• Una masa de hielo y roca desprendida a 5.200 metros de altitud represó el río Lhende Khola y desató una riada mortal que bajó por el río Bhote Koshi. El desastre reaviva la alerta científica sobre la inestabilidad del permafrost y la vulnerabilidad de las comunidades aguas abajo ante el avance del calentamiento global.

Este miércoles, la frontera entre Nepal y China experimentó un desastre en cascada que inició como un desprendimiento glaciar en la cima de las montañas del Himalaya para convertirse en una riada (crecida repentina del río) que impactó aguas abajo, dejando al menos 1.468 desaparecidos y 392 muertos en su recorrido de 170 kilómetros.

La riada impactó el condado de Gyirong, en el Tíbet, y descendió hacia Nepal a través del valle del río Bhote Koshi para luego avanzar por el valle del Trishuli, en el distrito de Nuwakot, al norte de Katmandú.

Tras la catástrofe, los primeros análisis señalan el colapso repentino de un glaciar como la principal causa. “Un gran trozo de glaciar se desprendió desde unos 5.200 metros de altitud”, explicó Simon Cox, científico principal del instituto neozelandés GNS Science, a la AFP.

“Se transformó en una masa arrolladora de detritos (...) que arrastró rocas, sedimentos, árboles y todo lo que se interponía en su camino, y lo lanzó a toda velocidad por el cañón”, continuó Cox.

El derrumbe de ese glaciar provocó una avalancha que se adentró en el río Lhende Khola, que forma parte del sistema fluvial del Trishuli. Esto provocó un represamiento que hizo que el nivel del río Trishuli subiera hasta nueve metros en tan solo 30 minutos.

Tras la ruptura de la presa natural y la subida violenta del cauce, la masa de agua, lodo y escombros generó una destrucción en cadena aguas abajo. La ola de barro arrolló asentamientos a lo largo del corredor fluvial, como Timure, Syaphrubesi y Mailung (en Rasuwa), así como zonas habitadas en Nuwakot y Dhading. Viviendas completas y pequeñas economías locales quedaron bajo capas profundas de sedimento o simplemente desaparecieron.

El flujo arrasó más de 30 puentes (peatonales y vehiculares) y destruyó tramos críticos (unos 40 km) de la carretera transfronteriza. También afectó gravemente instalaciones hidroeléctricas en la cuenca y destruyó el paso fronterizo clave de Gyirong Port.

La caída de redes eléctricas y torres de telecomunicaciones cortó la comunicación en distritos del norte. Varios poblados quedaron totalmente incomunicados.

Tras analizar imágenes de satélite, señales sísmicas, grabaciones de vídeo, modelos numéricos y datos climáticos regionales, los científicos del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD, por sus siglas en inglés) llegaron a la conclusión de que lo más probable es que el suceso fuera provocado por una avalancha de hielo y rocas, y no por una inundación provocada por el desbordamiento de un lago glaciar (GLOF, por sus siglas en inglés).

A diferencia de los peligros que pueden supervisarse mediante el aumento del nivel del agua o los lagos glaciares conocidos, las avalanchas de hielo y rocas pueden originarse en laderas inestables, glaciares o zonas situadas bajo la superficie visible. Detectar dónde y cuándo pueden producirse estos desprendimientos sigue siendo extremadamente difícil.

"Se trató de una catástrofe sin precedentes e inesperada. Simplemente no hubo detección alguna ni tiempo para emitir una alerta. Se trató de un peligro de aparición repentina que los sistemas de alerta convencionales no pudieron detectar. Sin embargo, si hubiera existido un sistema de alerta temprana, podría haber salvado vidas en cierta medida. Pero en este tipo de avalanchas de roca y hielo, resulta muy difícil establecer un sistema de alerta que permita determinar con certeza la ubicación de los puntos de ruptura, que a veces pueden encontrarse por debajo del lecho rocoso o de los glaciares y no son fácilmente visibles ni con satélites ni a simple vista", declaró Farooq Azam, especialista senior en criosfera y director de intervenciones del ICIMOD.

