- Un análisis de Climate Central revela que el calentamiento global, impulsado por los combustibles fósiles, alterará el rendimiento físico en 97 de los 104 partidos del torneo.
El aumento de las temperaturas globales, impulsado por la quema de combustibles fósiles, está reescribiendo las reglas del juego. Un análisis científico, publicado por la organización Climate Central, revela que el cambio climático aumentará la probabilidad de registrar condiciones de calor extremo capaces de deteriorar el rendimiento físico y poner en riesgo la salud de los futbolistas en 97 de los 104 partidos programados para la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2026.
El estudio tomó como base los 28 °C, un umbral térmico que la ciencia identifica como el punto crítico donde el rendimiento de los atletas de élite empieza a decaer notoriamente.
Para determinar estas probabilidades, Climate Central cruzó las fechas y ubicaciones exactas de los 104 partidos programados con modelos climáticos. Los científicos analizaron las condiciones bajo el escenario de calentamiento global actual (influenciado por las emisiones humanas) y las comparó con un modelo contrafáctico de un mundo sin cambio climático, aislando de esta manera cuánto aumentó la probabilidad de experimentar calor extremo en cada partido específico.
Al evaluar las sedes y fechas del torneo, los investigadores concluyeron que el 93% de los encuentros se enfrentarán a una mayor probabilidad de cruzar esta barrera debido al calentamiento global.
“Durante el Mundial de 2026, es probable que veamos las consecuencias en tiempo real del calentamiento global en este deporte: un calor que pone en riesgo la salud y el rendimiento de los jugadores”, señala el estudio.
Más que temperatura
En este torneo se prevé que uno de cada cuatro partidos se dispute bajo un calor peligroso. Según un estudio del World Weather Attribution (WWA), se espera que 26 de los 104 partidos se celebren en condiciones de estrés térmico. Y no, no se trata de un día caluroso cualquiera.
El estudio utiliza la temperatura de bulbo húmedo global (WBGT), que tiene en cuenta el calor, la humedad, la luz solar, el viento y la radiación directa. A diferencia de la temperatura del aire por sí sola, la WBGT ofrece una mejor medida del estrés térmico para los jugadores. La temperatura WBGT no es directamente convertible a la temperatura percibida; por lo tanto, una WBGT puede parecer mucho más alta de lo que indica y no debe utilizarse indistintamente con la temperatura del aire.

Por ejemplo, una temperatura del aire de 40 °C y una humedad relativa del 30% dan lugar a una temperatura WBGT de unos 26 °C. Esos 26°C WBGT es el límite exacto en el que Fifpro, el sindicato mundial de futbolistas, aconseja que se implementen medidas de seguridad de carácter obligatorio, como pausas de enfriamiento para hidratación.
Según Chris Mullington, consultor del Imperial College Healthcare NHS Trust, cuando el WBGT supera los 26 °C, el rendimiento de los jugadores puede verse afectado, pero por encima de los 28 °C, el riesgo de sufrir enfermedades graves relacionadas con el calor se vuelve más preocupante.
En este sentido, se prevé que esto afecte a algunos de los partidos más importantes del Mundial. Entre los partidos en riesgo se encuentran la final, dos juegos de cuartos de final y el partido por el tercer puesto.
“Aún no sabemos cuáles dos equipos llegarán a la final, programada para el 19 de julio en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, pero sí sabemos que, sean cuales sean los equipos que pasen a la final, se enfrentarán a un 47% de probabilidades de que el calor afecte su rendimiento, una probabilidad que es unos 17 puntos porcentuales mayor debido al cambio climático”, destacó Climate Central en su informe.
Según el análisis de WWA, alrededor de cinco partidos podrían alcanzar los 28 °C de WBGT, el nivel a partir del cual los expertos recomiendan el aplazamiento del juego. Sin embargo, las normas actuales de FIFA solo contemplan el aplazamiento cuando los niveles de WBGT superan los 32 °C.
Por su parte, Climate Central resalta que casi la mitad de todos los partidos del Mundial tienen al menos un 50% de probabilidad de disputarse bajo calor perjudicial. Además, en 26 de esos encuentros, la influencia del cambio climático elevó esa probabilidad en un mínimo de 10%.
El escenario más crítico identificado por Climate Central ocurrirá el 26 de junio en Guadalajara, México, durante el partido de fase de grupos entre las selecciones de Uruguay y España. Este encuentro presenta un 70% de probabilidad de registrar temperaturas superiores al umbral de rendimiento. De ese porcentaje, 37% son atribuidos de forma directa al impacto del cambio climático.

