• Mediante un memorándum, Estados Unidos anunció que abandonará la CMNUCC, el Fondo Verde para el Clima, el IPCC, el IPBES e Irena. 31 de esas organizaciones pertenecen a Naciones Unidas.

Aparte de intervenir militarmente en Venezuela y expresar sus intenciones de comprar Groenlandia, el presidente Donald Trump sorprendió esta semana con un memorándum que ordena la retirada de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, argumentando que estas “ya no sirven a los intereses” del país norteamericano.

De las 66 organizaciones, 31 pertenecen a Naciones Unidas y las 35 restantes se dedican a la producción de conocimiento, la cooperación técnica y la construcción de agendas en temas como cambio climático, biodiversidad, desarrollo, desigualdad y transición energética.

Al igual que sucedió durante su primer mandato, cuando Trump decidió retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, organizaciones vinculadas a temas climáticos están en el listado de la Casa Blanca. Entre ellas está la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que da cobijo a los principales acuerdos internacionales sobre el clima (como el Acuerdo de París).

El retiro estadounidense de esta instancia se haría efectivo un año después de la notificación oficial, la cual aún no ha sido recibida por Naciones Unidas.

“Mientras todas las demás naciones avanzan juntas, este último paso atrás en el liderazgo mundial, la cooperación climática y la ciencia, solo puede perjudicar a la economía, el empleo y el nivel de vida de los Estados Unidos, ya que los incendios forestales, las inundaciones, las megatormentas y las sequías empeoran rápidamente”, declaró Simon Stiell, secretario ejecutivo de la CMNUCC.

Según Climate Central, el año 2025 ocupa el tercer lugar (después de 2023 y 2024) en cuanto a desastres meteorológicos y climáticos que causaron daños en Estados Unidos por miles de millones de dólares, con 23 eventos de este tipo que causaron daños por un total de 115.000 millones de dólares. 

“Se trata de un gol en propia meta que hará que los Estados Unidos sean menos seguros y menos prósperos”, agregó Stiell.

Críticos de Trump advirtieron que la medida aislará aún más a Estados Unidos en el escenario global al convertirlo en el único miembro de Naciones Unidas que no forma parte de la convención. “Es un error estratégico que dilapida la ventaja estadounidense sin obtener nada a cambio”, dijo David Widawsky, director del World Resources Institute (WRI).

“Esta convención, de 30 años de antigüedad, es la base de la cooperación internacional en materia climática. Abandonarlo no solo margina a Estados Unidos sino que lo excluye por completo del ámbito internacional”, sostuvo Widawsky.

Paso atrás por el liderazgo en energías renovables

Trump, que ha puesto todo el peso de su política interna y externa detrás de los combustibles fósiles, también retiró a su país de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena).

“Como miembro de Irena y actor clave a nivel mundial, Estados Unidos lleva mucho tiempo desempeñando un papel importante en el fomento de las energías renovables a través de la cooperación internacional”, declaró Francesco La Camera, director general de Irena.

“Hoy en día, las energías renovables no solo son una solución climática. La energía renovable es una economía inteligente y será el factor decisivo en la competitividad de las economías”, continuó.

“Nuestro descerebrado presidente está cediendo el liderazgo de Estados Unidos en el escenario mundial y debilitando nuestra capacidad para competir en la economía del futuro, creando un vacío de liderazgo que China ya está explotando”, manifestó gobernador de California, Gavin Newsom, a AFP. Gavin es un crítico abierto de Trump y considerado como probable candidato a la presidencia por los demócratas.

China es actualmente el líder mundial en energías renovables. “El secretario Bessent tiene toda la razón al afirmar que una energía asequible y fiable es fundamental para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, pero no ha mencionado otra realidad, y es que China es líder mundial en el suministro de esta energía asequible y fiable gracias a su abundancia de tecnologías de energía limpia”, comentó Kate Logan, directora del Centro Climático y Diplomacia Climática de China, ASPI y miembro del Centro de Análisis de China.

“Mientras tanto, Estados Unidos tendrá dificultades para vender sus combustibles fósiles cuando otros países dispongan de opciones más limpias, baratas y fiables para garantizar su seguridad energética”, añadió Logan.

John Kerry, exsecretario de Estado de los Estados Unidos y ex enviado especial presidencial para el clima, coincide sobre dejarle la vía abierta a China. “No hay nada sorprendente en su actitud (la de Trump) respecto a la crisis climática o el valor de las instituciones. Es lo que cabría esperar. Pero eso no cambia el hecho de que es un regalo para China”, dijo.

Fuera del Fondo Verde

En voz del secretario del Tesoro, Scott Bessent, se anunció la retirada de Estados Unidos del Fondo Verde para el Clima (FVC). 

“Nuestra nación ya no financiará organizaciones radicales como el Fondo Verde para el Clima, cuyos objetivos son contrarios al hecho de que la energía asequible y fiable es fundamental para el crecimiento económico y la reducción de la pobreza”, declaró Bessent.

