- Se están reduciendo las condiciones seguras y competitivas para correr maratones, con efectos en el rendimiento y la salud. Investigadores advierten que el 86% de las maratones más populares del mundo perderá condiciones óptimas para correr hacia 2045.
En setiembre de 2025, la maratón de Berlín se corrió con una temperatura máxima cercana a los 27 °C, convirtiendo la 51.ª edición de la competición en la más calurosa registrada. Según el sistema Climate Shift Index (CSI), ideado por la organización científica Climate Central, el calor anómalo de Berlín fue el doble de probable por efecto del cambio climático causado por el ser humano.
Estos datos parecen no ser aislados. El informe Running Out of Cool Days: How climate change is decreasing the odds of optimal marathon conditions, publicado por Climate Central en octubre de 2025, documenta el problema con datos de 221 maratones en todo el mundo. El 86% de esas competiciones verá una reducción en las probabilidades de condiciones óptimas para correr de aquí a 2045, incluyendo las siete grandes del circuito Abbott World Marathon Majors.
La causa identificada es el aumento sostenido de temperaturas asociado a las emisiones de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón).
El informe señala que existe un rango térmico en el que las personas corredoras rinden mejor, siendo ese rango estrecho. Indica que la temperatura óptima para corredores élite (hombres) es de 4°C y para corredoras élite (mujeres) es 10°C. Para corredores recreativos, hombres o mujeres, está entre 6-7°C. Por encima o por debajo de esos umbrales, el rendimiento tiende a caer.
El análisis de los datos permite dimensionar el problema. De las 221 carreras analizadas, 61 ya tenían 0% de probabilidad de condiciones óptimas para hombres de élite en 2025. Otras 121 estaban por debajo del 10%.
Las maratones latinoamericanas —incluidas: Lima, São Paulo, Río de Janeiro, Ciudad de México, Cali— están dentro de ese 0%, mientras que Buenos Aires registra apenas un 3%. La única excepción regional es Santiago de Chile, con 36%. En el caso de Costa Rica no aparece ninguna maratón del país en el estudio.

¿Qué le hace el calor al cuerpo?
La fisiología del calor en una maratón sigue una cadena de efectos. Primero hay que tener claro que el cuerpo, normalmente, mantiene la temperatura interna en torno a los 37 °C. Cuando la temperatura ambiental sube, el organismo activa su sistema de refrigeración, dilata los vasos sanguíneos superficiales y produce sudoración. No obstante, el problema no es solo la pérdida de agua.
El fisioterapeuta deportivo Javier Moya lo describe así: “el sudor es salado, y lo que se pierde no es solo agua, sino sales, electrolitos y sustancias que el cuerpo necesita reponer. Sin esa reposición, se instala un ambiente interior tóxico de deshidratación, falta de electrolitos y poca irrigación sanguínea con oxígeno”.
Esa serie de eventos tiene consecuencias directas sobre el rendimiento. Según Luis Rojas, entrenador y experto en ciencias del deporte de la Universidad Nacional (UNA), los estudios científicos establecen que a partir de los 18 °C, cada aumento de 5°C reduce el rendimiento físico entre 1% y 3%. El mecanismo es circulatorio: la sangre que debería aportar oxígeno y nutrientes al músculo migra hacia la piel para intentar regular la temperatura interna.
“El aporte de nutrientes y el aporte de oxígeno se viene abajo porque hay menos cantidad de sangre aportando ese tipo de cosas al músculo”, resume Rojas.
Moya agrega otro factor: por cada grado que sube la temperatura, el corazón late entre uno y ocho veces más por minuto. En 42 kilómetros, ese sobreesfuerzo sostenido tiene consecuencias. El músculo, con déficit de irrigación, abandona el ciclo de contracción y relajación y entra en contracción sostenida.
“El músculo dice: ya no me siento bien, no puedo hacer contracción, relajación. Y lo que hace es contracción, contracción, contracción como método de defensa para que ya la persona no pueda usar más las piernas, generando un calambre”, describe el fisioterapeuta.
El escenario extremo es el golpe de calor. “Un golpe de calor es un game over para la maratón”, dice Moya. El protocolo de atención ante un caso así incluye toallas húmedas con hielo en el cuello, las axilas y la parte posterior de las rodillas, más hidratación intravenosa.
