- Entre la falta de plantas de tratamiento y el estrés hídrico proyectado para la provincia, jóvenes lideresas climáticas proponen una hoja de ruta que combina justicia hídrica, fiscalización comunitaria y enfoque de género para enfrentar la crisis del agua en Cartago.
Por Sofía Rodríguez-Mathieu, Monserrath Alvarado Vega, Tania Fernanda Ramírez González, Isabella Monge Valerín, Mónica Garita Durán, Mariana Rojas Muñoz, Maripaz Acuña Poveda y Nazaret Guillén Arrieta. Fracción de Cartago del Parlamento Joven de Mujeres por el Clima (2025-2026).
“Agua que no has de beber, déjala correr”, un refrán que solemos usar los costarricenses para no entrometernos en asuntos ajenos. El problema es que, en Cartago, hace más de un año que, para muchas familias, el agua ni siquiera corre y es imposible no indagar en el asunto.
Diversas comunidades de la provincia no reciben una sola gota de agua potable por tubería y dependen del abastecimiento mediante camiones cisterna. La contaminación con clorotalonil afecta principalmente a comunidades de tres cantones de Cartago: Oreamuno, Alvarado y Paraíso, específicamente en Cipreses, Santa Rosa, San Pablo, San Rafael de Irazú y Cot (cantón de Oreamuno), Cervantes y Pacayas (cantón de Alvarado) y sectores del cantón de Paraíso, según reportaron el Ministerio de Salud en 2024 y una nota publicada en el Semanario Universidad del 2025.
Solo en Cipreses y Santa Rosa de Oreamuno, entre 8.000 y 10.000 personas dependieron de camiones cisterna durante meses, como documentaron en 2023 La Nación y Delfino.cr. En 2025, un tribunal debió ordenar reactivar ese servicio para las ASADAS de Santa Rosa, San Pablo y Cipreses, al confirmarse que la contaminación persiste en un área de más de 85 km² que abastece a unas 46.000 personas, de acuerdo con la nota publicada en Semanario Universidad.
Pero, ¿de dónde nace esta crisis hídrica? Esta problemática responde a la contaminación por agroquímicos. El Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) confirmó clorotalonil sobre el límite en varias nacientes que abastecen a más de 46.000 personas de la zona norte según reportó Semanario Universidad en 2025. También se debe a prácticas ganaderas tradicionales que erosionan el suelo en Coliblanco y Oreamuno, según se reportó en 2024 en Teletica y finalmente al cambio climático, que sobre los frágiles suelos volcánicos de la zona proyecta un déficit hídrico de hasta 30% en 2026 por El Niño, tal como lo detalló Noticias Monumental.
A esto se suma un saneamiento obsoleto, ya que las aguas residuales del cantón central de Cartago se vierten sin ningún tratamiento a los ríos Agua Caliente, Toyogres y a la quebrada Zopilota, un problema señalado desde 2007 que llevó a la Sala Constitucional a ordenar a la Municipalidad resolverlo, tal como publicó La Nación en su cobertura del 2023. En adición, en el año 2016 se anunció que se construiría la planta de tratamiento, la cual beneficiaría a unos 27.000 habitantes luego de 50 años sin que se reactive una planta en la ciudad, según reportó La Nación. Sin embargo, siendo actualmente 2026, se le suman otros 10 años al tiempo transcurrido sin una planta de tratamiento de aguas residuales para la provincia de Cartago
La respuesta institucional ha sido deficiente por la brecha entre las políticas propuestas y su ejecución en el territorio cartaginés. Por ejemplo, la contaminación por clorotalonil necesita trazabilidad intensiva, más que un decreto de prohibición, contemplando que, además, la modificación de los límites de plaguicidas permitidos en el agua potable hecha por el Ministerio de Salud no es una medida viable ni en seguridad ni en resolución de la problemática.
De parte de las parlamentarias de la Fracción de Cartago del Parlamento Joven de Mujeres por el Clima, que viven personalmente esta crisis hídrica, se sugiere a las autoridades competentes, especialmente a la Municipalidad de Cartago y a las demás municipalidades de la provincia, tomar medidas integrales para cada uno de los ejes. Empezando por el monitoreo del recurso hídrico en las zonas afectadas por la contaminación de agroquímicos, con informes públicos y planes de remediación en conjunto con instituciones como el Ministerio de Salud, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA).
Asimismo, el país reconoce que el fenómeno de El Niño ahora será más intenso por la amenaza del cambio climático. La zona norte de Cartago enfrentará períodos de sequía prolongados, aumento de temperaturas y reducción en la disponibilidad de agua, con impactos directos sobre la producción agrícola. Por lo tanto, se recomienda el desarrollo de planes locales de adaptación climática que preparen a la provincia para la disminución de las precipitaciones y el estrés hídrico. Estas medidas deben incluir análisis de riesgo, el fomento de prácticas agroecológicas y el uso de fertilizantes naturales para fortalecer la resiliencia de los ecosistemas comunitarios y reducir el impacto de los agroquímicos en las nacientes.
En el sector ganadero es necesario implementar cercas alrededor de nacientes, zonas de vegetación como filtros de contaminantes, pagos por servicios hídricos que recompensen económicamente a personas ganaderas que protejan fuentes de agua y fortalecer la cobertura territorial del MAG.
Para el tratamiento de aguas residuales, se recomienda la reactivación de obras de tratamiento, la rendición de cuentas semestral y establecer un ente rector permanente de la calidad de los ríos en coordinación con las universidades públicas. Asimismo, todas estas acciones deben implementarse con un enfoque de género, reconociendo que la participación activa de las mujeres en la gestión del agua es clave para la construcción de comunidades resilientes frente al cambio climático.
La crisis del agua en Cartago nos recuerda que el recurso hídrico se pierde lentamente cada vez que postergamos las decisiones necesarias para protegerlo. Hoy, más que nunca, no podemos "dejar el agua correr" frente a una situación que pone en riesgo la salud, los ecosistemas y el derecho al agua limpia, porque la justicia climática debe llegar hasta el grifo de cada hogar.





