• Tras eventos registrados en 2026, investigadores confirmaron que la cobertura vegetal redujo el impacto del mar en la línea de costa, aunque zonas como Manzanillo y Puerto Viejo sufrieron daños en su infraestructura.

A pesar de que los eventos de oleaje extremo registrados en el Caribe este año provocaron un retiro significativo de arena en varias playas y afectaciones a la infraestructura cercana al mar, la erosión no afectó a toda la costa por igual. 

En Manzanillo, playa Negra de Puerto Viejo y Gandoca, la erosión transformó la línea de la costa, retrocedió la playa y se cayeron palmeras. Se reportaron daños a la infraestructura y equipamiento turístico en Manzanillo y playa Negra; la erosión incluso llegó a dañar parte de la carretera de Puerto Viejo y las paradas de autobuses. En Gandoca, el mar golpeó directamente la vegetación en el sector de la laguna, provocando el retroceso del manglar y, debido a la pérdida de arena, las tortugas marinas dejaron de anidar en esta playa.

Pero playa Bonita (que en el temporal y los fuertes oleajes ocurridos en 2020 había sufrido un gran impacto) y Cieneguita (en la zona del aeropuerto) registraron muy poca afectación en este 2026. Lo que comparten estas playas es que poseen abundante y variada vegetación.

“Afortunadamente, y como consecuencia de la Ley Marítimo Terrestre, en el Caribe tenemos una cobertura forestal que establece la ley en los primeros 150 metros de playa. Aunque hay ocupación humana, siempre se ha convivido con esa vegetación y este es un modelo muy lindo que también atrae turismo”, comentó Gustavo Barrantes, investigador de la Escuela de Ciencias Geográficas de la Universidad Nacional (UNA).

Barrantes realizó una inspección del 9 al 11 de febrero de 2026 ante los eventos de oleaje extremo reportados en días anteriores. Para ello contó con la colaboración de Mirna Cortés Obando, técnica de la Unidad de Monitoreo Ecológico Marino Costero del Área de Conservación La Amistad Caribe, quien contribuyó directamente en el levantamiento de la información en el campo.

Los datos recolectados evidenciaron que la vegetación costera redujo la erosión, dando así una pista de cómo afrontar este proceso geomorfológico. Donde no había cobertura forestal, la erosión fue más extendida. 

¿Que desencadena la erosión?

Según se detalla en el informe, los fuertes oleajes y las tormentas constituyen el principal agente de cambio morfológico abrupto y significativo en las playas.

Durante estos eventos de alta energía —asociados a tormentas, ciclones extratropicales o frentes fríos que son impulsados por vientos intensos—, el fuerte rompimiento de las olas genera una turbulencia que levanta grandes cantidades de sedimento en suspensión y lo transporta hacia el mar. 

Este proceso modifica rápidamente el perfil de la playa, provoca el retroceso de la línea de costa y se ve agravado por el aumento del nivel del mar y la variabilidad climática (como el fenómeno de El Niño). Al subir el nivel del mar y aumentar la energía de los océanos, se generan oleajes que hacen retroceder la costa de forma más rápida.

A esto se suma el calentamiento global. Al elevarse el nivel del mar, esto hace que el oleaje pueda penetrar más adentro en la tierra y de manera más frecuente. Si ambos fenómenos se combinan, se produce un mayor calentamiento del mar Caribe y, por consiguiente, un incremento adicional en su nivel durante estos episodios, explicó Barrantes.

A la par de estos factores, el uso inadecuado del suelo en las zonas costeras incide directamente en la frecuencia y gravedad de la erosión. La alteración constante del territorio costero, debido a las actividades humanas, incrementa la vulnerabilidad del litoral, acelerando los procesos de erosión y provocando que el impacto de estos eventos sea cada vez más grave sobre la línea de costa.

Según Barrantes, la erosión costera en esta región no responde a un evento aislado, sino a un problema de larga data que se manifiesta de forma intensa desde el 2015. Este fenómeno opera bajo ciclos de recuperación incompleta: no es un proceso constante ni lineal, sino que alterna momentos de estabilidad con periodos de retroceso vinculados a la variabilidad climática. Aunque las playas tienden a recuperarse, tras eventos extremos —como el registrado en el 2020—, el retorno a la normalidad resulta parcial. 

Esta dinámica, explicó Barrantes, genera un retroceso permanente de la línea de costa con pérdidas de entre 60 y 70 metros lineales en un lapso de 30 años, alcanzando en puntos críticos —como Manzanillo— velocidades de entre 1,5 y casi 2 metros por año, lo que incrementa la exposición de viviendas y demás infraestructura al avance del mar.

La contribución de la vegetación

La presencia de vegetación cerca de las playas ofrece resistencia y fricción ante la entrada de las olas. Es una primera “línea de defensa’’ que disminuye la fuerza del agua a medida que transita a través de las plantas, haciendo que la ola pierda energía y reduciendo la erosión detrás de la línea de playa.

Las raíces también ofrecen algún obstáculo para el retiro de la arena, esto limita o retrasa el avance de los escarpes o gradas que se forman con la erosión. “Sin embargo, depende del tipo de vegetación y dónde se encuentre, puede tener un efecto más determinante o puede tener un efecto mínimo’’, aclaró Barrantes.

El investigador aclaró que no toda la vegetación costera tiene el mismo efecto. Por ejemplo, las palmeras aunque logran sujetar la arena donde se encuentra su sistema radicular, si están separadas o dispersas pueden desviar el oleaje y generar flujos turbulentos que retiran la arena de los lados. Pero si están juntas, sus raíces se entrelazan y sujetan mejor el suelo. Eso sí, si el oleaje es muy fuerte, este puede retirar la arena de abajo de la palmera y botarla. En este sentido, “es importante combinar las palmeras con otro tipo de vegetación para ayudar a fijar mejor el suelo”, afirmó Barrantes.

Los manglares son considerados los “campeones” en la protección de la costa.

“La vegetación de manglar resulta altamente efectiva debido a que sus sistemas de raíces se sostienen muy bien y disminuyen la energía de la ola. Al friccionar contra las raíces, permite que la energía sea contenida en los primeros metros del frente de estos árboles y vaya perdiendo energía conforme transita hacia atrás, evitando o reduciendo la erosión especialmente en la la parte que está detrás de la playa, que es lo que protege el manglar’’, explicó el investigador.

Otro tipo de vegetación que ayuda es la “uva de mar”, la cual ofrece gran fricción al paso de las olas. Los pastos marinos, aunque estos no amortiguan directamente el oleaje, generan materia orgánica y retienen sedimentos, creando una base protectora para la costa. 

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