El Fondo Verde para el Clima es el mecanismo financiero más grande del mundo creado en el marco de la CMNUCC para ayudar a los países en desarrollo a enfrentar el desafío climático.

Su objetivo principal es financiar proyectos que promuevan un desarrollo de bajas emisiones (mitigación) y una mayor resiliencia climática (adaptación). En este sentido, financia una amplia gama de iniciativas que incluyen desde la transición a energías renovables y transporte eléctrico, hasta la protección de cuencas hídricas, agricultura sostenible y restauración de bosques.

Ha sido clave para América Latina y el Caribe. El Fondo ha aprobado más de 2.800 millones de dólares en financiamiento directo para proyectos específicos en la región y si se suma el co-financiamiento (recursos aportados por socios como bancos multilaterales o gobiernos locales), la inversión total movilizada supera los 10.000 millones de dólares.

Este dinero se ha distribuido en decenas de proyectos que abarcan desde el Caribe (muy enfocado en resiliencia ante huracanes) hasta grandes economías como México, Brasil y Argentina, enfocadas en la descarbonización industrial y energética.

En Costa Rica, el FVC ha financiado proyectos clave como el Plan-A: Territorios Resilientes ante el Cambio Climático y el programa REDD+ que fortalece los pagos por servicios ambientales forestales (PSA) para reducir la deforestación y la degradación. 

Para Joe Thwaites, director internacional de finanzas climáticas de NRDC, Estados Unidos –al retirarse de la CMNUCC– ya no podrá ocupar puestos en la junta directiva del FVC ni en otros fondos climáticos de la CMNUCC.

“Renunciando así a cualquier voz sobre el funcionamiento de estos fondos y sobre cómo se emplean los fondos ya aportados por Estados Unidos, lo que supone un incumplimiento de la responsabilidad de la Administración ante los contribuyentes estadounidenses”, explicó Thwaites.

Adiós al IPCC e IPBES

Wopke Hoekstra es responsable de políticas climáticas de la Unión Europea. Señaló, en una publicación en LinkedIn, que “la decisión de la mayor economía del mundo y segundo mayor emisor de apartarse de ella es lamentable y desafortunada”.

Agregó que, desde la Unión Europea, “seguiremos apoyando inequívocamente la investigación climática internacional como base de nuestra comprensión y nuestro trabajo. También continuaremos trabajando en la cooperación climática internacional”.

Esta declaración se da a propósito de la orden de Trump para retirar a Estados Unidos del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) y la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). Aunque, a la fecha, IPBES no ha recibido ninguna notificación formal.

Ambos organismos son los consejeros científicos de los países para que estos sustenten sus decisiones políticas. Mientras el IPCC se centra en el clima, el IPBES se enfoca en la biodiversidad.

Sus presidentes han reiterado que el éxito de estos organismos científicos multilaterales no depende únicamente de un solo Estado miembro. “La preparación de los informes científicos acordados por los gobiernos miembros para este ciclo de evaluación está en marcha. El IPCC sigue tomando decisiones por consenso entre sus gobiernos miembros en sus sesiones plenarias periódicas. Nuestra atención sigue centrada firmemente en la entrega de estos informes”, dijo Jim Skea, presidente del IPCC.

Por su parte, David Oboura, presidente del IPBES, declaró: “Si bien es evidente que los gobiernos tienen la prerrogativa de retirarse de los procesos mundiales, como los del IPBES, es importante recordar que esto no cambia la ciencia ni la relevancia de esa ciencia para la vida y los medios de subsistencia de las personas en todas las comunidades, en todas las partes del mundo”.

Si un gobierno quiere que sus prioridades e intereses nacionales se tengan en cuenta en cualquier proceso multilateral –incluyendo los de IPCC e IPBES–, debe ser Estado miembro. Retirarse de estos procesos también elimina la capacidad de Estados Unidos para participar en las negociaciones.

Al respecto, varios académicos y científicos se han pronunciado. Pamela McElwee, profesora de Rutgers, que participó tanto en los procesos del IPCC como del IPBES, explicó que estas organizaciones proporcionan asesoramiento científico imparcial a los gobiernos. Para ella es erróneo pensar que estos organismos científicos tienen visiones “contrarias a los intereses de Estados Unidos”.

Trabajar a nivel mundial para identificar soluciones a los problemas colectivos de los bienes públicos es fundamental para la prosperidad de Estados Unidos. ¡La contaminación, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad no conocen fronteras!”, escribió McElwee en LinkedIn. 

Ahora bien, abandonar estos organismos no impide a los científicos estadounidenses participar en la redacción y revisión de informes, algo que aún pueden hacer como académicos independientes afiliados a diversas instituciones de investigación y universidades estadounidenses. Tampoco impide que los observadores con sede en Estados Unidos de estos organismos se registren y asistan a las reuniones en el futuro. 

