- Aunque casi 200 países acordaron 50 decisiones técnicas, persiste un déficit financiero crítico, escasa protección marina y atrasos en la reforma a subsidios destructivos con la naturaleza.
Tras dos semanas de tensas negociaciones que se extendieron hasta la madrugada del último día, la 17ª Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica (COP17) llegó a su fin en la capital armenia.
Casi 200 países alcanzaron un acuerdo denominado como la Vía de Ereván, un paquete de 50 decisiones orientadas a responder al primer examen global sobre el avance del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (KMGBF, por sus siglas en inglés) y volver a encauzar las metas hacia 2030.
Sin embargo, el ambiente en la plenaria final fluctuó entre los aplausos protocolares y un amargo desencanto. El informe de progreso expuso graves brechas en la implementación, una enorme brecha en el financiamiento, estancamiento en la reforma de incentivos destructivos y un atraso crítico en la protección de los océanos y los derechos indígenas.
“Y eso es todo. Perfecto”, declaró el presidente de la COP17, Hambardzum Matevosyan, al hacer sonar el mazo de aprobación en la apertura de la sesión nocturna de cierre. Matevosyan añadió posteriormente que “a lo largo de estas dos semanas hemos demostrado que se pueden tender puentes sobre las diferencias, que los compromisos pueden convertirse en decisiones y que la cooperación puede dar resultados”, destacando la determinación colectiva reflejada en la Vía de Ereván.
No obstante, las voces del sector ambientalista e incluso de delegaciones oficiales recalcaron la insuficiencia de los textos. Monique Barbut, ministra de Transición Ecológica de Francia, señaló tajantemente que “los avances que no logramos obtener aquí son otras tantas oportunidades perdidas para acelerar nuestra respuesta a la pérdida de biodiversidad”, recordando que “la naturaleza no esperará al ritmo de nuestras negociaciones”.

Por su parte, Steven Guilbeault, exministro de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá y uno de los negociadores del KMGBF en 2022, advirtió:
“Hace cuatro años sabíamos que no había tiempo que perder. Cuatro años después, los resultados de la COP17 dejan una cosa dolorosamente clara: la naturaleza no puede permitirse el ritmo de nuestra política”.
An Lambrechts, experta en política de biodiversidad en Greenpeace Internacional, coincidió en la insuficiencia del ritmo multilateral:
“La COP17 ha dado pasos constantes en lugar de grandes titulares y ha mantenido las cosas en marcha; pero el ritmo y la escala de la acción siguen estando por debajo de lo que exige la crisis de biodiversidad. Las promesas políticas hechas en Ereván sientan buenas intenciones, pero no eliminarán los principales obstáculos a la implementación”.
Acuerdos alcanzados
Entre los logros destaca la aprobación de las Directrices de Sevan, las cuales fijan las reglas de operación para el nuevo órgano subsidiario permanente del Artículo 8(j) del Convenio de Diversidad Biológica (CDB), fortaleciendo la estructura de participación de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales.
Asimismo, las delegaciones lograron adoptar acuerdos sobre las sinergias entre el cambio climático y la biodiversidad, sentando un precedente de cara a la próxima cumbre del clima (COP31) que se celebrará en Turquía a partir del 9 de noviembre.

En el ámbito financiero, la conferencia dio anuncios por casi 2.000 millones de dólares en nuevos fondos, que incluyen 560 millones de dólares bajo la reposición del GEF-9 y su Fondo del Marco Mundial de Biodiversidad, 500 millones a través de la Species Recovery Alliance y más de 330 millones de dólares mediante el Value Nature Fund para movilizar capital privado. También se presentaron iniciativas como un incubador de inversiones y bonos de biodiversidad del Banco Asiático de Desarrollo, una propuesta de ley marco sobre bosques y los nuevos indicadores y métricas sobre el estado de la naturaleza para mejorar la rendición de cuentas.
Astrid Schomaker, secretaria ejecutiva de CDB, defendió el esfuerzo diplomático al destacar que los negociadores lograron avances importantes, recordando que “los próximos cuatro años deben traer aceleración y alineación con lo que acordamos. No podemos proteger la naturaleza mientras continuamos financiando su destrucción. Los recursos deben llegar a los países y comunidades que los necesitan”.
En esa misma línea, Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), valoró el resultado.
“En Ereván vimos prevalecer una vez más el multilateralismo ambiental. Los países se unieron, encontraron el espíritu de compromiso y nos permitieron acordar decisiones importantes que respaldarán un progreso real para las personas y el planeta”, dijo Andersen.
Guido Broekhoven, director global de Política Multilateral de WWF Internacional, agregó que “contra la ola de presiones que enfrentan los gobiernos a nivel nacional en este momento, los países se han unido en Ereván para acordar esfuerzos colectivos que impulsen la acción por la naturaleza; eso es algo de lo que estar orgullosos”.

