- Un análisis global advierte que la acumulación de gases de efecto invernadero provocará un colapso ecológico progresivo en los hábitats terrestres. Los investigadores señalan que acelerar la transición energética y respetar el Acuerdo de París son las únicas vías para mitigar este riesgo inminente.
Para el año 2085, el 36% de los hábitats donde viven animales silvestres se verán expuestos a múltiples eventos climatológicos extremos ―como olas de calor, inundaciones, sequías e incendios forestales― si las emisiones de gases de efecto invernadero se mantienen medio-altas, de acuerdo con un reciente estudio publicado por la revista Nature Ecology and Evolution.
Estas emisiones se derivan de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), las cuales se acumulan en la atmósfera y ocasionan el aumento de los eventos extremos. Cuanto mayor es el nivel de emisiones, mayor es el incremento proyectado en la frecuencia de estos eventos.
De hecho, en un escenario de altas emisiones, el riesgo para los ecosistemas asciende al 44% y lo más preocupante es que estos múltiples eventos extremos podrían golpear de manera simultánea a los hábitats naturales, advirtieron los investigadores.
El impacto de estos eventos extremos en las especies se relaciona con el estrés térmico y deshidratación, reducción de la condición corporal y la fecundidad, abandono de nidos/crías, destrucción de hábitat y, en los peores casos, mortalidad directa que llevará a declives poblacionales.

Los investigadores llegaron a estas conclusiones tras la revisión de 519 estudios, donde se evaluaron 33.936 especies de vertebrados terrestres (anfibios, aves, mamíferos y reptiles) y 794 ecorregiones a escala global. En 57% de ellos se documentaron respuestas negativas de las especies ante eventos extremos, incluidos 100 casos en los que hubo un descenso poblacional superior al 25%. De igual manera se registraron 31 casos en los que especies nativas desaparecieron a nivel local después de un evento extremo.
La sucesión rápida o simultánea de estos eventos extremos impide la recuperación de la flora y la fauna, empeorando los daños. Por ejemplo, tras los incendios forestales de 2019-2020 en Australia, se observó un declive de especies entre un 27% y 40% mayor en zonas que venían de sufrir una sequía previa.
Impacto por evento
Los investigadores incluso llegaron a calcular el impacto por tipo de evento para el año 2050 en un escenario de emisiones medio-altas. De esta forma, y debido a las olas de calor, el 74% del área de distribución actual de los vertebrados terrestres estará expuesta.
De hecho, las olas de calor se consolidaron como el evento meteorológico más frecuente y devastador de nuestra época. Para dimensionar la magnitud de esta crisis, en el año 2000 solo el 18% de los hábitats del planeta estaban expuestos a estas anomalías térmicas. Sin embargo, si se continúa en una trayectoria de altas emisiones, ese porcentaje se disparará de forma alarmante hasta alcanzar el 93% para el año 2085, dejando a casi la totalidad de los ecosistemas en una situación de vulnerabilidad extrema.
En el caso de incendios forestales, el 16% de los hábitats estarán expuestos al 2050, alcanzando el 25% para el 2085. Entre las zonas que se verán más afectadas se encuentran la cuenca del Amazonas, el sur de África y el sudeste asiático, las cuales se convirtieron en puntos críticos debido a los cada vez más frecuentes fuegos.

Debido a la sequía, el 8% de los hábitats estarán expuestos al 2050, subiendo al 14% para 2085. Y en lo que respecta a inundaciones, el 3% de los hábitats estarán expuestos al 2050 y el 5% en el 2085.
Las proyecciones para las ecorregiones es de que 22 ecorregiones sufrirán dos o más tipos de eventos extremos simultáneos o consecutivos en al menos el 50% de su área para 2050. Para 2085, la cifra se elevará drásticamente a 236 ecorregiones.
Acuerdo de París es clave
Para los investigadores, el panorama cambia cuando los esfuerzos de conservación se alinean con lo que se estipula en el Acuerdo de París.
Este tratado internacional, adoptado en 2015, funciona como una hoja de ruta para combatir el cambio climático. Su objetivo central es mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2°C respecto de los niveles preindustriales, redoblando esfuerzos para limitarlo idealmente a 1,5°C. Para lograrlo, el acuerdo exige que las naciones presenten planes de acción climática, cada vez más estrictos, para reducir drásticamente sus emisiones de gases de efecto invernadero.
Si se acelera la transición energética y se reduce el uso de combustibles fósiles a un ritmo lo suficientemente rápido como para cumplir con dicho tratado, la exposición global de los hábitats para 2085 se limitaría al 65% en lugar del 93%.
“Todavía podemos marcar una gran diferencia reduciendo las emisiones lo más rápido posible a partir de hoy”, comentó Stefanie Heinicke, autora principal del estudio e investigadora posdoctoral del Instituto de Potsdam para la Investigación sobre el Impacto Climático (PIK, por sus siglas en inglés).
En términos prácticos, y según concluye el estudio, tomar decisiones climáticas firmes hoy y respetar el Acuerdo de París para el año 2100 representa la diferencia entre afrontar un escenario de colapso ecológico generalizado o mitigar el riesgo global de un preocupante 36% a un margen mucho más controlable y seguro de menos del 10%.





