Debido al cambio climático, el fútbol ya no será el mismo. El aumento en las precipitaciones y el incremento de las temperaturas están haciendo que los estadios sean espacios cada vez menos aptos para la práctica del deporte.
De hecho, 14 de los 16 estadios que albergarán partidos en la próxima Copa Mundial de Fútbol 2026 —a disputarse en México, Estados Unidos y Canadá— superan los umbrales de juego seguro, según el informe “Campos en Peligro”.
El informe, publicado por Football for Future y Common Goal, detalla que los mundiales de fútbol van a tener que cambiar muchos de sus aspectos organizacionales para el 2050 si el cambio climático continúa al ritmo de los escenarios del Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC).
Los autores analizaron los 16 estadios en los que se jugarán los partidos del próximo Mundial y 2 estadios de las sedes del Mundial 2030. Determinaron que, para el 2026, el 90% de los estadios se enfrentarán a condiciones de calor extremo, y en 11 de ellos las condiciones representarán un peligro para la salud de los futbolistas. Entre estos estadios destacan los ubicados en Miami y Houston (EE.UU.) así como el de Monterrey (México), los cuales tienen entre 100 y 160 días al año en los que la temperatura alcanza niveles potencialmente peligrosos para jugar al fútbol.
Esto puede repercutir gravemente en los futbolistas, en su rendimiento como atletas pero también por el incremento del riesgo de lesiones e inclusive la calidad de los partidos. Es por ello que los autores recomiendan tomar medidas para evitar situaciones peligrosas, como jugar de noche y cambiar el calendario de competición, ya que la Copa Mundial de Fútbol históricamente se disputa en los meses de verano del hemisferio norte.
Más calor, más lluvia y menos agua disponible
Tomando como base los lugares donde se ubican los estadios de la próxima Copa del Mundo, para el 2050, habrán 11 estadios que superarán los 35°C. El estadio de Atlanta (EE.UU.) hoy en día tiene 9 días al año con temperaturas superiores a este límite, pero para mediados de siglo serán 29 días.
Si se desea volver a realizar otro Mundial en Norteamérica, no se podrá jugar en verano. Esta situación no es nueva, ya que lo mismo ocurrió en el Mundial de Qatar, el cual se realizó en el invierno del 2022 precisamente para evitar el calor en la península arábiga.
Las altas temperaturas ya afectaron el desarrollo del Mundial de Clubes 2025, disputado en junio. Fueron los mismos jugadores quienes se quejaron del clima y dijeron sentir sus pies ardiendo mientras jugaban en el campo, mientras que la afición llegó al punto de pasar moviéndose en el estadio con tal de asegurarse un poco de sombra y someterse a filas eternas para comprar agua debido a la sensación de calor.

Por otro lado, las lluvias y los vientos también van a aumentar fuertemente con el cambio climático. El estadio de Miami (EE.UU.) hoy sufre una precipitación de 526 mm durante las fuertes tormentas, pero en el 2050 podría subir 45 mm y tener vientos cercanos a los 206 km/h.
El peligro de las tormentas extremas no está únicamente en que se podría cancelar, suspender o posponer el partido, como ya ocurrió en el Mundial de Clubes 2025, sino que pone en riesgo a los aficionados que asistan al evento, quienes podrían verse expuestos a la caída de objetos.
A pesar de las intensas lluvias, la demanda de agua es otra situación que los organizadores deberán resolver. Para ejemplificar la magnitud del problema, el informe señala que, en 1995, solamente 25% de los estadios estaban en zonas con estrés hídrico medio o alto, pero para este año ya son 12 de los 16 estadios los que sufren este problema.
Un fútbol con menos calidad
El cambio climático puede afectar incluso la calidad del fútbol. El aumento de las temperaturas dificultará significativamente las condiciones para que los jugadores practiquen el deporte de una forma más consciente y con menor intensidad.
Distintos exfutbolistas, entrenadores y médicos aseguran que la temperatura afecta fuertemente a la hora de jugar. Eso genera atletas más lentos a nivel físico y cognitivo durante los partidos, lo cual generaría un fútbol más pausado y con más errores.