Lo que quedó por fuera
A pesar de los discursos oficiales, la lista de compromisos inconclusos y metas postergadas sobrepasa a las decisiones adoptadas. El problema más urgente sigue siendo el déficit financiero.
Para salvar hábitats naturales y especies en peligro, el planeta requiere unos 700.000 millones de dólares adicionales al año. El flujo internacional de recursos privados y públicos para áreas protegidas ha descendido por segundo año consecutivo, cayendo de más de 1.200 millones en 2023 a 1.000 millones en 2025.
El Fondo Cali —creado para que las empresas de medicina y cosmética que lucran con la información genética digital compartan sus ganancias con los países de origen— se convirtió en la mayor decepción de la cumbre. Con una meta fijada de recaudar 1.000 millones de dólares al año a partir de 2025, hasta la fecha de cierre de la COP17 solo había logrado reunir la exigua cifra de 10.000 dólares.
Lambrechts criticó duramente el papel del sector privado en este estancamiento:
“Las gigantescas corporaciones hicieron todo lo posible para que el Fondo Cali siguiera siendo voluntario hace dos años, y luego hicieron todo lo posible para evitar que funcionara en Ereván. Es inaceptable que las grandes multinacionales obtengan enormes beneficios de lo que extraen de la naturaleza mientras contribuyen muy poco a su protección”.
La protección marina emergió como otra gran asignatura pendiente. Actualmente, solo el 10% del océano está protegido. Pauli Merriman, directora interina de Océanos de WWF Internacional, recalcó la gravedad del rezago. “El mensaje del examen global en la COP17 es claro: los compromisos nacionales existentes nos llevarían solo al 12% para 2030, muy lejos de la meta del 30%”. Además, la cumbre no logró acordar un reconocimiento contundente al Tratado de Alta Mar.
Jehki Härkönen, asesor principal de políticas de Greenpeace, advirtió sobre la falta de protección efectiva. “Hoy en día, solo un diminuto porcentaje del océano está completamente protegido de los enormes barcos de pesca industrial que extraen millones de toneladas de vida marina cada año. Los gobiernos deben aprovechar la primera cumbre del océano en Nueva York, este enero, para crear grandes áreas marinas protegidas vedadas a la pesca industrial”, dijo.

Brianna Fruean, activista ambiental de Samoa y embajadora de Together for the Ocean, expresó la frustración de las comunidades del Pacífico:
“Se suponía que la COP17 sería un punto de inflexión. En cambio, los compromisos están avanzando a la pata coja. La financiación no está ni de lejos donde se necesita, las divisiones políticas continúan frenando el progreso y las comunidades están pagando el precio”.
Por otro lado, aunque se abrieron espacios institucionales para los pueblos originarios, Greenpeace alertó que la cumbre recortó garantías clave de soberanía. Bonaventure Bono, campañista de bosques y biodiversidad de Greenpeace África, denunció que “la COP17 no reconoció el derecho a la libre determinación de los Pueblos Indígenas y las comunidades locales, ni estableció un lenguaje firme sobre sus derechos. Crear espacios institucionales no es suficiente. Lo que importa es garantizar su influencia real sobre la gobernanza y su capacidad para tomar decisiones que afecten a sus territorios”.
La ciencia también sufrió embates durante las dos semanas de negociación. Linda Krueger, directora global de Política de Biodiversidad de The Nature Conservancy (TNC), lamentó la interferencia geopolítica en los insumos técnicos. “Nos preocupa que la ciencia sea apartada con demasiada frecuencia a medida que las tensiones geopolíticas afectan las negociaciones. La ciencia es el pilar del proceso del CDB y el trabajo del IPBES debe continuar guiando las decisiones”, recalcó.
Desde la sociedad civil, la organización The Common Initiative calificó el encuentro en Armenia como una muestra de estancamiento estructural. Aleksandar Rankovic, analista de la organización, enfatizó que “después de 20 años de fracaso, el Marco de Kunming-Montreal se concibió para detener la pérdida de biodiversidad. La COP17 demostró que aún no estamos allí. Lo que falta es la voluntad de utilizar el marco. La década no va a esperar”.

La controversia de los subsidios
Uno de los debates más encarnizados y con menos avances vinculantes en Ereván fue la reforma de las subvenciones e incentivos gubernamentales que financian actividades destructivas como los combustibles fósiles, la agricultura intensiva y la sobrepesca (Meta 18 del KMGBF).
Aunque la Presidencia armenia impulsó el Llamado de Ereván sobre los incentivos positivos para la biodiversidad, analistas criticaron que estas iniciativas paralelas no sustituyen los compromisos obligatorios dentro del texto oficial.
Catherine Weller, directora de Política Global de Fauna & Flora, destacó que “la conversación ha avanzado en la reducción y redireccionamiento de subsidios dañinos para la naturaleza, aunque el texto final podría haber sido mucho más fuerte”.
No obstante, otros analistas sostienen que las discusiones formales esquivaron las reformas de fondo. Oscar Soria, analista de The Common Initiative, manifestó que la diplomacia multilateral sigue eludiendo el centro del problema:
“En lugar de perder años debatiendo nuevos fondos, que en el mejor de los casos operarán en 2030, la conversación sobre la eliminación de subsidios perjudiciales debe entrar a las salas de negociación de forma seria. Las decisiones reales se deben tomar dentro del recinto, no en declaraciones paralelas”.
El dilema de las subvenciones expone la paradoja global: mientras los gobiernos argumentan presupuestos tensionados por crisis energéticas y conflictos armados para recortar la ayuda al desarrollo, continúan inyectando billones en sectores extractivos que destruyen los ecosistemas.

Ecuador, sede de la COP18
Durante la sesión de cierre, los países miembros eligieron mediante votación a Ecuador como la sede de la próxima COP18 de Biodiversidad, a celebrarse en 2028. El presidente de la COP17 anunció la victoria de Quito con 55 votos frente a los 53 obtenidos por Ciudad de Panamá.
Con la mirada puesta en la COP31 del Clima en Turquía y el horizonte de la COP18 de Biodiversidad en Quito, la diplomacia ambiental concluye su paso por Armenia dejando en evidencia que el marco teórico existe, pero la voluntad política y el financiamiento real siguen en números rojos.