No obstante, los investigadores siguen estudiando la secuencia exacta de los acontecimientos y si influyeron en ellos cambios a largo plazo, como la degradación del permafrost y la inestabilidad de los taludes rocosos.

Al día siguiente de la tragedia, algunos investigadores habían sugerido que el desastre pudo haberse producido por un desborde violento de un lago glaciar o GLOF, un riesgo creciente a medida que los glaciares se derriten debido al cambio climático. Los GLOF ocurren cuando una frágil pared de escombros, que retiene un lago formado por el derretimiento del glaciar, se derrumba repentinamente, liberando el agua que se encuentra detrás.

Lo cierto es que el desprendimiento del glaciar, que dio origen a la avalancha, fue registrado por los sismógrafos como un sismo de magnitud 5,2, según el Instituto Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés).

Calcular exactamente cuánta parte del glaciar se derrumbó llevará tiempo, dijo Cox, pero podría oscilar entre “medio millón de metros cúbicos y decenas de millones de metros cúbicos”.

Cambio climático

Aunque aún es pronto para atribuir al cambio climático el desprendimiento de este glaciar, sí existe evidencia científica de que el calentamiento del planeta es un precursor del retroceso de los glaciares en el mundo.

En las últimas tres décadas, las zonas cubiertas de glaciares en el Himalaya han disminuido significativamente a medida que las temperaturas aumentan. Los modelos climáticos globales proyectan que la región se está calentando más rápido que la media mundial, con aumentos de temperatura que oscilarían entre los 2 °C y los 5 °C para finales del siglo XXI.

Bajo escenarios de altas emisiones, se prevé que los glaciares del Himalaya podrían perder más del 60% de su volumen actual de hielo para el año 2100. Incluso en los escenarios más moderados, podría desaparecer hasta un 35% del hielo de los glaciares.

Según un informe reciente del ICIMOD, los glaciares del Hindu Kush-Himalaya (HKH) se están reduciendo rápidamente debido al cambio climático, y la pérdida de masa se ha acelerado significativamente desde el año 2000. Más de 50 años de observaciones muestran que alrededor del 89% de los años registrados presentaron un balance de masa glaciar negativo, lo que indica un retroceso constante.

La región del Himalaya ha experimentado un calentamiento significativo en el siglo XXI, con tasas que oscilan entre 0,15 °C y 0,60 °C por década, lo que supera con creces la media mundial de 0,74 °C por siglo.

"Las montañas de Nepal llevan una década lanzándonos señales de alerta: glaciares que se reducen, líneas de nieve que retroceden, permafrost que se convierte en nieve derretida bajo las carreteras y las centrales hidroeléctricas que, a pesar de todo, seguimos construyendo. No nos faltaban los datos científicos, ya que los investigadores llevan cincuenta años haciendo un seguimiento de este declive. Lo que nos faltaba era la voluntad política para actuar al respecto", dijo Anjal Prakash, catedrático de Políticas Públicas de la Universidad FLAME y autor del IPCC.

Esta pérdida de glaciares ya está afectando la disponibilidad de agua, aumentando el riesgo de inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares o GLOF y amenazando los medios de vida de casi 2.000 millones de personas que dependen de estos sistemas hídricos en India, Nepal, Bután, Bangladés, Pakistán, Afganistán, China y Myanmar. A pesar de los avances en materia de seguimiento, solo se ha estudiado una pequeña parte de los glaciares y la cobertura de los datos sigue siendo desigual.

A medida que los glaciares se derriten, se forman nuevos lagos y se amplían los que ya existen. Según un estudio, que data del 2020, el volumen de los lagos glaciares aumentó casi un 50% entre 1990 y 2018 a nivel mundial.

