• Mediante el aporte que hacen los asociados en la tarifa eléctrica y los ingresos generados por el turismo, Coopelesca ha ido adquiriendo tierras dentro y fuera del Parque Nacional Juan Castro Blanco para dedicarlas a la conservación.

En los alrededores del Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco, en el distrito de Zarcero, lo que antes eran tierras de pastoreo hoy respiran como un ecosistema vivo. La Reserva Natural Montaña Sagrada, situada a 2.030 metros sobre el nivel del mar, se ha consolidado como un parche de bosque nuboso que resguarda el segundo acuífero más importante del país.

En esta reserva privada no solo se está protegiendo la biodiversidad, sino que se está asegurando el recurso hídrico que sostiene la vida, la agricultura y la economía de más de 92.000 personas en la Zona Norte.

Su conservación es posible gracias al aporte directo de los asociados de Coopelesca, quienes a través de su recibo de electricidad impulsan la recuperación de tierras.

Conservación en recibo de luz

Esta historia se remonta a 1989, cuando el Gobierno le otorgó una concesión a una empresa minera de origen canadiense para extraer azufre. En ese entonces, las tierras donde se asentó la mina eran reserva forestal.

La actividad minera trajo consigo cargas excesivas de sedimentos, contaminación de los ríos y otros daños ecológicos significativos. Ante este deterioro, las comunidades se unieron en una lucha social que propició la salida de la minera. Consideraban que el lugar era “sagrado” y que su protección era vital para garantizar el recurso hídrico a futuro.

De hecho, esta resistencia comunitaria fue la semilla que permitió que la zona fuera declarada parque nacional en 1992. Sin embargo, el Gobierno no contaba con el dinero necesario para expropiar algunas fincas, las cuales quedaron dentro de los límites del parque. Debido a que las tierras seguían siendo privadas, los dueños continuaron con sus actividades agropecuarias. Esto representaba una amenaza constante para los mantos acuíferos y la biodiversidad que el área silvestre debía proteger.

Además, las comunidades aledañas vivían con el temor de que las tierras fueran utilizadas para fines de explotación comercial o minera, similares a los intentos previos de la minera canadiense. Hasta que, en 2010, Coopelesca propuso una solución.

En cada caminata se pueden observar fácilmente entre 15 y 20 tipos diferentes de hongos macroscópicos (los que se ven a simple vista), especialmente en la época lluviosa. (Foto: Fabián Hernández)

Ante la incapacidad del Estado para consolidar el parque, los asociados de Coopelesca se comprometieron a hacer un aporte mensual en el recibo de la luz para así reunir el capital necesario para comprar esas tierras privadas dentro de los límites del parque nacional.

De esta manera, los más de 126.500 asociados pagaron primero ₡100, luego ₡200 y actualmente están desembolsando ₡500 para conservar el bosque. Este dinero se administra a través de un fideicomiso, el cual ha permitido la adquisición de 1.140 hectáreas tanto dentro como en los alrededores del Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco.

“A través de un pequeño aporte de capital, estamos protegiendo grandes áreas de bosque en un parque nacional, para que ya no esté en papel, vulnerable a la explotación agropecuaria”, justificó Omar Miranda, gerente general de Coopelesca.

Para Jaqueline Rojas, administradora de Fincas en Conservación de Coopelesca, la buena disposición a “pagar más” solo se explica por cuanto ha calado el cooperativismo en la zona, ya que este se basa en la unión voluntaria de personas para satisfacer necesidades comunes.

“Gracias a ese aporte tenemos un espacio verde que nos ofrece diversidad de servicios ecosistémicos como calidad de aire, calidad de agua, un espacio de recreación… Esto es un ejemplo para el mundo y una persona no lo hubiera podido lograr sola. Si todos trabajamos en conjunto, aportamos un poquito, tenemos un beneficio muy grande para toda la población”, destacó Rojas.

El renacer del bosque

Las fincas que está comprando Coopelesca, dentro del parque nacional, son propiedad de la cooperativa. Si el Estado quisiera que pasen a su resguardo, entonces tendría que expropiarlas y eso implica dinero.

“El Estado dice podemos seguir usando las fincas hasta que estas no sean expropiadas, pero no puede haber cambio de uso de suelo. Eso quiere decir que ya los bosques que están, sabemos que así van a seguir”, explicó Rojas.

