• Ante el crecimiento de la influencia de Rusia y China en América Latina, Estados Unidos reactivó la Doctrina Monroe aduciendo motivos de seguridad. Con ello también quiere asegurarse el suministro de materias primas que son clave: petróleo y minerales críticos.

Para la canciller colombiana, Rosa Villavicencio, la “raíz del conflicto” entre Estados Unidos y Venezuela es el petróleo y los intereses económicos que vienen con este.

“Todo este conflicto tiene que ver con intereses económicos, la necesidad de petróleo para una economía fósil como la de Estados Unidos”, dijo Villavicencio durante una conferencia de prensa realizada el pasado martes 6 de enero.

La canciller afirmó, además, que la acción estadounidense marca una “línea roja” en las relaciones internacionales.

“Estados Unidos ha sido un país que a lo largo de su historia ha hecho intervenciones en diferentes países en búsqueda de los recursos que necesita para su economía”, dijo.

Tras el derrocamiento del mandatario venezolano Nicolás Maduro, el presidente estadounidense Donald Trump manifestó abiertamente que su objetivo es mantener el control sobre el petróleo de Venezuela, país que cuenta con las mayores reservas del mundo.

Una simpatizante del presidente venezolano Nicolás Maduro sostiene un cartel en el que se lee “Nuestra patria debe ser respetada” mientras participa en una manifestación contra la actividad militar estadounidense en el Caribe. (Foto: Federico Parra / AFP).

Previo a la intervención, las reservas comerciales del país norteamericano volvieron a caer y se situaron en su nivel más bajo desde octubre de 2025, informó la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés).

En el periodo de siete días que se completó el 2 de enero de 2026, las reservas disminuyeron unos 3,8 millones de barriles mientras que los analistas esperaban una reducción cercana a un millón de barriles, según una encuesta entre analistas publicada por Bloomberg.

Sin contar las estratégicas, las reservas se situaron en 419,1 millones de barriles. Las reservas estratégicas, a las que se recurre solo en casos de emergencia, aumentaron ligeramente hasta los 413,5 millones de barriles respecto al periodo anterior, el nivel más alto desde setiembre de 2022.

En el periodo reportado, las importaciones subieron casi 28% y las exportaciones cerca de 24%. La producción estadounidense se situó en 13,81 millones de barriles por día y las refinerías operaron al 94,7% de su capacidad.

En resumen, Estados Unidos se dio cuenta de que su reserva comercial de petróleo estaba bajando mucho y muy rápido. Por eso, controlar lo que pasa en países de alta capacidad petrolera, como es el caso de Venezuela, se volvió relevante y prioritario, incluso desde el punto de vista geopolítico.

Una renovada Doctrina Monroe

En diciembre de 1823, James Monroe –quinto presidente de Estados Unidos– presentó la Doctrina Monroe, una declaración que afirmaba que América Latina estaba vedada a otras potencias, refiriéndose entonces a Europa.

A propósito de la intervención en Venezuela, Trump aseveró que “la Doctrina Monroe es algo importante, pero la hemos superado por mucho, de verdad mucho”. “Ahora la llaman el documento Donroe”, agregó, al hacer un juego de palabras con la inclusión de la inicial de su nombre.

“El dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental nunca será cuestionado de nuevo”, afirmó.

El mensaje ya no está dirigido a Europa, en esta actualización de la doctrina va dirigido a Rusia y sobre todo a China.

De hecho, semanas atrás, la Casa Blanca buscó darle un mayor peso a la misma idea, planteándola en su Estrategia Nacional de Seguridad. Según esta estrategia, Estados Unidos podrá intervenir en América Latina con el fin de incautar activos estratégicos, luchar contra el crimen o terminar con la migración.

¿Por qué iniciar por Venezuela? La caída en las reservas comerciales de petróleo fue la señal de alarma; la intervención en Venezuela, la respuesta. El país suramericano tiene la mayor reserva probada de petróleo en el mundo y a China como su principal aliado comercial

En la caricatura política de Victor Gillam de 1896, el Tío Sam (Estados Unidos) aparece con un rifle entre figuras europeas vestidas de forma extravagante y los representantes de Nicaragua y Venezuela, ataviados con trajes típicos. (Imagen: Victor Gillam / Wikicommons)

Al invocar una nueva versión de la Doctrina Monroe, Washington envía un mensaje claro al resto del continente: los recursos estratégicos de la región son piezas clave en su tablero de seguridad.

La demanda de energía, que incluye combustibles fósiles, energía nuclear y renovables, así como de minerales, impulsan maniobras geopolíticas por parte de Trump. Estas buscan limitar la influencia china y rusa”, escribió Ulf Thoene, profesor asociado de Ética Empresarial y Organizacional, Negocios Internacionales y Geopolítica de la Universidad de La Sabana (Colombia).

