• Científicos alertan que muchos de los partidos programados para la Copa del Mundo 2026 se jugarán bajo estrés térmico peligroso debido al cambio climático. Las alertas van desde la posible suspensión de la final hasta apagones urbanos por el uso masivo de aire acondicionado.

A pocos días de que ruede el balón en la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2026, la ciencia lanza una dura advertencia: el torneo de fútbol más grande de la historia no solo batirá récords de asistencia, sino que se jugará bajo condiciones de estrés térmico potencialmente peligrosas para futbolistas, trabajadores y aficionados debido al cambio climático provocado por la quema de combustibles fósiles.

Un análisis reciente de Climate Central revela que el calentamiento producto de la quema de carbón, petróleo y gas representa, en promedio, el 49% de todos los días extremadamente calurosos de junio y julio registrados desde 1970 en los 16 estadios que serán sede durante el certamen que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá.

“Casi todos los estadios sede del Mundial 2026 registran ahora más días de calor extremo durante el período del torneo (junio-julio) que durante el primer Mundial de América del Norte en 1970”, se lee en el análisis.

De hecho, los datos demuestran que las temperaturas extremas ahora se han vuelto frecuentes y el impacto es particularmente alarmante en los estadios abiertos. En Miami y la Ciudad de México, por ejemplo, los días de calor extremo durante estos meses se han multiplicado por siete en comparación con la última vez que fueron sedes mundialistas.

Estadios abiertos en alerta roja

De acuerdo con Climate Central, los cinco estadios donde el cambio climático ha tenido mayor influencia en el aumento de los días con calor extremo son:

  • Hard Rock Stadium (Miami, EE. UU.): El 95% de los días de calor extremo en junio y julio fueron causados por el cambio climático.
  • Estadio Azteca (Ciudad de México, México): El 92% de los días de calor extremo se atribuyen a la crisis climática. En este histórico recinto (que será el primero en albergar tres mundiales), los días con temperaturas extremas en junio-julio pasaron de un promedio de dos al año antes de la Copa del Mundo de 1986, a 11 días al año en la actualidad.
  • Estadio Monterrey (Monterrey, México): El 88% de los días de calor extremo son impulsados por el cambio climático.
  • Estadio Guadalajara (Guadalajara, México): El 71% de los días de calor extremo muestran la huella del calentamiento global.
  • NRG Stadium (Houston, EE. UU.): Un 59% de aumento debido al cambio climático.

Cada uno promedió al menos 10 días de calor extremo al año durante la última década, y solo el de Houston cuenta con un sistema de climatización completamente cerrado.

Estadio de Guadalajara. (Foto: COI).

El riesgo del calor húmedo

La preocupación científica va más allá del termómetro convencional. Un estudio de World Weather Attribution (WWA), realizado junto al sindicato global de futbolistas FIFPRO, analizó detalladamente las horas programadas para los 104 partidos del torneo utilizando el índice de Temperatura de Globo de Bulbo Húmedo (WBGT, por sus siglas en inglés), el cual evalúa cómo el cuerpo humano logra enfriarse combinando temperatura, humedad, viento y radiación solar.

Las conclusiones del reporte científico son contundentes: el 25% de todos los partidos programados se jugarán bajo condiciones que probablemente superarán los 26°C WBGT. Este es el límite exacto en el que FIFPRO aconseja que se implementen medidas de seguridad obligatorias, como pausas de enfriamiento para hidratación.

“Durante el Mundial de 2026, el riesgo por calor no debe juzgarse únicamente por la temperatura del aire. Un día a 30°C en condiciones secas y con brisa es muy diferente a un día a 30°C con alta humedad, sol fuerte y poco viento. La alta humedad reduce la evaporación del sudor, limitando el mecanismo de enfriamiento primario del cuerpo; por eso es tan importante la temperatura de globo de bulbo húmedo o WBGT”, comentó Chris Mullington, consultor del Imperial College Healthcare NHS Trust y profesor en el Imperial College London.

Según explicó Mullington, cuando el WBGT supera los 26°C, el rendimiento de los jugadores puede verse afectado, pero por encima de los 28°C, el riesgo de sufrir enfermedades graves relacionadas con el calor se vuelve más preocupante, no solo para los jugadores, sino también para los cientos de miles de aficionados que se encuentran en los estadios y en los festivales al aire libre.

“El golpe de calor es la forma más grave de enfermedad relacionada con el calor, pone en peligro la vida. Las personas mayores y aquellas con afecciones médicas preexistentes son particularmente vulnerables. Es esencial contar con una guía clara y objetiva para proteger tanto a los jugadores como a los aficionados si se produce un calor extremo durante el torneo”, dijo Mullington.

Según el informe científico, cerca de 5 encuentros podrían disputarse superando los 28°C de WBGT (el equivalente a unos 38°C de calor seco o 30°C con alta humedad). A este nivel, FIFPRO considera que las condiciones son inseguras para la práctica del deporte profesional y recomienda posponer los partidos.

“El hecho de que la propia final del Mundial —uno de los mayores eventos deportivos del planeta— corra un riesgo nada desdeñable de disputarse bajo un calor tan intenso que podría provocar su cancelación debería servir de llamada de atención para la FIFA y los aficionados. Esto pone de relieve la urgente necesidad de comprender que no hay ningún aspecto de la sociedad que no se vea afectado por el cambio climático”, destacó Friederike Otto, profesora de Ciencias del Clima en el Imperial College London.

