- La tardía aparición del huracán Isaías contrasta con la furia de Polo y Simón en el Pacífico mexicano. La combinación de El Niño y un océano impulsado por el cambio climático —que ha absorbido el 90% del exceso de calor terrestre— está reconfigurando el comportamiento de los ciclones tropicales este 2026.
El pasado miércoles, Isaías se formó en las aguas del Golfo de México convirtiéndose así en el primer huracán de la temporada del Atlántico. Alcanzó la categoría 2 frente a la costa de Estados Unidos y se degradó a ciclón postropical tras tocar tierra este fin de semana en el estado de Florida.
La temporada de huracanes del Atlántico suele extenderse desde el 1 de junio al 30 de noviembre, por lo que el primer huracán suele aparecer mucho antes de octubre.
La tardía formación de Isaías en el Atlántico contrasta con la actividad registrada en el Pacífico, donde ya se han desarrollado varios huracanes durante el año, entre ellos, Simón que alcanzó la categoría 3 en la escala Saffir-Simpson.
A su paso por el Pacífico mexicano, Simón dejó un muerto y cuantiosos daños materiales. Acapulco sufrió inundaciones a pocas horas de que el huracán tocara tierra. Vale recordar que Acapulco fue devastada por el huracán Otis en 2023, año en que ocurrió un evento de El Niño.
Simón es el huracán más reciente, pero Polo ya había afectado a México a finales de setiembre. Tocó tierra en California Sur como huracán de categoría 5, la máxima en la escala Saffir-Simpson, y a su paso dejó carreteras cortadas, árboles caídos y tejados arrancados, pero ningún muerto ni herido grave.
Los meteorólogos atribuyen ese contraste en la formación de huracanes entre el Atlántico y el Pacífico al fenómeno de El Niño, pero su intensidad podría estar influenciada también por el cambio climático.
La huella de El Niño
El comportamiento de los ciclones tropicales durante la presente temporada de huracanes refleja cómo la interacción entre la variabilidad climática natural (El Niño) y el calentamiento global de origen antropogénico está alterando los patrones atmosféricos y oceánicos mundiales.
El Niño se caracteriza por el incremento de las temperaturas de la superficie del mar (TSM) en el océano Pacífico central y oriental, lo cual favorece las condiciones para la formación e intensificación de ciclones tropicales en esa región.
Por el contrario, en el Atlántico, El Niño suele alterar los patrones de viento en la alta atmósfera (generando mayor cizalladura o cortante de viento), lo que dificulta que las tormentas tropicales se organicen y adquieran fuerza de huracán.
Sin embargo, en este 2026, El Niño no está actuando solo. A nivel global, los océanos vienen rompiendo récords históricos de calor de forma consecutiva desde 2023. Eso quiere decir que la línea base sobre la cual parte El Niño es significativamente más alta. Al elevarse la temperatura del mar, tanto a nivel superficial como en profundidad, el impulso térmico que inyecta El Niño al sistema atmosférico es mucho más drástico.
Ese calentamiento de los océanos ha sido causado por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), provenientes de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Ya lo dijo el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) en su primer informe del AR6: el océano ha absorbido aproximadamente el 90% del exceso de calor atrapado en el sistema terrestre por las emisiones de GEI. De hecho, el informe confirma que el ritmo de calentamiento del océano durante las últimas décadas se ha acelerado marcadamente en comparación con los registros históricos.
Asimismo, análisis combinados de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE. UU. (NOAA) y el programa de boyas oceanográficas Argo han demostrado que cada uno de los últimos cinco años ha marcado récords históricos de temperatura global en la capa superior del océano (hasta los 2.000 metros de profundidad). El calor acumulado de manera constante refleja de forma directa el desequilibrio energético de la Tierra provocado por las concentraciones récord de dióxido de carbono, producto de la combustión de energía fósil.
Temperatura como “combustible”
Las TSM excepcionalmente elevadas sirven como la principal fuente de energía y “combustible” para los ciclones tropicales. En el Pacífico, las TSM han superado los 31 °C en algunas zonas, propiciando fenómenos de rápida intensificación en sistemas como el huracán Polo, así como el desarrollo de otros huracanes intensos entre los que destaca Simón.
Según un análisis técnico elaborado por Climate Central sobre la trayectoria del huracán Polo —el cual alcanzó rápidamente la categoría 5 con vientos sostenidos de hasta 289 km/h—, las TSM a lo largo de su ruta registraron hasta 1,5 °C más de calor en comparación con un escenario hipotético sin cambio climático.
Asimismo, las evaluaciones preliminares de Climate Central indicaban que el cambio climático incrementó la velocidad máxima sostenida de los vientos en al menos 9.6 km/h (6 mph).
Al respecto, Daniel Gilford, meteorólogo y científico climático de Climate Central, explicó la convergencia de ambos factores.
“Además del fenómeno de El Niño que se está dando actualmente, el cambio climático provocado por el ser humano está aumentando considerablemente la probabilidad de que se produzcan temperaturas oceánicas extremas en el Pacífico. El huracán Polo se desplazó por una región en la que las temperaturas oceánicas extremas se han ido acumulando durante meses, lo que le ha proporcionado al huracán el combustible adicional para intensificarse rápidamente y convertirse en la tormenta monstruosa que fue”, comentó Gilford.