Rusia y China forman parte del bloque de economías emergentes conocido como los BRICS, el cual tiene también a Brasil –por parte de América Latina– como miembro fundador.

En la cumbre realizada en Rusia en 2024, Bolivia fue aceptada oficialmente bajo la nueva categoría de “Estado Socio” (un paso previo a ser miembro pleno). Lo mismo ocurrió con Cuba. Maduro asistió personalmente a dicha cumbre con la intención de que Venezuela fuera admitida. Sin embargo, quedó fuera de la lista oficial por falta de consenso.

En Brasil, durante la cumbre de julio de 2025, el presidente Gustavo Petro expresó interés en que Colombia se sume al bloque, incluso ya se dieron los primeros pasos para que el país pueda ingresar al Nuevo Banco de Desarrollo (el banco de los BRICS). Por su parte, Nicaragua solicitó formalmente el ingreso, aunque aún no ha sido aceptada como socia.

“El surgimiento de nuevos centros de poder disuelve la influencia gravitacional de Estados Unidos. Las nuevas cadenas de producción, el acceso a la tecnología y la diversificación de los flujos comerciales han otorgado a los países latinoamericanos mayor libertad de acción y nuevos espacios de toma de decisiones, como los BRICS”, expuso en un artículo Héctor Luis Saint-Pierre, profesor del Instituto de Políticas Públicas y Relaciones Internacionales (IPPRI) de la Universidad Estatal Paulista (Brasil).

“La hegemonía global de que disfrutaba Estados Unidos es cada vez más firmemente contestada por las potencias emergentes”, agregó.

Ante esto, y según Saint-Pierre, Trump decidió reforzar su presencia en América Latina, el círculo de seguridad más cercano para Estados Unidos. Con ello, Washington busca consolidar su base material: recursos, cadenas de suministro, rutas energéticas y presencia militar regional.

“Las amenazas contra Venezuela y Colombia cumplen una función tanto simbólica como instrumental. Sirven como demostración de fuerza y una señal política para todos los países del continente, ocupando una posición central en el escenario continental”, explicó el experto.

“Al mismo tiempo, marcan la reanudación de una doctrina de contención frente al creciente acercamiento entre los países de la región y Rusia, y en especial con China”, continuó y añadió: “América Latina se concibe nuevamente como un espacio estratégico que debe permanecer bajo vigilancia directa e indirecta (con el apoyo de las fuerzas armadas latinoamericanas para este propósito)”.

Link a posteo original: https://x.com/StateDept/status/2008221563888292207?s=20

Primer objetivo: petróleo

Si algo ha dejado claro Trump tras intervenir en Venezuela es su intención de motivar a las petroleras estadounidenses para que regresen y operen en el país suramericano.

“Vamos a hacer que nuestras compañías petroleras de Estados Unidos, las más grandes en cualquier parte del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura gravemente deteriorada, la infraestructura petrolera, y comiencen a generar dinero”, dijo.

¿Es realista el plan de Trump? “Cualquier reanudación de la producción requeriría inversiones considerables, dado el estado de deterioro de las infraestructuras”, afirmó Giovanni Staunovo, analista de UBS, a la AFP.

Venezuela necesitaría invertir unos 110.000 millones de dólares para restaurar los niveles de producción de hace 15 años, el doble de lo que las petroleras estadounidenses invirtieron a nivel global en 2024.

Queda por ver si estas mostrarán el mismo entusiasmo que Trump por el petróleo venezolano, especialmente visto el escenario actual, plagado de incógnitas político-jurídicas y precios relativamente bajos”, destacó Eszter Wirth, profesora de Economía Internacional en la Universidad Pontificia Comillas (España), en un artículo publicado por The Conversation.

Para Staunovo, invertir hoy resulta poco interesante. Los precios del petróleo se ven lastrados por un exceso de oferta y cayeron en 2025 a pesar de los numerosos acontecimientos geopolíticos que limitaron esa bajada.

“Las grandes compañías petroleras estadounidenses tienen como principal responsabilidad rendir cuentas a sus accionistas, y no al gobierno. En este sentido, dudo que veamos un renovado interés por Venezuela en un futuro cercano”, dijo Ole Hansen, analista de Saxo Bank, a la AFP.

En un mercado bien abastecido, los analistas coinciden en que la inestabilidad en Venezuela tendrá un efecto limitado sobre el precio del barril.

Chevron es la única petrolera autorizada por Estados Unidos para operar en Venezuela. (Foto: Robyn Beck / AFP)

Stephen Schork, analista de la consultora Schork Group, consideró que “Estados Unidos funciona muy bien sin el petróleo venezolano”, y lo quiere tener sobre todo por razones “políticas”.

