- El IMN prevé que el fenómeno se consolide en junio, con potencial de alcanzar una intensidad histórica. Costa Rica enfrentaría un fuerte déficit de lluvias y temperaturas récord, afectando especialmente el suministro de agua y la generación eléctrica.
Con una probabilidad de ocurrencia del 60%, El Niño estaría presentándose a mediados de este 2026. Según el Instituto Meteorológico Nacional (IMN), se espera que la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se establezca a partir de junio de 2026 y se mantenga durante el segundo semestre, pudiendo extenderse hasta inicios de 2027.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) coincide con este pronóstico, estimando que las condiciones neutras predominarán hasta el trimestre abril-junio (80% de probabilidad) con El Niño emergiendo entre mayo y julio de 2026 (61% de probabilidad) y persistiendo al menos hasta finales de año.
En el caso del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), hay un fuerte consenso entre sus sistemas de que las condiciones de El Niño se desarrollarán y mantendrán este año.
No obstante, el sistema de alerta temprana (SAT-ENOS) del IMN se encuentra actualmente en etapa de Vigilancia. Lo mismo que el sistema de monitoreo de la NOAA.
Un Niño intenso
Los organismos de monitoreo meteorológico también coinciden en que existe una probabilidad significativa de que El Niño alcance una intensidad fuerte o incluso “muy fuerte” hacia finales de 2026.
Para el periodo comprendido entre noviembre de 2026 y enero de 2027, la NOAA estima que hay probabilidades casi iguales (25% cada una) de que El Niño sea fuerte, muy fuerte o de intensidad moderada.
El Centro de Predicción Climática de los Estados Unidos (CPC) señala específicamente una probabilidad de 1 entre 4 (25%) de que el índice Niño-3.4 sea igual o superior a 2°C, lo cual categorizaría el evento como un Niño muy fuerte.
Algunas proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) sugieren que las temperaturas en el Pacífico ecuatorial podrían superar los récords de 2015 (2,8°C), lo que abriría la puerta a un fenómeno catalogado como “Super Niño”. Incluso advierten que este evento podría desarrollarse con una intensidad que no se ha visto en más de un siglo.
A pesar de estas proyecciones, los expertos del ECMWF aclaran que, aunque muchos modelos contemplan un evento fuerte, todavía es demasiado pronto para asignar una alta confianza a estos resultados. Esto se debe a la “barrera de predictibilidad de la primavera”, un periodo entre marzo y mayo en el que los cambios en el Pacífico son naturalmente menos predecibles.
Efectos
Para Costa Rica se pronostica un inicio irregular de la época lluviosa.
“Se prevén condiciones lluviosas deficitarias en todo el país, que serían de entre -15 a -20% en el trimestre abril a junio, de entre -10% a -20% en el trimestre julio a agosto, de entre -10% a -30% en el trimestre setiembre a noviembre”, mencionó Karina Hernández, meteoróloga del IMN.
También se prevén incrementos entre 0,5°C y 1,5°C. “La temperatura media sería más alta de lo normal en todo el país, pudiendo alcanzar incluso un 1,5°C en el Pacífico Norte y no superando 1°C en el resto del país”, dijo Hernández.
El IMN anticipa una temporada de huracanes en la cuenca del Atlántico menos activa de lo normal, con la formación de entre 9 y 12 sistemas (el promedio es de 14). Esta previsión de menor actividad aplica específicamente para la cuenca del Atlántico Tropical Norte, la cual incluye el Mar Caribe y el Golfo de México.
Aunque haya menos huracanes, esto puede tener un efecto negativo colateral, ya que la falta de ciclones tropicales puede desencadenar sequías en regiones que dependen de las lluvias generadas por estos para su abastecimiento de agua.
De hecho, la disponibilidad de agua podría verse comprometida durante la segunda mitad de 2026 debido al desarrollo de El Niño. La escasez sería particularmente sensible en Guanacaste.
Aunado a esto, vale recordar que 2026 inició con una sequía meteorológica ya establecida en la vertiente del Caribe.
Ante la probabilidad de ocurrencia de El Niño, el gobierno estableció la Comisión Consultiva Técnica del ENOS (COENOS), donde participan diversas instituciones, con el fin de coordinar de manera integral la prevención y adaptación ante El Niño.
