- El informe anual escrito por expertos traduce los hallazgos más críticos de 2025 —desde el alarmante debilitamiento de los sumideros de carbono hasta récords de calor marino— en una guía de acción inmediata para este 2026.
Un desequilibrio energético que se duplica, niveles históricos de dengue y la pérdida de productividad laboral por calor extremo marcan el pulso de la crisis actual. Con el planeta superando los 1,5 °C de calentamiento, investigadores de distintos países se dieron a la tarea de sintetizar en 10 claves científicas los hallazgos del 2025 en ciencia climática; esto con el objetivo de transformar datos complejos en herramientas de acción ante la crisis climática en este 2026.
El informe con las conclusiones se publicó en la revista Global Sustainability. El análisis, nacido de una exhaustiva revisión bibliográfica y el consenso de expertos globales, busca ofrecer una hoja de ruta clara para que gobernantes e investigadores tomen decisiones informadas antes de que las ventanas de oportunidad se cierren definitivamente.
A continuación se enumeran las 10 claves científicas:

1. El aumento de la temperatura global en 2023-2024
Los 2023 y 2024 alcanzaron niveles de calor sin precedentes, llegando a 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales. Si bien la transición al fenómeno de El Niño en 2023/2024 ayudó a amplificar las temperaturas, el informe advierte que estas fluctuaciones naturales no son suficientes para explicar la magnitud de las anomalías observadas.
El informe destaca un notable aumento en el Desequilibrio Energético de la Tierra (EEI). Entre mediados de 2022 y mediados de 2023, el EEI se duplicó con creces en comparación con el promedio de 2006-2020, lo que sugiere que el calentamiento global podría estar acelerándose.
El EEI es un indicador fundamental que mide la acumulación de calor excedente en el sistema climático. Se define como la diferencia entre la energía solar que absorbe el planeta y la energía que emite de vuelta al espacio en forma de radiación infrarroja.
Los científicos señalan como causas probables: la disminución en la cobertura de nubes sobre los océanos y estas son menos reflectantes, así como el derretimiento de las superficies blancas de hielo que reducen la capacidad de la Tierra para “rebotar” el calor proveniente de los rayos solares.
Aproximadamente el 80-85% de este exceso de energía se ha destinado a calentar los océanos, mientras que el 15-20% restante ha calentado la atmósfera, la tierra y derretido el hielo.
La observación de este desequilibrio depende de satélites como los de la misión CERES de la NASA, los cuales están envejeciendo y corren el riesgo de dejar de suministrar datos cruciales para los modelos climáticos.

2. El calentamiento de la superficie del mar y las olas de calor marinas
Las temperaturas medias de la superficie del mar rompieron récords de forma ininterrumpida desde abril de 2023 hasta junio de 2024. De hecho hubo un aumento de calor entre abril de 2023 y marzo de 2024, el cual superó los récords anteriores por un margen de 0,25 °C, una anomalía que estadísticamente solo ocurriría una vez cada 500 años bajo una tendencia normal.
El informe señala que la aceleración del calentamiento oceánico en los últimos 10-15 años es ahora estadísticamente detectable y físicamente plausible. Es más, aducen que esta aceleración es impulsada por el EEI.
En cuanto a las olas de calor marinas, en las últimas cuatro décadas, estas aumentaron sus días en un 54%. Ahora duran, en promedio, una semana más que hace 40 años. Las olas de calor subsuperficiales, por su parte, se están intensificando a un ritmo de entre 0,1 y 1 °C por década, lo cual es significativamente más rápido que el aumento de la temperatura media del océano, que es de aproximadamente 0,1 °C por década.
Estas olas de calor subsuperficiales ocurren debajo de la superficie, donde vive la mayoría de los peces, y pueden ser incluso más intensas que las superficiales. De hecho, la mayoría de estas olas de calor subsuperficiales no ocurren simultáneamente con las superficiales. Esto significa que el ecosistema marino puede estar sufriendo un estrés térmico extremo que no es visible mediante satélites que solo miden la temperatura de la superficie.
Lo cierto es que ambos tipos de olas de calor marinas están causando impactos devastadores y a veces irreversibles en especies como corales, pastos marinos y macroalgas. En 2024, se declaró el cuarto evento global de blanqueamiento de corales.
Asimismo, las temperaturas excepcionales de la superficie del mar alimentan y fortalecen fenómenos como huracanes, ciclones, inundaciones y olas de calor terrestres. Beryl fue el huracán más temprano registrado en formarse y alcanzar gran intensidad, causando daños por un valor de 5.000 millones de dólares y 64 muertes en el Caribe.
A medida que la superficie del océano se calienta, disminuye su capacidad para absorber dióxido de carbono de la atmósfera, lo que reduce su función crítica como freno al cambio climático.
A pesar de su importancia ecológica, el informe advierte que existe una escasez de observaciones, lo que dificulta comprender plenamente cómo funcionan y cuáles son sus impactos totales a largo plazo.