De hecho, Coopelesca firmó un convenio con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) y la gestión del bosque se hace con base en el plan de manejo. Pero el esfuerzo de la cooperativa no se queda ahí. 

Actualmente, Coopelesca está comprando tierras en los alrededores del parque nacional, en lo que se conoce como zona de amortiguamiento. Esto con el fin de favorecer la conectividad altitudinal (partes altas con partes bajas) y, con ello, facilitar el movimiento de las especies y favorecer la resiliencia de los ecosistemas.

La reserva provee el agua que mueve la economía de la Zona Norte tanto a nivel energético como a nivel agropecuario. (Foto: Fabián Hernández)

A la fecha, se han comprado nueve fincas. La más extensa corresponde a la Reserva Natural Montaña Sagrada, con 700 hectáreas. Las 440 hectáreas restantes se localizan en San Vicente de Ciudad Quesada, Los Negritos de Venecia y otras localidades.

Al dejar de ser utilizadas en agro, las zonas de pastoreo han experimentado una regeneración natural, convirtiéndose en bosques secundarios. En la Montaña Sagrada es posible ver bosque donde hace 15 años había potrero. Los árboles de jaúl superan los diez metros, lo que evidencia un ecosistema en crecimiento.

“Acá tenemos más de 200 hectáreas donde hemos permitido regeneración natural. Lo que quiere decir que dejamos que el bosque haga su trabajo, ya que la fauna dispersa semillas y esto permite el crecimiento de las especies vegetales que la zona realmente necesita. Estos espacios corresponden a un 8% del territorio total del parque. Aquí nacen los principales ríos de la zona, entre ellos, río La Vieja, el Platanal y el río Aguas Altas, que nos permiten la generación de energía de tres centrales hidroeléctricas que corresponden al 52% de la producción”, comentó Rojas.

El éxito de la regeneración se mide mediante un monitoreo biológico con cámaras trampa. Gracias a esto, se han registrado más de 200 especies de fauna. A partir de la presencia y abundancia de especies se puede saber el estado de salud de los ecosistemas.

Este monitoreo se realiza desde el año 2020 y, desde entonces, se han podido identificar 212 especies de aves. “En las mañanas, dedicando dos o tres horas, es posible observar entre 40 y 60 especies de aves en los senderos de Montaña Sagrada”, mencionó Rojas.

En Montaña Sagrada se han observado hongos de géneros comunes de bosques nubosos como Mycena, Marasmius y Amanita. (Foto: Fabián Hernández)

En anfibios y reptiles se ha llegado a contabilizar 25 especies. Entre ellas está la rana de ojos verdes, la cual no se observaba desde hace más de 40 años y, ahora, gracias a la conservación, es común verla en las charcas al lado de los senderos.

En mamíferos, se han visto felinos como el tigrillo, el caucel, el manigordo y el puma. También se ha inventariado variedad y cantidad de plantas, hongos y orquídeas.

Esta biodiversidad sustentó el programa de turismo. Desde 2020, se atiende turismo nacional e internacional en 30 hectáreas de Montaña Sagrada. La oferta incluye turismo de naturaleza con senderos y miradores (incluso se puede visitar un ojo de agua), turismo de bienestar con plataforma de yoga, hidroterapia y jardín sensorial, así como turismo de aventura con saltos desde plataformas elevadas (la atracción se llama “vuelo del dragón”) o balancearse en una cuerda (“Tarzán swing”).

La entrada tiene un costo de ₡3.500, que le permite al visitante recorrer senderos, cruzar puentes colgantes y apreciar la vista desde los miradores. También se ofrecen tour guiados, así como caminatas nocturnas.

Los recursos que se generan por turismo también se destinan a la conservación.

“Estos recursos vienen a sumarse al aporte que hacen todos los asociados para continuar protegiendo estas tierras”, dijo Rojas.

La Reserva Natural Montaña Sagrada abre de martes a domingo desde las 8 a. m. hasta las 4 p. m. (Foto: Fabián Hernández)

Agua y energía

Desde hace 60 años, Coopelesca produce y distribuye electricidad en la Zona Norte, específicamente en los cantones de San Carlos, Los Chiles, Sarapiquí, Río Cuarto, partes de Grecia y San Ramón. Su área de servicio incluye zonas estratégicas como Ciudad Quesada, Aguas Zarcas, La Fortuna y áreas fronterizas. 