Los científicos compararon los modelos actuales con las condiciones de la Copa Mundial disputada en Estados Unidos en 1994 y concluyeron que el cambio climático ha hecho que estas condiciones extremas sean significativamente más probables hoy que hace tres décadas, estirando al límite la salud de los atletas y de los más de 5 millones de hinchas esperados.

“Nuestra investigación demuestra que el cambio climático está teniendo un impacto real y medible en la viabilidad de celebrar Mundiales durante el verano del hemisferio norte. Puede que el Mundial de 1994 no les parezca especialmente lejano a muchos adultos de hoy, pero la mitad del cambio climático inducido por el ser humano ha ocurrido desde entonces”, dijo Otto.

En 2024, la selección argentina (actual Campeón del Mundo) jugó la Copa América en el Estadio de Miami. (Foto: COI).

Impacto en la salud y la logística local

Aunque las sedes ubicadas al norte o en la costa del Pacífico (como Vancouver o Seattle) gozarán de un clima fresco, ciudades como Dallas, Houston, Miami y Monterrey experimentarán niveles de calor húmedo sofocantes de forma regular.

La investigadora del Imperial College London, Joice Kimutai, advirtió que, si bien los organizadores intentaron mitigar el riesgo programando partidos más tarde en el día en zonas de alto peligro, el riesgo de jugar bajo condiciones totalmente inseguras sigue latente.

“Aunque los organizadores han intentado reducir el riesgo programando algunos partidos en lugares de alto riesgo —sin aire acondicionado, como Miami y Kansas City— para más tarde en el día, existe un riesgo muy real de que nos encontremos con partidos que se disputen en condiciones inseguras para los jugadores y los aficionados”, recalcó Kimutai.

A este panorama se suma la presión sobre las infraestructuras locales. En contextos de calor extremo, los transformadores y plantas eléctricas de las ciudades anfitrionas pueden fallar debido a la alta demanda energética.

En parte esto se debe al “efecto horno” en los transformadores locales. Los transformadores de los barrios y zonas comerciales aledañas a los estadios necesitan descansar y enfriarse, especialmente durante la noche. En sedes con noches sofocantes como Miami, Monterrey o Houston, por ejemplo, si la temperatura nocturna no baja lo suficiente, los transformadores que operaron a máxima capacidad durante el día no lograrán liberar el calor acumulado.

En ese momento se produce el fallo, ya que el aislamiento interno del transformador se degrada rápidamente. Bajo una demanda masiva (por ejemplo, miles de comercios, hoteles y hogares climatizando sus espacios en las horas previas o posteriores a un partido), el equipo simplemente se quema o estalla, dejando vecindarios enteros a oscuras de forma imprevista.

Otra presión sobre la infraestructura viene por el requerimiento de refrigeración de los estadios, sobre todo los más grandes y modernos, ya que consumen una cantidad de energía equivalente a la de una pequeña ciudad cuando están operando a su máxima capacidad.

Si la red de la ciudad está al límite de su capacidad por una ola de calor regional, las empresas de servicios se verán obligadas a realizar apagones rotativos (cortes programados en diferentes sectores de la ciudad por bloques de 1 o 2 horas). Esto se hace para aliviar la carga total de la red y evitar que colapse todo el sistema interconectado, priorizando mantener el flujo eléctrico hacia el estadio y servicios críticos como hospitales.

El calor extremo también afecta las líneas de transmisión de alta tensión que llevan la electricidad desde las plantas generadoras hasta las ciudades anfitrionas. En zonas áridas o con calor extremo continental como Dallas o Monterrey, el aire extremadamente caliente frena la capacidad de las líneas eléctricas para disipar calor. Por leyes de la física, el metal de los cables se expande, lo que hace que las líneas se estiren en dirección al suelo (guinden), aumentando el riesgo de cortocircuitos si tocan ramas de árboles. Además, la resistencia eléctrica aumenta con el calor, lo que significa que se pierde más energía en el camino en el momento exacto en que la ciudad necesita hasta el último megavatio disponible.

Ahora bien, muchas plantas de energía térmica (incluso las de gas o carbón) necesitan agua fría de ríos o lagos, o aire fresco para enfriar sus propios sistemas y generar electricidad de manera eficiente.

Si una ola de calor golpea una sede interior y calienta los cuerpos de agua locales, estas plantas termoeléctricas tendrían que reducir su producción de energía (un fenómeno técnico llamado derating) porque no pueden enfriarse adecuadamente. Así, en el peor momento posible —cuando la demanda urbana y de los estadios está en lo máximo—, la capacidad de generar energía disminuye.

Estos son algunos ejemplos de escenarios hipotéticos. Lo cierto es que sin políticas climáticas y una revisión profunda de los calendarios deportivos globales en un planeta que se calienta, el futuro del deporte rey se enfrenta a límites físicos infranqueables.

El pitazo inicial de este Mundial no solo inaugura una fiesta deportiva, sino también una ventana a la nueva e inclemente realidad climática.

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