La médica Zaray Miranda, investigadora del Lancet Countdown Latinoamérica, señala que los efectos no se limitan al rendimiento inmediato. El riñón trabaja bajo condiciones más adversas cuando el organismo se deshidrata por altas temperaturas: la sangre se espesa, los solutos se concentran y el órgano puede sufrir daño. Miranda cita el caso de un joven de 19 años que participó en la carrera Sol y Arena de Puntarenas, alrededor de 2008 o 2009, y terminó hospitalizado con una lesión renal aguda. La experta subraya que eso ocurrió cuando las temperaturas aún no eran tan elevadas como las actuales.
La maratonista Rosibel Salazar describe la progresión de síntomas desde su propia experiencia. La primera señal es la pesadez: el cuerpo se torna más pesado y cuesta mantener el ritmo. Si la exposición se extiende, llegan las náuseas. “Eso genera que uno no pueda consumir adecuadamente lo que ya lleva planificado: hidratación, geles deportivos, pastillas de sal. Todo se empieza a complicar”. Después de la carrera se presenta la migraña, malestar digestivo y riñones afectados por la deshidratación.

Las grandes carreras
El informe de Climate Central cuantifica el deterioro de las condiciones, maratón por maratón. Entre las siete grandes o majors, la de Tokio encabezaba las probabilidades de condiciones óptimas con un 69% para hombres de élite y un 78% para mujeres de élite en 2025. Pero también es la que proyecta la mayor caída para hombres de élite hacia 2045, con 12 puntos porcentuales, bajando a 57%.
Berlín está en el extremo opuesto. Para 2025 tenía solo un 1% de probabilidad de condiciones óptimas para hombres de élite. Para 2045: 0%. Para mujeres de élite, la caída proyectada en Berlín es de 40% a 29%, la mayor entre todas las majors para ese grupo.
Chicago registraba para hombres de élite un 14% de probabilidad en 2025, sin cambio proyectado hacia 2045, lo que no indica una estabilidad favorable sino que ya está en un rango muy inferior.
La maratonista Andrea Corazzari, con diez maratones completadas en varios continentes, vivió la diferencia en Chicago entre sus dos participaciones. En 2015, las temperaturas bajas hicieron la carrera cómoda. Pero, en 2021, la largada fue con 18°C y la organización comunicó que si la temperatura superaba los 30°C, suspendería el evento. Corazzari, que apuntaba a terminar en menos de 3 horas, terminó en 3 horas con 11 minutos debido al desgaste físico por el calor.
Su experiencia en Tokio 2019 ilustra el otro extremo. En la madrugada anterior entró un tifón: una lluvia intensa con vientos fuertes, lo que puso a la carrera en riesgo de cancelación. La temperatura rondó los 5°C y la sensación térmica era aún más baja.
“Los hombres sí sufrieron de hipotermia, mucha gente se desmayó, mucha gente tuvo que rehidratarse, mucha gente terminó en hospitales y en su mayoría fueron hombres”, recuerda.
Ella terminó en 2 horas con 59 minutos. Este caso resalta la diferencia de la maratón japonesa de años anteriores con la actualidad, donde incluso se debieron realizar cambios de horario para combatir las altas temperaturas.
El corredor de fondo Carlos Cruz menciona —desde una carrera local— el caso contrario. En la Sunset Run 2025 corrió con una temperatura ambiente de 34°C y sensación térmica de 39°C. Desde el primer kilómetro indica que se sintió deshidratado, con calambres que llegaron a mitad de competencia y terminó con dolor de cabeza y pérdida parcial de la visión, lo que él describe como vista borrosa. La recuperación tardó al menos cinco días de hidratación continua, electrolitos y descanso antes de poder volver a entrenar.

La paradoja de las corredoras de élite
El análisis de Climate Central resalta que las corredoras de élite tienen un umbral térmico óptimo más alto que los hombres: 10°C frente a 4°C. Lo que significa que el calentamiento proyectado podría mejorar temporalmente sus condiciones en algunas carreras. El informe proyecta que las probabilidades de condiciones óptimas para mujeres de élite en Boston podrían subir de 79% a 82% entre 2025 y 2045, y en Tokio de 78% a 85%.