“Cobra entonces más peso la idea de que a Estados Unidos le interesa, sobre todo, impedir que sus rivales políticosRusia, China e Irán, con buenas relaciones con el gobierno de Venezuela, controlen el petróleo venezolano y lo conviertan en un arma estratégica futura”, expresó Wirth.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, incluso superando a Arabia Saudita. Según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP+), las reservas probadas de Venezuela superan los 303.000 millones de barriles.

El país suramericano yace bajo sanciones petroleras estadounidenses desde 2019, las cuales hicieron caer la producción hasta un mínimo histórico de 350.000 barriles diarios en 2020. Aun así, Venezuela ha sorteado las sanciones y produce alrededor de un millón de barriles de crudo al día, vende la mayor parte en el mercado negro con grandes descuentos.

Se calcula que China compra el 80% a través de Malasia y alrededor del 5% de la producción se destina a Cuba en virtud de acuerdos entre ambos países.

Para eludir el embargo, el país recurre a “petroleros fantasma” que utilizan banderas y rutas falsas. Y para evitar las sanciones relacionadas con las transacciones en dólares, Caracas realizó más transacciones en una criptomoneda indexada al tipo de cambio del dólar (lo que se denomina una “stablecoin”), el USDT.

Antes de la intervención, Estados Unidos ya tenía presencia en Venezuela a través de Chevron, que opera en el país suramericano gracias a una autorización especial que le permite mantener una asociación con la petrolera venezolana y exportar parte de su producción al mercado estadounidense. Sin embargo, Chevron tiene prohibido pagar en efectivo los impuestos o regalías al gobierno venezolano y los abona mediante una parte del petróleo producido.

Los otros grupos estadounidenses presentes a principios de la década de 2000, ExxonMobil y ConocoPhillips, abandonaron el territorio venezolano en 2007 al rechazar las condiciones impuestas por el entonces presidente Hugo Chávez, que exigían que el Estado se convirtiera en accionista mayoritario de todas las empresas presentes en el país.

Entonces, ¿por qué Trump está interesado en el petróleo venezolano? El presidente estadounidense considera que el petróleo exportado bajo embargo por Caracas se extrajo gracias a equipos e inversiones estadounidenses antes de las nacionalizaciones ejecutadas por Chávez, explicó John Plassard, analista de Cité Gestion Private Bank, a la AFP.

Su objetivo también es repeler “a los actores chinos del continente americano”, estrategia que “se suma a los esfuerzos emprendidos por Estados Unidos en el canal de Panamá” para privar a China de su influencia en una zona por la que transita gran parte del petróleo venezolano, subrayó el analista.

De allí la justificación que le brinda la Doctrina Monroe: “Debemos estar rodeados de países seguros y protegidos y también necesitamos energía, eso es muy importante”, declaró Trump el pasado sábado.

“Hay mucho dinero que sacar de este suelo”, añadió, afirmando que Estados Unidos sería “reembolsado por todo el dinero gastado” en el país. Además afirmó que “el embargo a todo el petróleo venezolano sigue plenamente vigente”.

Katie Miller, esposa de Stephen Miller quien es el principal asesor del presidente estadounidense Donald Trump, publicó en la erd X una imagen de Groenlandia con los colores de la bandera estadounidense y la leyenda «PRÓXIMAMENTE».

Segundo objetivo: minerales críticos

Para Thoene, esa disputa por el acceso a la energía, que incluye a los minerales críticos que son clave en el desarrollo de nuevas tecnologías, forma parte de una “carrera global por la inteligencia artificial”. También se explica por la necesidad de satisfacer la creciente demanda de electricidad.

“Todo ello resulta clave para entender las tensiones globales crecientes. La existencia de importantes productores de hidrocarburos en el hemisferio occidental, como Canadá, Estados Unidos, México, Brasil, Guyana o Venezuela, sin olvidar el potencial petrolero del yacimiento Vaca Muerta en Argentina, convierte a esta región en un campo de batalla geopolítico intensamente disputado”, mencionó Thoene.

A propósito de minerales críticos, el domingo por la noche, Trump declaró que “necesita Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional”. Se quejó de que barcos rusos y chinos están “por todas partes” a lo largo de las costas de la isla danesa. “Hablemos de Groenlandia en 20 días”, agregó a bordo del Air Force One.

Contrario a lo sucedido en Venezuela, el presidente estadounidense está primero recurriendo a la vía diplomática para hacerse con Groenlandia. Según la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, Trump está considerando comprar la isla.

“Considera que es lo mejor para Estados Unidos para disuadir la agresión rusa y china en la región ártica. Y por eso su equipo está hablando actualmente de cómo sería una posible compra”, dijo Leavitt.

