- El Servicio de Cambio Climático de Copernicus reporta que agosto fue el mes más cálido jamás registrado, impulsado por la quema de combustibles fósiles y la rápida intensificación de El Niño en el Pacífico.
El planeta volvió a cruzar un umbral crítico. Durante agosto de 2026, la temperatura media del aire en la superficie terrestre alcanzó los 16,96 °C, empatando con julio de 2023 como el mes más cálido jamás registrado a nivel global.
Este comportamiento térmico superó en 1,65 °C el promedio estimado para el periodo preindustrial entre 1850 y 1900, convirtiendo a agosto de 2026 en el primer mes en sobrepasar el límite de los 1,5 °C de calentamiento desde noviembre de 2025.
Según los datos recopilados por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), implementado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), las observaciones científicas se remontan a 1940, pero evidencias como los núcleos de hielo, los anillos de los árboles y los esqueletos de coral permiten ubicar este fenómeno en un contexto histórico aún mayor.
En ese sentido, Samantha Burgess, líder estratégica del clima en ECMWF, afirmó que “los humanos probablemente no han visto temperaturas tan elevadas como las actuales, al menos en los últimos 100.000 años”.

Burgess también destacó la dimensión del impacto actual al señalar que “agosto de 2026 fue un mes extraordinario en el registro climático mundial. Fue tanto el agosto más cálido como el mes más cálido jamás registrado, con temperaturas globales que alcanzaron 1,65 °C por encima de los niveles preindustriales, lo que marca el retorno de las temperaturas globales por encima de los 1,5 °C. Combinadas con temperaturas récord en la superficie del mar a nivel global y el verano más cálido registrado para Europa occidental, estas observaciones muestran cómo el cambio climático está impulsando extremos tanto en la atmósfera como en los océanos. Las comunidades, las economías y los ecosistemas de todo el mundo están sintiendo cada vez más los impactos de estas condiciones”.
Frente a la divulgación de estos datos, la respuesta de los organismos internacionales fue categórica. El jefe de clima de Naciones Unidas, Simon Stiell, aseveró que “la evidencia es irrefutable: este es el precio en espiral de la adicción de la humanidad a los combustibles fósiles y de la crisis climática global que está alimentando”. Advirtió que el planeta continuará su avance hacia niveles jamás vistos hasta que la humanidad desista de los combustibles fósiles.
Océanos más calientes
El calentamiento no se detuvo en la superficie terrestre. Las temperaturas de las superficies marinas alcanzaron un máximo diario mundial e igualaron el récord histórico para un mes de agosto con 21,07 °C en los océanos extrapolares, prolongando una racha de tres meses de temperaturas sin precedentes en los océanos del planeta.
Este fenómeno se enmarca en una tendencia en la que los océanos han alcanzado 100 días consecutivos de calor récord. El océano ha absorbido el 93% del exceso de calor atrapado en la Tierra por la quema de combustibles fósiles, a una tasa que en los últimos 20 años supera el doble de la registrada en los 40 años previos, añadiendo solo en la última década unos 104 zettajulios de energía equivalente a 1.700 millones de bombas atómicas.
Marcadores récord se registraron en el Atlántico, el Mediterráneo y el Pacífico tropical, donde un evento de El Niño —el más intenso de la era moderna— gana fuerza rápidamente y podría llevar a que 2026 o 2027 se posicionen como los años más calurosos jamás observados a medida que alcance su pico hacia diciembre.

No obstante, este fenómeno actúa sobre un calentamiento de fondo ya acelerado: los años actuales de La Niña son más cálidos que los años de El Niño del pasado, y la capacidad del océano para actuar como amortiguador térmico y absorber dióxido de carbono se está debilitando de manera preocupante.
Las repercusiones ecostémicas y socioeconómicas de este sobrecalentamiento se extienden a escala global y regional, haciendo que las olas marinas de calor sean diez veces más intensas y duren tres veces más que en el pasado.
Tom Pickerell, director global del Programa Oceánico y jefe de la Secretaría del Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible del World Resources Institute, advirtió sobre la dimensión del problema al señalar que “estamos en camino de alcanzar cien días de calor oceánico récord, y eso debería preocupar a cada ministro de finanzas, no solo a cada ministro de medio ambiente. Un océano más caliente altera las pesquerías y el suministro de alimentos, daña los arrecifes y las playas que sostienen el turismo, somete a tensión la infraestructura energética y alimenta el clima extremo que afecta a las comunidades y los negocios costeros”.
En América Latina y el Caribe, los impactos se manifiestan directamente en la biodiversidad y la economía local. El recalentamiento de las aguas alimentó huracanes de gran intensidad como Beryl en 2024 y Melissa en 2025, además de acelerar la erosión de las playas en Chile, amenazando pérdidas millonarias para el sector turístico. En el ámbito de la seguridad alimentaria, El Niño Costero redujo drásticamente la captura de anchoveta en Perú durante la primera temporada de 2026, provocando una caída interanual del 73% en su sector pesquero en mayo.
La degradación de los ecosistemas marinos muestra cifras sin precedentes en la región. La cobertura de coral vivo en el Caribe ha disminuido un 43% en comparación con el periodo 1980-2009, mientras que el Sistema Arrecifal Mesoamericano atravesó el episodio de blanqueamiento más grave de su historia.
Sobre este colapso ecológico, Melanie McField —directora ejecutiva de Healthy Reefs for Healthy People— explicó que “el calentamiento de nuestros océanos está teniendo impactos visibles en todo el mundo. Por ejemplo, entre 2023 y 2024, prácticamente todo el Sistema Arrecifal Mesoamericano estuvo expuesto a un grave estrés térmico, con aproximadamente la mitad de los corales gravemente afectados por el blanqueamiento. Este extenso sistema arrecifal perdió alrededor de la mitad de su coral vivo entre 2023 y 2025, la mayor pérdida generalizada jamás registrada”, dejando la cobertura viva de este sistema reducida a apenas un 17%.

