El tráfico de cocaína por Centroamérica podría estar relacionado con entre 15 y 30% de la deforestación en Honduras, Nicaragua y Guatemala, según un artículo publicado en la revista Environmental Research Letters.

Este estudio analiza el impacto del dinero generado por el narcotráfico y plantea que las áreas deforestadas sirven para blanquear las ganancias ilegales al mercado formal.

Con datos de Global Forest Change — una base de datos georeferenciada que permite ubicar la pérdida de cobertura boscosa—, los investigadores notaron que en estos países desaparecieron grandes parches de bosque en patrones “anormales” e imposibles de explicar por la tala ilegal típica o por otros factores conocidos.

Parte de los hallazgos de esta investigación fueron presentados el miércoles 21 de junio por investigadores de la Fundación Neotrópica, la Universidad de Costa Rica y la Universidad Estatal de Ohio.
Según el estudio, entre 2004 y 2014, la cocaína puede haber contribuido a un millón de hectáreas deforestadas en Honduras, Nicaragua y Guatemala.

El dinero que deja el narcotráfico sirve para comprar tierras en zonas alejadas, con poca población y casi sin caminos. Allí desaparecen grandes áreas boscosas para dar paso a la tala industrial o son reemplazadas por ranchos ganaderos, que podría servir para lavar dinero de la droga al sistema formal.

“Estas personas (los narcotraficantes) están barriendo con cientos de hectáreas de bosque cada año”, dijo a SciDev.Net el investigador principal del artículo, Steven Sesnie.

Los investigadores notaron que el caso más crítico es Honduras, donde el ritmo de deforestación se aceleró en 2005, cuando aumentaron los indicios de tráfico de cocaína. En Guatemala este punto de quiebre ocurrió en 2003.

“Para que la deforestación crezca mucho y muy rápido se necesitan muchas motosierras, mucho gas y muchos recursos que no tienen los agricultores de la zona”, explicó Sesnie, científico del Servicio de Pesca y Fauna Silvestre de Estados Unidos. Al cruzar los datos de deforestación con los cargamentos de cocaína decomisados y las zonas donde se avistaron avionetas provenientes de zonas cocaleras, notaron una correlación fuerte que no puede explicarse por otros motivos conocidos, como concesiones madereras o plagas.

“¿Por qué irías a estas zonas remotas, donde no hay carreteras, a montar una finca ganadera”, se pregunta el investigador.

Según el estudio, entre 30 y 60% de la deforestación ocurre en áreas protegidas.

Esto también puede repercutir económicamente en los países de la región. Los hallazgos revelados en junio estiman que la deforestación por narcotráfico le costó a Centroamérica hasta $88 millones al año en pérdidas por servicios ambientales.

“Hay evidencia de que hay una relación entre la colusión entre el extractivismo y las actividades del tráfico”, dice el director de Fundación Neotrópica, Bernardo Aguilar.

Los resultados apuntan hacia la necesidad de trabajar la conservación de manera más cercana con comunidades, para acercar la gobernanza del territorio a comunidades y pueblos indígenas, explica Aguilar, investigador asociado con Northern Arizona University.

Esta nota fue publicada originalmente en SciDev.Net

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