Moya atribuye parte de esa diferencia al intercambio gaseoso dérmico. Según el experto, las mujeres pueden tener una piel más porosa que facilita la termorregulación con menor pérdida de líquidos, por lo que el hombre suda más y pierde más electrolitos en largas distancias.
Por otro lado, Rojas apunta al umbral de dolor y explica que la mujer tiende a tolerarlo más, lo que también demora los pensamientos negativos que en condiciones extremas afectan el rendimiento.
Sin embargo, Miranda pone los datos en perspectiva e indica que el impacto del calor en hombres y mujeres es, en términos de riesgo, muy similar y las medidas para contrarrestarlo son las mismas.
Costa Rica: correr sin clima ideal
Nuestro país no aparece en el análisis de Climate Central, pero presenta una versión anticipada de lo que el calentamiento global está produciendo en las grandes maratones: un clima donde las temperaturas óptimas para correr simplemente no existen del todo.
“Aquí en el trópico no vamos a tener temperaturas abajo de los 18°C, 20°C , incluso a las 5 de la mañana”, dice Rojas. Los estudios que maneja en su trabajo establecen que el mejor rendimiento deportivo en pruebas de resistencia ocurre entre 7-14°C. Ninguna zona urbana de Costa Rica alcanza ese rango de forma habitual.
Salazar apunta un problema organizativo que en climas calurosos adquiere dimensión de riesgo sanitario y señala cómo los puntos de hidratación en carreras locales se quedan sin agua. “Ya cuando uno va por el kilómetro 35 pasa por los puestos y ya no hay agua, ya no hay hidratante. Y eso siempre ha sido un problema”. Ella misma describe haber terminado maratones en Costa Rica con los riñones afectados por deshidratación.
Miranda sugiere una situación estructural más amplia. Según explica, en un informe del año pasado del Lancet Countdown Latinoamérica, las capitales latinoamericanas con más de 500.000 habitantes tienen cobertura boscosa escasa o muy escasa. Menos árboles implica más calor urbano, más radiación solar sobre el asfalto y menos condiciones para el ejercicio al aire libre.
“Vivimos en ciudades que cada vez son menos aptas para vivir en un mundo caliente y menos para hacer deporte”, indicó Miranda.

Adaptarse no basta
El informe de Climate Central subraya que alrededor de 1,1 millones de personas terminan una maratón cada año en el mundo. La gran mayoría no son atletas de élite. Son corredores recreativos que trabajan, entrenan lo que pueden y no tienen margen para aclimataciones de dos semanas ni equipos de recuperación.
También, el informe identifica dos tipos de respuesta a las condiciones climáticas adversas: la adaptación operativa y la reducción de emisiones. La medida más directa es adelantar los horarios de inicio. Salazar plantea esta misma lógica desde la experiencia local: “Si es una limitante, se puede jugar con que las carreras se hagan un poco más temprano. Pero, sí es una limitante. Una carrera que arranca a las cinco de la mañana y dura tres horas termina con el sol ya alto. Para los corredores más lentos, el problema llega igualmente”.
Moya, por su parte, describe técnicas de aclimatación para el alto rendimiento como alternar días de entrenamiento en calor y en fresco durante 10-15 días, o sesiones progresivas de sauna que escalan de 5 a 30 minutos, además de una sobrehidratación con electrolitos durante los días previos a la competición para que la sal retenga los líquidos.
Miranda lo resume desde la medicina: “Merece mucho la pena poner esta conversación alrededor del ámbito de la salud, y las implicaciones que tiene el aumento de la temperatura para la actividad física. Son cosas que pasan mucho por lo político. Al fin de cuentas, todo es un poco político y no podemos separar una cosa de la otra”.
No obstante, ninguna de esas medidas modifica la tendencia de fondo. La conclusión del informe es que la única forma efectiva de preservar las condiciones ideales en los días de carrera es reducir significativamente la quema de combustibles fósiles. Sin esa reducción, el deterioro continuará con independencia de los ajustes horarios o los protocolos de hidratación.





