- Investigadores costarricenses adaptaron una metodología internacional para evaluar los efectos potenciales de los incendios forestales sobre valores ecológicos y socioeconómicos en la zona protegida.
Un modelo de vulnerabilidad, aplicado en el Área de Conservación Guanacaste (ACG), permite identificar qué sectores del territorio presentan mayor sensibilidad ante incendios forestales y cuáles podrían sufrir impactos más significativos en caso de fuego.
El estudio, desarrollado por investigadores de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), forma parte de una línea de trabajo iniciada en 2015 y constituye uno de los primeros esfuerzos sistemáticos por evaluar la vulnerabilidad —más allá del peligro— asociada a los incendios forestales.
El modelo se basa en una metodología originalmente desarrollada en España y adaptada al contexto costarricense tras una pasantía académica en la Universidad de Alcalá que realizó Daniela Vargas Sanabria, investigadora de la UNED, que dio el acercamiento inicial. A partir de esa experiencia, Vargas y Carlos Campos Vargas ajustaron los criterios técnicos para aplicarlos a las condiciones ecológicas, sociales y territoriales del ACG.
“Estuve con uno de los investigadores más reconocidos en el ámbito de incendios forestales y teledetección, Emilio Chubieta. El modelo lo que hicimos fue basarnos en la metodología que él ya había establecido para el tema de peligro y riesgo, y lo que hicimos fue adaptar el modelo propiamente de vulnerabilidad a Costa Rica”, señaló Vargas.
La investigación parte de un marco metodológico que indica que el riesgo de incendios forestales puede entenderse como la combinación de dos grandes componentes. Por un lado, el peligro, que incluye los factores que favorecen la ocurrencia y propagación del fuego. Por otro lado, la vulnerabilidad, que analiza los efectos potenciales del incendio sobre determinados valores ecológicos y socioeconómicos.
¿Qué evalúa el modelo?
El modelo desarrollado para el ACG analiza cómo el fuego podría afectar distintos valores presentes en el territorio. Para ello, integra variables espaciales relacionadas con ecosistemas y cobertura vegetal, elementos de valor ecológico prioritario, infraestructura y componentes socioeconómicos, distribución histórica de incendios.
“Nos abrió una nueva posibilidad de empezar a ver y manejar un poco el territorio, en el manejo de los recursos naturales”, indicó Campos.
La información se procesó mediante herramientas de sistemas de información geográfica (SIG), que permitió construir mapas que clasifican el territorio según distintos niveles de vulnerabilidad.

A diferencia de un modelo de peligro —que intenta estimar dónde es más probable que ocurra un incendio— el enfoque de vulnerabilidad no predice la ignición, sino que identifica qué se vería más afectado si el incendio ocurre.
“Vulnerabilidad lo que nos permite es ver los efectos del fuego en los valores ecológicos o socioeconómicos. Nos dice qué pasaría si hubiera un incendio en esta área, qué se vería afectado”, explicó Vargas.
El resultado es una representación espacial que permite distinguir sectores con mayor concentración de valores sensibles al fuego.
Validación con criterio experto
Uno de los elementos centrales del proceso metodológico fue la validación en campo. Según explicaron Vargas y Campos, los resultados no se dieron por concluidos únicamente a partir del análisis cartográfico. Los mapas obtenidos fueron presentados al personal técnico del área protegida, especialmente a quienes trabajan en el programa de manejo del fuego.
Los modelos simplifican la realidad al trabajar con un conjunto limitado de variables; por eso, y según explicó Vargas, “la validación con criterio experto permite contrastar si los patrones identificados en los mapas coinciden con la experiencia operativa diaria de quienes gestionan el territorio”.
En este caso, la información histórica recopilada por el programa de manejo del fuego del ACG —que desde 1997 registra perímetros de incendios dentro y fuera del área protegida— constituyó un insumo fundamental. Estos datos aportan precisión territorial sobre la ocurrencia y extensión de incendios pasados, fortaleciendo la confiabilidad del modelo.
Prioridad climática
El modelo de vulnerabilidad no surgió de manera aislada. Forma parte de una serie de investigaciones que el equipo ha desarrollado desde mediados de la década anterior en el ACG. Primero se trabajaron componentes relacionados con el peligro, posteriormente se avanzó en el análisis de vulnerabilidad.
De acuerdo con Campos y Vargas, aún no existe un modelo único que integre todos los componentes del riesgo (peligro, vulnerabilidad y capacidad de respuesta, afectaciones climáticas) en una sola herramienta validada para el país. Los esfuerzos se han desarrollado por etapas, abordando cada componente de manera independiente y progresiva.

Datos del Copernicus Climate Change Service (C3S) advierten que en distintas regiones del mundo se ha registrado un incremento en la intensidad y extensión de incendios forestales en contextos de temperaturas más altas y periodos secos más prolongados.
Los análisis climáticos y de monitoreo satelital de C3S muestran que los años con anomalías térmicas positivas tienden a coincidir con temporadas de fuego más graves, especialmente en ecosistemas estacionales. Aunque los patrones varían por región, la evidencia señala que las condiciones climáticas extremas están modificando el comportamiento histórico del fuego y ampliando las ventanas temporales de riesgo.
El principal aporte del modelo desarrollado por la UNED es operativo. Al identificar espacialmente las áreas más vulnerables, la administración del ACG puede priorizar acciones de prevención, monitoreo y planificación.
Por ejemplo, sectores donde coinciden ecosistemas de alto valor ecológico y más vulnerabilidad debido a variaciones en el ambiente, con antecedentes históricos de incendios, pueden requerir estrategias diferenciadas de manejo. Del mismo modo, la información puede orientar decisiones sobre asignación de recursos, fortalecimiento de brigadas o estrategias de restauración.
Un campo poco explorado en el país
Según Campos, el estudio de incendios forestales en Costa Rica ha sido limitado en comparación con otros países. La línea de investigación desarrollada en el ACG representa uno de los pocos esfuerzos sostenidos en el tiempo para construir herramientas técnicas específicas para el contexto nacional.
“Han sido varios proyectos, como siete, y contemplamos más proyectos, lo que mantenemos es la línea de investigación en incendios forestales”, indicó Vargas.
Aunque el fuego ha sido históricamente un factor presente en los ecosistemas del Pacífico Norte, contar con instrumentos que permitan dimensionar sus posibles impactos constituye un paso relevante hacia una gestión más informada y estratégica.
El modelo de vulnerabilidad aplicado en el ACG no predice el futuro, pero sí ofrece una fotografía técnica del territorio que permite anticipar dónde las consecuencias podrían ser mayores si ocurre un incendio.
En un país que ha apostado por la conservación como eje de desarrollo, herramientas como esta amplían la capacidad institucional para proteger ecosistemas clave mediante decisiones basadas en evidencia.