El senador republicano Thom Tillis, en una declaración conjunta con la demócrata Jeanne Shaheen quien es la principal figura de su partido en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, criticó las amenazas de Trump.

“Cuando Dinamarca y Groenlandia dejan claro que Groenlandia no está en venta, Estados Unidos debe cumplir sus obligaciones de tratado y respetar la soberanía y la integridad territorial del Reino de Dinamarca”, se lee en la declaración. “Debemos mantenernos enfocados en las verdaderas amenazas que tenemos delante y trabajar con nuestros aliados, no en contra de ellos, para fortalecer nuestra seguridad compartida”, agregaron.

Desde su primer mandato presidencial (2017-2021), Trump considera que Groenlandia es indispensable para la seguridad de Estados Unidos. Pero, hay algo más.

Groenlandia es rica en recursos minerales estratégicos como tierras raras (neodimio, praseodimio), litio, grafito, cobre, oro, rubíes, diamantes y mineral de hierro, cruciales para la transición energética y la tecnología moderna.

Mapa de los recursos de Groenlandia. (Foto: The Conversation).

Durante una audiencia del Congreso en 2025, senadores y expertos hablaron sobre la importancia de Groenlandia para los Estados Unidos. Se centraron en el valor estratégico de la isla y sus recursos naturales: minerales críticos, combustibles fósiles y energía hidroeléctrica.

Nadie mencionó los peligros, muchos de ellos agravados por el cambio climático, a los que inevitablemente se enfrentarán aquellos que anhelan poseer y desarrollar la isla”, escribió Paul Bierman, profesor de Recursos Naturales y Ciencias Ambientales de la Universidad de Vermont (Estados Unidos), en The Conversation.

“Eso es imprudente, porque el clima del Ártico está cambiando más rápidamente que en cualquier otro lugar de la Tierra. Este rápido calentamiento aumenta aún más el ya considerable riesgo económico y personal para quienes viven, trabajan y extraen recursos en Groenlandia, así como para el resto del planeta”, continuó.

Lo cierto es que hay una carrera mundial por asegurar los minerales críticos y esto ha generado tensiones comerciales entre países. En octubre de 2025, China –que posee abundantes reservas de minerales críticos (especialmente de tierras raras) y controla el procesamiento y refinado de los mismos– impuso controles estrictos a la exportación de tierras raras y tecnología magnética, lo que obligó a las empresas extranjeras a solicitar una autorización especial para exportar artículos que contuvieran trazas de materiales chinos.

En respuesta, Trump anunció un arancel del 100 % sobre las importaciones chinas que regiría a partir de noviembre de 2025 (al final se suspendió), una medida diseñada para desvincular las cadenas de suministro estadounidenses del dominio chino.

Los minerales críticos son esenciales para la fabricación de tecnologías avanzadas, como la inteligencia artificial, los vehículos eléctricos y las energías renovables. Y los gobiernos de todo el mundo compiten por garantizar el suministro futuro”, expuso Amir Razmjou, profesor asociado de la Universidad Edith Cowan (Australia), en un artículo que si bien se enfoca en Australia brinda contexto mundial.

Es allí donde yace la preocupación estadounidense. China domina la cadena de suministro mediante inversiones masivas en operaciones mineras, especialmente en el Sur Global. Esto a través de propuestas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Lanzada en 2013, esta iniciativa constituye un ambicioso proyecto de infraestructura que conecta continentes por tierra y mar, se explica en un artículo publicado también en The Conversation. En estos 12 años, China ha firmado más de 200 acuerdos con más de 150 países y 30 organizaciones internacionales. La iniciativa ha ampliado el acceso del país asiático a los recursos y, a menudo, esto se hace a cambio del desarrollo de infraestructuras que conectan las regiones mineras con los puertos.

“China se siente envalentonada por su influencia y su acceso a minerales críticos. Esto ha reforzado su capacidad para adquirir material militar y otras tecnologías avanzadas”, escribieron los académicos James Boafo y Rochelle Spencer de la Universidad Murdoch (Australia) así como Senyo Dotsey de la Universidad de Turín (Italia).

Para los académicos, la competencia entre Estados Unidos y China por los minerales críticos se intensificará.

“La lucha entre los órdenes mundiales, liderados por Estados Unidos y China, dependerá de varios factores. Uno de ellos es el control de las tecnologías emergentes. Entre ellas se incluyen las energías renovables, la defensa, la industria aeroespacial y la inteligencia artificial, todas ellas dependientes de minerales críticos. El acceso ampliado a estos minerales y sus cadenas de suministro, así como el control de los mismos, serán factores determinantes del poder mundial”, destacaron los autores.

Recientes

Busqueda

Seleccione un autor
Suscríbase a nuestro boletín!
Únase a nuestro boletín informativo para obtener las noticias y actualizaciones más recientes de Ojo al Clima.