Impactos
Los efectos continentales de esta dinámica ya se perciben con especial gravedad a nivel global. Los datos provistos por Copernicus revelaron que aproximadamente 1.300 millones de personas en todo el mundo vivieron, entre junio y agosto, el verano boreal más caluroso de la historia.
En esa misma línea, una investigación de Climate Central precisa que más de 1.500 millones de personas —equivalente a más de un cuarto de la población mundial— pasaron un mes o más expuestas a días de calor de riesgo que se hicieron significativamente más probables por el cambio climático impulsado por la actividad humana.
Las escalas de esta exposición territorial abarcan 203 países, donde el habitante promedio enfrentó al menos 30 días con una fuerte influencia de la alteración climática, mientras que 54 naciones vivieron el periodo de junio a agosto más cálido del que se tenga registro desde 1970.
En Asia, la afectación alcanzó su mayor volumen poblacional, con 2.800 millones de personas (el 58% de su población) expuestas a un mes o más de temperaturas peligrosas, encabezadas por India, China e Indonesia. En África, países como Ruanda, Uganda y Etiopía experimentaron temperaturas fuertemente influenciadas por el calentamiento en más del 95% de los días del trimestre.
En Europa, siete de los diez países anormalmente más calurosos del mundo pertenecieron a este continente, situando a Francia y la Santa Sede a la cabeza global. Cerca de nueve de cada diez europeos (un 89% de la población) sufrieron un mes completo de calor riesgoso, mientras que once países del oeste europeo sufrieron un verano sofocante que superó la marca histórica de 2003. En esta región, recuentos de informes de salud de ocho países suman al menos 35.000 muertes adicionales asociadas directamente al calor entre mediados de junio y finales de agosto.

Al evaluar estas condiciones, Kristina Dahl —vicepresidenta de Ciencia de Climate Central— afirmó que “nuestro análisis revela un patrón global aterrador: ya sea nueve de cada diez europeos soportando un calor riesgoso, cientos de millones impactados en Asia y África, o temperaturas récord implacables en América del Norte, el calentamiento provocado por el ser humano está empujando a las comunidades más allá de los límites físicos seguros. Estos últimos tres meses son una señal de advertencia que no podemos darnos el lujo de ignorar; los costos humanos y económicos de los combustibles fósiles se están jugando en tiempo real, y la urgencia de alejarse de ellos nunca ha sido más clara”.
Científicos de World Weather Attribution concluyeron que la ola de calor vivida en Europa habría sido prácticamente imposible sin la influencia del cambio climático. Este patrón extremo alimentó incendios forestales sin precedentes —como en Indonesia—, graves sequías y una presión insostenible sobre los servicios de emergencia y salud.
El déficit de precipitaciones secó ríos emblemáticos como el Rin, el Danubio, el Bug Meridional, el Dniéper, el Sena y el Ródano, dejando caudales en mínimos históricos y afectando el transporte, la agricultura y los ecosistemas locales. De forma paralela, la cobertura de hielo marino en el Ártico cayó al duodécimo nivel más bajo registrado para agosto, mientras que en la Antártida se posicionó como el cuarto más bajo.
Combustibles fósiles: el motor detrás de la crisis
La comunidad científica reitera que el factor de fondo sigue siendo el modelo energético actual. La científica climática del Imperial College de Londres, Friederike Otto, enfatizó que “corro el riesgo de sonar como un disco rayado, pero estas cifras no deberían sorprender a nadie. No hace falta ser un científico del clima para ver la evidencia del cambio climático, solo basta con mirar por la ventana. Mientras que El Niño está empezando a intensificar el calor, el factor subyacente sigue siendo nuestra implacable quema de combustibles fósiles. El cambio climático hace que cada fenómeno de El Niño sea más cálido, y hasta que no dejemos de quemar carbón, petróleo y gas, estos meses que rompen récords simplemente seguirán llegando”.
Por su parte, Clair Barnes —investigadora de Clima y Tiempo Extremo en el Imperial College de Londres— concluyó que “detrás de estas cifras hay un coste humano muy real. En todo el Reino Unido y Europa, el calor extremo de este verano perturbó las escuelas, tensionó los hospitales, afectó la producción de alimentos, alimentó incendios y sequías, y se cobró decenas de miles de vidas. A menudo me preguntan si esta es la 'nueva normalidad'. La respuesta sencilla es no. Hasta que no dejemos de quemar combustibles fósiles, estos récords seguirán cayendo y los extremos empeorarán más rápido de lo que somos capaces de adaptarnos. Crucialmente, qué tanto permitamos que empeore sigue estando en nuestras manos”.