Su función primordial es informar regularmente sobre el estado y la evolución de El Niño y La Niña a instituciones clave del país, como la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), Ministerio de Obras Públicas y Transporte (MOPT) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).
La comisión sesionó el pasado 25 de marzo para analizar el pronóstico anual y coordinar medidas específicas, especialmente ante la previsión de que habrá menos disponibilidad de agua en la segunda parte del año, afectando sectores como el eléctrico y el suministro de agua potable.
Esta comisión está coordinada por el IMN y fue establecida oficialmente mediante decreto en noviembre de 2025 para fortalecer la previsión nacional ante eventos climáticos severos.
El Niño y el cambio climático
Desde inicios de enero de 2026, tanto NOAA como C3S empezaron a notar que las temperaturas frías de las aguas del Pacífico estaban debilitándose. En febrero surgieron temperaturas por encima del promedio en el Pacífico ecuatorial oriental, y el índice de temperatura subsuperficial ha aumentado de forma constante durante cinco meses consecutivos hasta abril de 2026. Y esto es por El Niño.
El ENOS, incluido El Niño, es un fenómeno natural cíclico, lo único es que ahora se desarrolla bajo la influencia del cambio climático, lo cual altera su comportamiento y amplifica sus impactos.
Este Niño viene precedido por un 2025 catalogado como el tercer año más cálido jamás registrado. La temperatura media del aire en la superficie de la tierra y los océanos fue 1,47°C superior al nivel preindustrial. Se alcanzaron máximos históricos en regiones como Asia Central, la Antártida y el Sahel en África.
El 2025 fue extremadamente caluroso debido a la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) que retienen el calor en la atmósfera, explicó Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Por esta razón, el 2025 estuvo marcado por graves olas de calor, ciclones e incendios forestales devastadores en lugares como España, Canadá y California (Estados Unidos). Ni siquiera el enfriamiento de las aguas, observado en el Pacífico ecuatorial, dio alivio.
El 2026 arrancó con condiciones similares al 2025. En marzo, por ejemplo, la temperatura media de los océanos rozó niveles récord (20,97°C), quedando solo una décima de grado por debajo del máximo registrado en marzo de 2024. De hecho, el mes de marzo de 2026 se posicionó como el cuarto más cálido registrado, con una temperatura de 1,48°C por encima del periodo preindustrial.
Durante el invierno boreal (diciembre 2025, enero y febrero de 2026), la extensión del hielo marino del Ártico alcanzó su superficie más baja jamás registrada, igualando el récord negativo del año anterior. Muestra de las altas temperaturas experimentadas en el año.
Ahora bien, la relación de El Niño y el cambio climático es de potenciación mutua.
El cambio climático ya mantiene al planeta en niveles de calor nunca vistos; por primera vez, la temperatura media de los últimos tres años (2023-2025) superó en más de 1,5°C el nivel preindustrial. Si El Niño aparece en el segundo semestre de 2026, su efecto de calentamiento natural se sumará al calor acumulado por los GEI, lo que podría convertir a 2026 en uno de los cinco años más cálidos jamás registrados.
El cambio climático también intensifica los episodios meteorológicos extremos asociados a El Niño, esto incluye olas de calor marinas más fuertes que debilitan los corales y un aumento del nivel del mar debido a la dilatación del agua por el calor.
La combinación de ambos factores, El Niño y cambio climático, agrava las lluvias intensas en algunas regiones y las sequías en otras. Y, debido al cambio climático, las temperaturas superficiales del mar son ahora inherentemente más cálidas que en el pasado. Esto hace que sea más fácil para El Niño alcanzar valores de temperatura extremos o récords (como el umbral de “Súper Niño”), ya que parte de una base más caliente.
Asimismo, El cambio climático añade complejidad a las predicciones. Tal como lo explica Tim Stockdale, en un artículo técnico publicado por ECMWF, procesos como la interacción de aerosoles y la retroalimentación de las nubes no se representan perfectamente en los modelos actuales cuando el sistema climático entra en “territorio inexplorado” por el calentamiento global. Esto puede causar que los pronósticos para 2026 sean ligeramente menos precisos que los de años anteriores.





