el ministro de Ecología y Recursos Naturales de Azerbaiyán y presidente de la COP29, Mukhtar Babayev.

Por ello, se espera que la COP29 –que tendrá por sede la ciudad de Bakú- se acuerde un Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado (NCQG) sobre financiamiento climático, el cual responda a las necesidades y prioridades de los países en desarrollo.

No todos los países cuentan con la capacidad para financiar esta transición y es por ello que, en el 2010, las naciones desarrolladas se comprometieron a fondear con $100.000 millones anuales a los países en desarrollo. Esto en virtud de la justicia climática: los países responsables históricos del calentamiento deben ayudar financiera y tecnológicamente a las naciones que han contribuido menos, pero acarrean con los mayores impactos.

Los $100.000 millones debían llegar en 2020, pero esa promesa no se cumplió. Ahora deberá establecerse una nueva meta de recaudación. Según un estudio del Instituto Grantham de Investigación sobre Cambio Climático y Medio Ambiente del Reino Unido, de aquí al 2030 se requiere movilizar $1 billón anuales de financiación externa para ayudar a los mercados emergentes y a los países en desarrollo (distintos de China). 

Recientes

Busqueda

Seleccione un autor
Suscríbase a nuestro boletín!
Únase a nuestro boletín informativo para obtener las noticias y actualizaciones más recientes de Ojo al Clima.