El exjugador y entrenador Alexandre Borges Guimaraes comentó que, como director técnico, le pide a los jugadores que rindan al máximo, “pero cuando las temperaturas son extremas es imposible pedirles que jueguen a una alta intensidad”. Además, señaló que la calidad del espectáculo indudablemente se verá afectada, por lo que los entrenadores deben adaptar sus decisiones a esta situación.
“Lo acabamos de ver en este reciente Mundial de Clubes que se jugó en Estados Unidos, a esas horas, que son las horas del próximo Mundial, y veíamos cómo ni siquiera los países de los equipos sudamericanos o Concacaf (Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol) podían tener alguna ventaja sobre los equipos europeos, que obviamente nunca juegan en esa temperatura”, comentó el director técnico.
De la misma manera, Ronald González, exjugador y entrenador costarricense, señaló que el calor influye de gran forma en el fútbol y en cualquier otro deporte. Según sus declaraciones, estas condiciones afectan el ritmo, la concentración y la toma de decisiones por parte de los jugadores.
“Un jugador, o cualquier persona, que esté agotado, piensa menos, piensa con menos tiempo que una persona que esté fresca o que, aunque esté haciendo ejercicio, esté mentalmente más activa, más rápida. Y eso, bueno, lo he vivido, los jugadores se vuelven más lentos cognitivamente”, indicó González.
El fisioterapeuta con experiencia deportiva, Javier Moya, comentó que esta situación de fatiga cognitiva se da debido a que a la sangre no solamente le es más difícil llegar a las piernas, sino también al cerebro; por lo que, cuando los jugadores están más cansados, van a tomar decisiones incorrectas, ya que su sistema nervioso no está funcionando a su máximo potencial.
Esta situación también se repite en el fútbol femenino. La exseleccionada nacional Mónica Malavassi, quien jugó en ambientes extremos durante su carrera en Estados Unidos, comentó que jugar a altas temperaturas se convierte en un gran desafío para cualquier persona, porque la sensación de ardor llega a cualquier parte del cuerpo.
“Es como estar jugando en un ambiente hostil donde, cada minuto que pasa, tu tolerancia va bajando, y ahí es donde realmente la parte mental es la que te saca adelante”, señaló Malavassi.
González añadió que esta situación también afecta el estado anímico de los jugadores y los vuelve más reactivos frente a golpes, faltas y distintas situaciones que ocurren durante el juego, lo cual también se convierte en un reto, y hace que los partidos pierdan intensidad deportiva.
Frente a esto, Malavassi agregó que, al jugar al fútbol profesional, existen factores de presión frente a la afición, competitividad y rivalidad que, sumados al calor, llevaban a los jugadores y las jugadoras al límite. Se requiere de una gran fortaleza mental, la cual no todos poseen, para no salirse de la concentración.

González, quien al igual que Guimaraes, jugó el Mundial de Italia en 1990 indicó que percibe que la intensidad de calor y la incidencia de las lluvias han aumentado con respecto a cuando jugaban fútbol profesional. Y esto en definitiva afecta la calidad del fútbol que se puede practicar.
“Ahora el calor es diferente. Yo no sé si será porque también tengo algunos años encima, pero me acuerdo que los calores de antes ni siquiera se asemejan a los de ahora. Sinceramente, sí he notado un cambio muy importante”, declaró González.
Debido a esta situación, Guimaraes considera que, para el Mundial de Fútbol 2034 que se jugará en Arabia Saudita, los cambios que se señalan en el informe van a ser muy necesarios, más aún con su experiencia dirigiendo equipos en Qatar. Además, el director técnico opina que en vez de una pausa de hidratación por cada tiempo, será necesario realizar dos pausas, ya que una no es suficiente.
Zaray Miranda-Chacón, médica e investigadora asociada en Lancet Countdown Latinoamérica, concuerda con el entrenador asegurando que este tipo de pausas no deberían de ser únicamente para hidratarse, sino para que lo jugadores puedan colocarse a la sombra, con ventilación, para así enfriar el cuerpo.
Las lesiones ahora no solo pueden venir de los rivales
Exponerse a altas temperaturas va aumentar el riesgo de deshidratación al practicar deporte y, según los expertos, esto puede aumentar la posibilidad de lesiones musculares en los futbolistas.
Miranda-Chacón aseguró que las altas temperaturas van a causar agotamiento muscular. Esto se da debido a que los deportistas tienen un alto requerimiento de sangre en sus músculos debido a las carreras que hacen durante los partidos y su corazón se acelera al límite.