De hecho, la Alianza Académica Estadounidense para el IPCC (USAA-IPCC) manifestó que, con su apoyo, más de 70 ciudadanos estadounidenses y expertos residentes en Estados Unidos que actualmente prestan sus servicios al IPCC –como autores principales coordinadores, autores principales, editores revisores y miembros del comité– seguirán desempeñando estas funciones. 

Trump versus Naciones Unidas

Tras su retorno a la Casa Blanca, hace casi un año, Trump está implementando su visión de “Estados Unidos primero”, lo cual trasciende el tema climático.

El presidente estadounidense ya había dado un portazo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y recortó la ayuda estadounidense en el extranjero, lo cual golpeó los presupuestos de numerosas organizaciones de Naciones Unidas que se vieron obligadas a reducir sus actividades sobre el terreno, como fue el caso de la Oficina del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR) o el Programa Mundial de Alimentos (PMA).

Ahora, Washington también se retira del Fondo de Población de las Naciones Unidas, especializado en la salud materno-infantil, ONU-Mujeres y la Agencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo.

El Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Guterres, lamentó el anuncio realizado por la Casa Blanca sobre la decisión de Estados Unidos de retirarse de varias organizaciones de las Naciones Unidas y recalcó que estas seguirán “cumpliendo sus mandatos con determinación”.

“Ya sea en materia de clima, protección de los niños contra la violencia o cuestiones de género, seguimos trabajando con determinación”, declaró la portavoz de Naciones Unidas, Stéphane Dujarric.  

Estados Unidos es uno de los países que aporta dinero al presupuesto ordinario y al presupuesto para el mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Dujarric recordó que esos pagos son “una obligación legal” en virtud de la Carta de las Naciones Unidas.

Otros organismos relevantes de los que se retiró Estados Unidos incluyen la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (ITTO) y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), todos con presencia y programas activos en América Latina.

“La decisión de los Estados Unidos de retirarse de agencias clave, tanto del sistema de Naciones Unidas como de otros organismos internacionales, es un grave retroceso para la gobernanza global que ha sido una herramienta fundamental para conservar la paz y garantizar la mejora de la calidad de vida de las personas en el último siglo”, comentó Andrés Nápoli, director ejecutivo de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).

Este tipo de decisiones reduce la capacidad colectiva para responder a fenómenos que no reconocen fronteras: sequías extremas, inundaciones, incendios forestales, inseguridad alimentaria y desplazamientos forzados. En este escenario, la cooperación y el respaldo internacional no son una opción, sino una necesidad impostergable”, continuó Nápoli. 

“Mientras el gobierno de Estados Unidos se coloca al margen del multilateralismo, la sociedad civil de América Latina seguirá impulsando la transición justa hacia energías limpias y en la defensa de los objetivos del Acuerdo de París, porque es lo que conviene a nuestro planeta, sociedades y economías. La energía limpia continúa siendo la solución más asequible, escalable y sostenible para responder a las demandas energéticas del futuro”, dijo Javier Dávalos González, Climate Policy Lead de la organización The Climate Reality Project América Latina.

“Con esta decisión irresponsable, Estados Unidos se queda atrás, mientras nuestra región reafirma que la acción climática no es opcional: es un imperativo de justicia, soberanía y supervivencia. Al retirarse de instancias clave como el IPCC, la CMNUCC y otros espacios de cooperación internacional, la administración estadounidense no solo deshace décadas de diplomacia arduamente construida, sino que también intenta socavar la ciencia climática y sembrar desconfianza a nivel global”, señaló Dávalos.

Implicaciones legales

Con respecto a las ramificaciones legales que tiene la retirada de Estados Unidos de los diferentes organismos y tratados, Jake Schmidt –director estratégico senior de NRDC– argumentó que “no está claro en la legislación constitucional si un presidente puede retirarse unilateralmente de acuerdos internacionales que el Senado ha aconsejado y consentido. La Constitución especifica las disposiciones de adhesión, pero no se pronuncia sobre las disposiciones de salida”.

Michael Glennon, profesor de Derecho Constitucional e Internacional en la Escuela Fletcher de la Universidad de Tufts, fue más crítico: “El Congreso no tiene a nadie a quien culpar más que a sí mismo”.

“El Congreso puede prohibir al presidente rescindir un tratado a menos que obtenga la aprobación del Congreso, pero casi nunca lo hace. Y el Senado, cuando da su consejo y consentimiento a un tratado, puede hacer lo mismo: prohibir al presidente rescindir el tratado sin la aprobación del Senado. Pero eso tampoco se hace casi nunca y, como resultado, el presidente tiene carta blanca para rescindir los tratados siempre que cumpla con el requisito de notificación establecido en el tratado, es decir, siempre que rescinda el tratado de acuerdo con sus términos. Eso parece ser lo que está haciendo el presidente Trump. Las posibilidades de que los tribunales anulen estas acciones son prácticamente nulas”, amplió Glennon.

Lo que sí está claro es que una futura administración estadounidense podría volver a adherirse tanto a la CMNUCC como al Acuerdo de París sin necesidad de obtener un nuevo “asesoramiento y consentimiento” del Senado.

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