3. Los sumideros de carbono terrestres
El informe advierte que los sumideros de carbono terrestres (como los bosques y los suelos) están bajo una presión extrema y están perdiendo su capacidad para absorber y almacenar el carbono. Esta situación es crítica porque significa que una mayor proporción de las emisiones permanecerá en la atmósfera, acelerando el calentamiento global.
Ecosistemas que antes se consideraban estables, como los bosques boreales y las regiones de permafrost, muestran señales de un cambio profundo. Aproximadamente un tercio de la región ártica-boreal ya se ha convertido en una fuente neta de carbono debido al deshielo y los incendios.
Esto se ve agravado por los incendios forestales, los cuales están alterando el ciclo del carbono de forma creciente. Los incendios en Canadá en 2023, por ejemplo, liberaron una cantidad de carbono comparable a las emisiones anuales de combustibles fósiles de toda la Unión Europea.
En el trópico, el sumidero de carbono disminuyó un 58% en 2023, afectado por el calor y la sequía en regiones como la Amazonía (Suramérica) y el Sahel (África). El informe advierte de un círculo vicioso en que el cambio climático causa la pérdida de biodiversidad vegetal, lo que a su vez debilita la capacidad de los ecosistemas para almacenar carbono.
Esta debilidad en los sumideros naturales implica que el presupuesto de carbono restante para evitar superar los 1,5 °C o 2 °C es mucho menor de lo que se estimaba anteriormente.
El informe enfatiza que no podemos confiar únicamente en la naturaleza para compensar las emisiones y que la reducción drástica de combustibles fósiles es más urgente que nunca.

4. Las interacciones entre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad
El cambio climático y la pérdida de biodiversidad se refuerzan mutuamente en un bucle de retroalimentación desestabilizador, donde cada crisis agrava los impactos de la otra.
La pérdida de diversidad de plantas, impulsada tanto por el cambio climático como por el cambio de uso del suelo, debilita las funciones de los ecosistemas, lo que reduce la acumulación de biomasa y disminuye el almacenamiento de carbono.
Se proyecta que la pérdida global de especies vegetales podría provocar la emisión de entre 7 y 146 gigatoneladas de carbono (GtC) en las próximas décadas. Estas cifras representan una parte sustancial del presupuesto de carbono que le queda al mundo antes de superar los límites de 1,5 °C o 2 °C.
Las interacciones entre plantas y animales son fundamentales para el clima. Por ejemplo, en los ecosistemas tropicales, la reducción de especies animales (defaunación) podría reducir el almacenamiento de carbono hasta en un 26%, principalmente debido a la desaparición de árboles que dependen de animales para dispersar sus semillas.
El informe destaca que las Soluciones basadas en Naturaleza (SbN) deben integrar la integridad del ecosistema y la composición de especies, en lugar de centrarse únicamente en la superficie de cobertura terrestre o en monocultivos.
Dado que ambas crisis están ligadas, el cumplimiento de los objetivos del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal contribuye directamente a las Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDC, por sus siglas en inglés) al reducir la “deuda de carbono” causada por la pérdida de biodiversidad.