Para ello, la cooperativa cuenta con seis centrales hidroeléctricas y un parque solar con una potencia instalada de 135 megavatios. El área en concesión se encuentra 100% electrificada. “Eso significa que donde haya un pueblito que tenga una escuela y una iglesia, ahí hay electricidad”, comentó Miranda.

La cooperativa también se ha encargado de instalar alumbrado público y cuatro centros de recarga rápida para fomentar el transporte eléctrico. Todo esto es posible por la energía renovable, cuyo costo es menor que la importación de combustibles fósiles y además garantiza una producción limpia en beneficio de la salud de los ecosistemas y las personas.

En este sentido, la producción de las hidroeléctricas depende directamente de la salud de los mantos acuíferos que el bosque protege. La conservación del bosque nuboso asegura la recarga hídrica, lo que garantiza el agua necesaria para producir más del 10% de la energía consumida a nivel nacional.

“Ciertamente, en esta zona tenemos un bosque nuboso, y también muchísima agua durante todo el año. Sin embargo, sí estamos viendo los efectos del cambio climático. El musgo que está en los árboles, por ejemplo, pasaba constantemente húmedo y ahora notamos que disminuyó un poco esa humedad, por lo que ese musgo ya no se mantiene tan constante”, comentó Rojas.

Andrés González es estudiante de la carrera de Ingeniería en Ciencias Forestales y Vida Silvestre de la Universidad Técnica Nacional (UTN). Se encuentra realizando un inventario de la flora en los senderos de Montaña Sagrada, así como analizando el beneficio que brinda esas plantas a las aves.

González explicó que el musgo es un ingeniero ecosistémico fundamental. En un bosque nuboso, mucha de la lluvia no viene de las nubes que descargan agua, sino de la precipitación horizontal (la niebla que pasa entre los árboles). El musgo actúa como una red que atrapa las diminutas gotas de agua del aire.

De hecho, puede absorber hasta 20 veces su peso en agua y, al retenerla, evita que caiga de golpe al suelo, previniendo la erosión, para luego liberarla lentamente hacia las raíces y los acuíferos, manteniendo los ríos con flujo constante incluso cuando no llueve.

El musgo, además, actúa como un aislante térmico para los árboles. Mantiene la corteza fresca y húmeda, creando un microclima estable que protege al árbol de cambios bruscos de temperatura. Además, al liberar humedad gradualmente por evaporación, contribuye a mantener esa atmósfera de neblina tan característica del Parque Nacional del Agua Juan Castro Blanco.

Un inventario de flora es una herramienta estratégica de gestión ambiental. Al saber qué plantas hay, se puede calcular cuánta agua se está filtrando hacia los acuíferos. (Foto: Fabián Hernández)

Para Rojas, la conservación es la mejor herramienta ante el cambio climático porque le permite al bosque adaptarse en ausencia de presiones externas.

“Tenemos que proteger esto para que los mantos acuíferos recarguen y para que, en el futuro, la gente siga teniendo agua. Por eso usamos el lema ‘Conservemos nuestro futuro’”, comentó.

Desde hace 12 años, Coopelesca es carbono neutral, precisamente gracias a la compensación que hacen los bosques aledaños a las centrales hidroeléctricas. Las fincas adquiridas se encuentran en el programa de Pago por Servicios Ambientales (PSA).

Sin embargo, y si bien las tierras de Montaña Sagrada se encuentran en regeneración natural, se carece de inventarios de carbono. Esto a pesar de que los bosques secundarios son de rápido crecimiento y, por tanto, capturan mucho carbono precisamente para crecer.

Rojas aseguró que en Coopelesca están abiertos a realizar alianzas con universidades, precisamente para fomentar la investigación y así contar con información científica que sustente las decisiones de conservación de la reserva.

“Somos un aula abierta. Nosotros encantados de recibir a investigadores y estudiantes, les abrimos las puertas, y les acompañamos en lo que esté a nuestro alcance. Estamos buscando muchísimo hacer esas alianzas para generar más investigación, más conocimiento, porque son bosques muy poco explorados”, aseguró Rojas.

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