El glaciar Mendenhall, en Alaska, está retrocediendo rápidamente.(Créditos: U.S. Department of Agriculture)

Más recientemente, en el 2025, un estudio concluyó que las inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares o GLOF son cada vez más probables y esto se debe a que las altas temperaturas han ido aumentando a causa del calentamiento global, lo cual derrite las masas de hielo y esto a su vez favorece la formación de lagos glaciares.

Los lagos glaciares no son tan estables como otros lagos. Se forman por represamiento de rocas sueltas y escombros que son empujados hacia la parte frontal y laterales del glaciar. Justamente eso los hace inestables, ya que ese represamiento puede ceder y provocar inundaciones.

Ya desde 2020 los científicos venían advirtiendo que estos lagos glaciares podrían desbordarse. Un estudio, publicado ese año, reveló que se están formando más lagos glaciares en el Himalaya.

En total, los investigadores cartografiaron 3.624 lagos glaciares en las cuencas de los ríos Koshi, Gandaki y Karnali, que abarcan territorios de Nepal, China e India. De ellos, 1.410 tienen una superficie igual o superior a 0,02 kilómetros cuadrados, esto los hace lo suficientemente grandes como para causar graves daños en caso de desbordarse.

Sin embargo, unos 47 son realmente peligrosos y podrían desbordarse, inundando las zonas situadas río abajo. Esto ya ha pasado. Desde la década de 1980, se produjeron 24 GLOF: 14 tuvieron lugar en Nepal y 10 en la frontera entre China y Nepal. De estos lagos glaciares peligrosos, 25 se encuentran en Tíbet.

“A medida que el cambio climático se intensifica, los glaciares de todo el mundo se están derritiendo, incluso en regiones de gran altitud como el Himalaya. El Himalaya es especialmente vulnerable, ya que las empinadas laderas de muchas de estas montañas tan altas están formadas por permafrost –roca y suelo congelados desde hace siglos–. A medida que aumentan las temperaturas, estas laderas están empezando a derretirse o a desestabilizarse. Si se produce un terremoto o un deslizamiento de tierra, puede desencadenar un flujo de escombros repentino y devastador”, explicó Levan Tielidze, investigador en geomorfología glaciar de la Universidad de Monash (Australia), en un artículo publicado en The Conversation.

La gente observa las secuelas de las inundaciones en Nuwakot, Nepal, el 27 de agosto de 2026, tras el desbordamiento de un lago glaciar en el Tíbet. (Foto: Sanjit Pariyar /NurPhoto / AFP).

Según Tielidze, los glaciares de gran altitud del Himalaya pueden responder al cambio climático de forma diferente, ya que “el deshielo y la degradación del permafrost también pueden contribuir a que las empinadas laderas del Himalaya sean menos estables”.

“El permafrost es un suelo compuesto por roca, tierra y hielo que se ha mantenido a una temperatura igual o inferior a 0 °C durante muchos años. A medida que el clima se calienta, el suelo puede descongelarse, lo que debilita el hielo que ayuda a unir la roca y la tierra”, comentó Tielidze.

Un estudio, enfocado en analizar el futuro de los glaciares en Himalaya bajo influencia del cambio climático, halló que el permafrost se está deteriorando rápidamente debido al aumento de las temperaturas. Este deshielo está exponiendo paisajes antes estables a una mayor erosión, deslizamientos de tierra e inestabilidad de las laderas, lo que pone en peligro infraestructuras del Himalaya como ferrocarriles, carreteras y centrales eléctricas.

La degradación del permafrost libera a la atmósfera gases de efecto invernadero almacenados, como el metano y el dióxido de carbono, lo que provoca un círculo vicioso que contribuye al calentamiento global.

Sistemas de alerta temprana

En 2025, el deshielo de un glaciar en Suiza provocó un enorme flujo de escombros que destruyó el pueblo de Blatten. No hubo víctimas mortales “gracias a que existían sistemas de alerta temprana, las autoridades evacuaron a los residentes antes de que se produjera el derrumbe”, mencionó Tielidze.