5. La disminución acelerada de las aguas subterráneas
El informe señala que la disminución de las aguas subterráneas se está acelerando a nivel mundial, impulsada por una combinación de presiones climáticas y una creciente demanda socioeconómica. Este recurso es vital, ya que es la segunda fuente de agua dulce más grande del planeta (después del hielo polar) y sustenta a casi la mitad de la población mundial.
Desde 1960, las tasas de extracción global se han triplicado, pasando de unos 312 km³/año a más de 1.000 km³/año. Este crecimiento ha superado con creces el ritmo de aumento de la población.
En casi la mitad de los sistemas acuíferos que están disminuyendo, el ritmo de caída de los niveles de agua se ha acelerado en las últimas dos décadas en comparación con el periodo 1980-2000.
En las zonas costeras y pequeñas islas, el agotamiento de los acuíferos permite que el agua del mar penetre en las reservas dulces, contaminándolas. Una vez contaminado, un acuífero puede tardar décadas en recuperarse.
La mayor parte del agua extraída se usa para el riego. Se estima que la agricultura deberá aumentar un 30% el riego en las próximas décadas para alimentar a la población proyectada para 2050.
Asimismo, el cambio climático está alterando los regímenes hidrológicos, dificultando que los acuíferos se recarguen de forma natural debido a sequías intensas y cambios en los patrones de lluvia y nieve.
El informe advierte que usar más agua subterránea para compensar el calor extremo en la agricultura no es una estrategia de adaptación sostenible a largo plazo.

6. La incidencia global del dengue
La incidencia del dengue ha alcanzado niveles históricos, impulsada en gran medida por el cambio climático. En 2024 se registró el mayor brote a nivel global con 14,2 millones de casos reportados a la Organización Mundial de la Salud.
Solo en América se reportaron más de 13 millones de casos en 2024. Brasil fue el más afectado, con 17 ciudades declarando estados de emergencia. En Estados Unidos, se emitieron alertas por transmisión local en California, Florida y Texas, mientras que Puerto Rico declaró una emergencia de salud.
El cambio en las temperaturas globales está ampliando los hábitats de los mosquitos vectores (Aedes aegypti y Aedes albopictus) y prolongando la temporada de transmisión. Entre mediados del siglo XX y la actualidad, la idoneidad climática para la transmisión por A. albopictus aumentó un 46,3% y para A. aegypti un 10,7%.
Además del clima, el informe señala la urbanización, la gestión insalubre de residuos, el comercio global y los viajes como motores clave de la propagación.
Las proyecciones indican aumentos aún más pronunciados para los años 2050 y 2100 si continúa el calentamiento global. Los brotes ya están desbordando los sistemas de salud y afectando la productividad laboral, lo que genera importantes pérdidas económicas a nivel global.
Para frenar esta tendencia, el informe urge a los gobiernos a fortalecer la vigilancia y los sistemas de alerta temprana que integren datos climáticos y de salud. También implementar medidas como la mejora de los sistemas de almacenamiento de agua y la gestión de residuos sólidos para eliminar sitios de cría, así como escalar las estrategias de gestión integrada de vectores.

7. La pérdida de ingresos y productividad laboral
El estrés por calor, provocado por el cambio climático, es uno de los canales más claros y documentados a través de los cuales la crisis climática afecta a las economías globales. El aumento de las temperaturas reduce directamente la capacidad de trabajo de las personas, lo que genera una caída en la productividad y una disminución de los ingresos.
Se proyecta que un calentamiento adicional de solo 1 °C expondrá a más de 800 millones de personas en regiones tropicales a niveles inseguros de estrés por calor. Este nivel de calor extremo podría reducir las horas de trabajo hasta en un 50%, afectando drásticamente el suministro de mano de obra en los mercados económicos.
El informe compara las pérdidas económicas según diferentes escenarios de emisiones. En un escenario de altas emisiones, la pérdida de productividad laboral por calor podría reducir el PIB global anual entre un 1,4% y un 2,6%. Si se suman los costos de salud y las interrupciones en las cadenas de suministro, la caída podría alcanzar entre el 2,9% y el 4,5%.
En un escenario de bajas emisiones, si se logran mitigar las emisiones de forma ambiciosa, las pérdidas del PIB podrían limitarse a un rango de entre 0,1% y 0,8%.
Aunque los impactos directos son más graves en los países en desarrollo, los daños económicos se amplifican a nivel mundial a través del comercio internacional y las cadenas de suministro.
Los países desarrollados a menudo se benefician de importaciones producidas en naciones en desarrollo que están cada vez más expuestas al calor extremo. Los trabajos al aire libre, como la agricultura y la construcción, son los que sufren las mayores pérdidas de efectividad.
El informe urge a los gobiernos a integrar estos riesgos en sus NDC, priorizando inversiones en infraestructura de protección para los trabajadores, como sistemas de refrigeración y la modificación de horarios laborales durante periodos de calor extremo.