“¿Cuál es el peligro? Que, al saturarse ese sistema, la temperatura del núcleo central del cuerpo va a subir, y si eso no se logra compensar, entonces la persona se va a ver expuesta a padecimientos o consecuencias de ese calor”, explicó.
Además, la médica comentó que la deshidratación propicia las condiciones para que los músculos sufran calambres, se dé un adormecimiento en las manos y ocurran golpes de calor en los jugadores.
Por su parte, Moya comentó que la temperatura es uno de los factores más importantes a la hora de realizar actividad física, y más aún cuando se habla de un deporte tan intenso como lo es el fútbol; por lo que las lesiones musculares pueden llegar a ser muy comunes en los torneos debido a la deshidratación de los jugadores.
“Cuando el músculo comienza a tener un déficit en su hidratación es donde empieza una descoordinación muscular, y llega un momento en que el músculo ya no hace contracción–relajación, sino que las fibras, por falta de oxígeno, falta de agua, falta de potasio o falta de electrolitos, algunas se van a contraer, otras no van a tener tiempo de contraerse y se van a relajar. Entonces ahí es donde puede haber una lesión muscular”, aclaró el fisioterapeuta.
Frente a estas declaraciones, Alexis Ugalde —investigador de Núcleo de Estudios en Alto Rendimiento y Salud en la Universidad Nacional (UNA)— añadió que el rendimiento de los jugadores se puede ver muy afectado debido a la pérdida de electrolitos y fuentes energéticas, principalmente carbohidratos, ya que se gastan rápidamente al hacer ejercicio.

“Los electrolitos, principalmente el sodio, están asociados con el tema de la contracción muscular. Entonces, cuando nosotros a nivel fisiológico perdemos el sodio, la contracción muscular disminuye. Esto nos lleva a dos situaciones: uno, que no tengamos la misma capacidad contráctil para realizar esfuerzos, y también que vaya apareciendo más aceleradamente el tema de la fatiga”, comentó Ugalde.
Se pensaría que los músculos de las piernas son los que más están en riesgo debido a la deshidratación y lesiones, pero el corazón también se encuentra en situación vulnerable frente a las altas temperaturas. Moya declaró que el corazón bombea, cada vez, sangre más densa y puede llegar a bombear ocho veces más por minuto.
Todos estos factores juntos pueden causar golpes de calor en los futbolistas, quienes —según Miranda-Chacón— pueden presentar dolores de cabeza. Para Ugalde, el riesgo es alto y el golpe de calor sería la etapa final de la deshidratación y pérdida de electrolitos.
Responsabilidades de la FIFA
Varios de los exjugadores consultados comparten que la responsabilidad de esta situación recae sobre la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), entidad que tiene el poder de tomar decisiones para proteger a los futbolistas tanto en el Mundial como a nivel de ligas locales.
“El máximo responsable, para mí, que es el que rige las reglas del fútbol mundial, es la FIFA. La FIFA dicta la orden y las federaciones acatan la orden, y los clubes, por ser miembros de cada federación, también deberían hacerlo”, comentó el exjugador y entrenador Paulo César Wanchope.
Los exjugadores y técnicos consultados comentaron que el Mundial de Clubes 2025 fue una excelente oportunidad para la FIFA de aprender sobre los posibles riesgos a los que se enfrentan, ya que es muy posible que las condiciones ambientales vuelvan a ser un problema en el futuro próximo.
Frente a esto, Guimaraes considera que la clave para minimizar el peligro parte de la buena organización de los encargados de la Copa del Mundo. Se debe tomar en cuenta la franja de horarios y tratar de hacer los partidos en los momentos en los que no haya peligro para los jugadores, sugirió el director técnico.
Por su parte, Malavassi mencionó que el clima debe ser un tema importante a poner sobre la mesa a la hora de tomar decisiones para la planificación de eventos de alta magnitud deportiva, como lo son los torneos de fútbol.
“Esto va más allá de la política: se trata de respetar la ciencia, proteger nuestro único hogar y salvaguardar los lugares donde jugamos”, se lee en el informe.
Wanchope finalizó declarando que este no es un tema de fútbol nada más, sino de la humanidad, y se debe abordar desde la sociedad para minimizar los impactos del cambio climático.