“A medida que aumenten las temperaturas y los desastres relacionados con el clima se vuelvan más frecuentes o graves en algunas regiones, los sistemas de alerta temprana cobrarán cada vez más importancia para los pueblos y localidades situados cerca de glaciares o de permafrost en proceso de descongelación”, agregó el geomorfólogo.

Para Prakash, si bien los sistemas de alerta temprana se presentan como la solución, "ninguna sirena puede adelantarse a un talud que se derrumba en cuestión de segundos".

"El verdadero fracaso se encuentra río arriba, en las decisiones sobre el uso del suelo que empujaron los asentamientos y las infraestructuras hacia las riberas de los ríos que nuestros antepasados evitaban deliberadamente, y en una economía global que sigue quemando los combustibles fósiles que están derritiendo estos glaciares desde dentro. Cada aldeano que vio desaparecer ese valle pagó por las decisiones sobre emisiones tomadas a miles de kilómetros de distancia. Hasta que los gobiernos traten el Himalaya como una primera línea climática en lugar de como un telón de fondo de postal, Rasuwa no será el último nombre que nos veamos obligados a memorizar", afirmó Prakash.

Consultada por AFP, Lauren Vargo -glacióloga de la Universidad Victoria de Wellington (Nueva Zelanda)- se fue a la raíz del problema para hallar la solución: “La mejor manera de mitigar el riesgo sería reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el calentamiento”.

Según un estudio de Climate Trends, el carbono negro influye de manera crítica en la criosfera del Himalaya, especialmente al aumentar las temperaturas superficiales de la nieve y reducir su espesor. Las concentraciones de carbono negro aumentaron aproximadamente un 7,74 % entre 2000-09 y 2010-2019, para luego estabilizarse hasta 2023.

Las concentraciones de carbono negro han aumentado notablemente en el Himalaya oriental y central, debido principalmente a las emisiones procedentes de la quema de combustibles fósiles en la llanura indogangética.

Una fuerte correlación positiva entre el carbono negro y la temperatura de la superficie de la nieve sugiere que el carbono negro está contribuyendo de manera significativa al aumento del calentamiento superficial. Los resultados del análisis de regresión sugieren, además, que las regiones que registran tanto altos niveles de carbono negro como temperaturas elevadas corren un mayor riesgo de sufrir una pérdida acelerada de nieve.

El estudio añade que la temperatura superficial de la nieve en el Himalaya ha mostrado una tendencia constante al calentamiento durante las últimas dos décadas, lo que podría tener graves consecuencias para la estabilidad tanto de la nieve como de los glaciares. La temperatura media de la superficie de la nieve ha aumentado de -11,27 °C durante el periodo 2000-2009 a -7,13 °C durante el periodo 2020-2023, con una media global de -8,57 °C para el periodo de 23 años. Es probable que este calentamiento se deba, en parte, a la deposición de partículas que absorben la luz, como el carbono negro.

El aumento continuado de la temperatura en las zonas cubiertas de nieve puede acortar la duración de la temporada de nieve y adelantar el inicio del deshielo, lo que afectaría a los sistemas hidrológicos y a la seguridad hídrica de millones de personas que viven río abajo. Por lo tanto, el aumento de la temperatura, junto con la presencia de carbono negro, está alterando significativamente el régimen térmico de la nieve en el Himalaya.

Riesgo latente

Este jueves, la agencia que se encarga del pronóstico de inundaciones de Katmandú emitió una alerta especial sobre la formación de un lago cada vez más grande detrás de los escombros dejados por los deslaves.

Qianggong Zhang, jefe de riesgos climáticos y ambientales del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD), con sede en Katmandú, señaló a la AFP que existe el riesgo de una segunda crecida debido a “un bloqueo en la parte alta del río fronterizo entre Nepal y China”.

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