8. Consideraciones estratégicas para ampliar la eliminación de dióxido de carbono (CDR)
La eliminación de dióxido de carbono (CDR, por sus siglas en inglés) es un complemento, pero no un sustituto de los recortes drásticos de emisiones para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París.
El despliegue de CDR a gran escala conlleva riesgos importantes, ya que compite por el uso de la tierra (afectando la seguridad alimentaria), la energía y los materiales. Debido a estas limitaciones, el informe advierte que la CDR no debe usarse para compensar emisiones que pueden reducirse fácilmente, como en el sector eléctrico.
La CDR debería reservarse para compensar las emisiones residuales de sectores donde las alternativas tecnológicas son escasas o muy costosas, como la aviación internacional y algunas industrias pesadas.
Existen métodos convencionales y novedosos. Los convencionales incluyen la forestación y gestión forestal. Son los más probados pero tienen una capacidad limitada y riesgos de reversibilidad (por ejemplo, incendios).
Los novedosos incluyen tecnologías como la captura directa de aire (DACCS) y la bioenergía con captura de carbono (BECCS). Son técnicamente factibles pero aún no se han desplegado a la escala necesaria y requieren mayor apoyo para investigación y desarrollo.
A largo plazo, será necesaria una capacidad de “CDR preventiva” para lograr emisiones netas negativas que permitan bajar las temperaturas después de un posible exceso (overshoot) del límite de 1,5 °C.
Los autores del informe urgen crear directrices internacionales sólidas y estándares de monitoreo, reporte y verificación (MRV) para asegurar que la CDR se utilice de forma responsable. Además, recomienda que los países establezcan objetivos separados en sus planes climáticos: uno para la reducción directa de emisiones y otro para la eliminación de carbono, para evitar que la CDR retrase la descarbonización real.

9. La integridad de los mercados de créditos de carbono
Sobre los mercados de créditos de carbono, los autores advierten que, aunque se han expandido rápidamente, enfrentan serios desafíos de integridad debido a fallas sistémicas.
Un análisis de casi 1.000 millones de toneladas de créditos (una quinta parte de todos los emitidos a nivel mundial) reveló que menos del 16% representaba reducciones reales de emisiones. El informe señala que los desarrolladores de proyectos a menudo seleccionan datos favorables o hacen suposiciones poco realistas para inflar los beneficios climáticos.
Muchos proyectos, tanto de evitación de la deforestación como de eliminación natural (como la reforestación), fallan al generar beneficios que no habrían ocurrido de todos modos sin el incentivo del crédito.
Existe una gran preocupación de que el uso de créditos baratos y de baja calidad permita a las empresas retrasar sus propios recortes directos de emisiones y la eliminación gradual de los combustibles fósiles. Algunas grandes petroleras han utilizado estos créditos para legitimar la producción continua de combustibles fósiles convencionales.
El informe sugiere que el futuro de estos mercados depende de dejar de ver los créditos como una forma de "compensar" (offset) emisiones y empezar a verlos como "contribuciones adicionales" a la mitigación global.
Para corregir estos problemas, se están implementando varias medidas. Organizaciones, como el Consejo de Integridad para el Mercado Voluntario de Carbono (ICVCM), están estableciendo puntos de referencia de calidad y sistemas de calificación más estrictos.
Asimismo, bajo el Artículo 6 del Acuerdo de París, se están estableciendo estándares globales que podrían servir como referencia para todos los mercados de créditos. Y se recomienda que los países y empresas tengan objetivos separados: uno para la reducción directa de emisiones y otro para el uso de créditos o eliminación de carbono, evitando así el greenwashing.

10. Combinaciones de políticas para la mitigación del cambio climático
Las combinaciones de políticas cuidadosamente diseñadas son más efectivas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que las medidas aplicadas de forma aislada.
Las combinaciones que incluyen el precio al carbono o la reducción de subsidios a los combustibles fósiles, por ejemplo, tienden a lograr mayores reducciones. Incluso un precio modesto al carbono puede mejorar significativamente la rentabilidad si se combina con estándares de rendimiento.
No existe una solución única; el diseño de estas políticas debe ajustarse al contexto específico de cada país, su nivel de desarrollo económico, sus tecnologías y su capacidad institucional.
Para que estas combinaciones tengan éxito, se requiere una coordinación intersectorial (procesos entre ministerios) y sistemas de monitoreo y evaluación constantes para evitar efectos rebote no deseados.
El informe concluye que avanzar hacia marcos de reporte armonizados bajo la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) permitiría a los países aprender de las combinaciones de políticas que ya han demostrado ser exitosas en el mundo.