Ahora bien, el riesgo de calor extremo no se distribuye de manera uniforme. Las ciudades al centro y sur de Estados Unidos y las tres de México están más expuestas.
Según Climate Central, en Miami y Ciudad de México, los días de calor extremo durante junio y julio se han multiplicado por siete en comparación con la última vez que fueron sedes mundialistas.
Incluso las ciudades más frescas corren riesgo. Toronto y Vancouver, en Canadá, podrían sufrir olas de calor. En 2021, por ejemplo, una ola de calor a finales de junio alcanzó temperaturas máximas de 49,6 °C en Columbia Británica, lo que provocó más de 600 muertes. El año pasado, Toronto vivió uno de sus veranos más calurosos, marcado por seis olas de calor, con temperaturas que superaron los 36°C.
En cuanto a los estadios, casi todos podrían experimentar calor extremo. Climate Central identificó cinco cuya condición podría ser crítica: Hard Rock Stadium (Miami, EE. UU.), Estadio Azteca (Ciudad de México, México), Estadio Monterrey (Monterrey, México), Estadio Guadalajara (Guadalajara, México) y NRG Stadium (Houston, EE. UU.). Solo el estadio de Houston cuenta con un sistema de climatización completamente cerrado.
Menos sprints, más riesgos
Jugar al fútbol por encima de los 28 °C altera drásticamente la dinámica en la cancha. Investigaciones previas demuestran que, bajo estas condiciones, se reduce la frecuencia de los sprints (carreras cortas de alta velocidad), disminuye la distancia total recorrida por los jugadores y se alargan los tiempos de recuperación. El ritmo del partido se vuelve más lento, los jugadores dosifican sus fuerzas, ocurren cambios tácticos y sustituciones más tempranas.
“Jugar con temperaturas superiores a los 28 °C cambia el partido, ya que afecta a la táctica, el ritmo y la calidad general. Se observa una menor intensidad, menos sprints y, posiblemente, menos ocasiones de gol”, explicó el profesor Mike Tipton, investigador del Laboratorio de Entornos Extremos de la Universidad de Portsmouth (EE. UU.).
Esto ya se vio en el Mundial de Clubes de 2025. Tras analizar 57 partidos y 1.070 observaciones de jugadores, investigadores notaron que el WBGT medio superó los 28 °C en 31 partidos, lo que expuso a los jugadores a un riesgo extremo de sufrir enfermedades relacionadas con el calor.
Durante los partidos, tanto los aficionados como los jugadores expresaron su preocupación por las altas temperaturas, lo que provocó que periodistas, espectadores e incluso un árbitro asistente sufrieran desmayos, que los suplentes se quedaran en el vestuario, que los jugadores pidieran ser sustituidos y que se retrasara el inicio del partido.

El estudio, publicado en la revista científica Temperature, comprobó que el calor afecta el rendimiento. Un WBGT más elevado se asocia con una menor distancia recorrida por los jugadores, incluso a diferentes velocidades de carrera. Esto significa que el calor influye tanto en la táctica como en el rendimiento y puede afectar a la presión, las transiciones, el ritmo, las sustituciones, la recuperación, la concentración y la toma de riesgos.
En este escenario, los equipos de fútbol, cuyo estilo de juego se basa en la velocidad y en los sprints repetidos, podrían verse en desventaja debido a las altas temperaturas.
Morten Thorsby, futbolista profesional y miembro de la selección de Noruega (país participante en este Mundial), se sumó a las alertas.
“El aumento de las temperaturas no solo es un riesgo grave para la salud de los jugadores y aficionados, sino que está empezando a afectar la calidad del juego mismo. Cuando el calor impacta en los sprints, la recuperación y la intensidad general, cambia la forma en que se juega al fútbol, y no para mejor”, declaró.
Thorsby no es el único. El 75% de los atletas perciben un impacto negativo directo en su salud y rendimiento debido al cambio climático, según la tercera encuesta anual realizada por World Athletics para evaluar las opiniones de los atletas de élite sobre cuestiones ambientales y sociales.
Pero, más allá de la estrategia y el espectáculo, la principal preocupación radica en la seguridad física de quienes están en la cancha.
“A medida que las temperaturas siguen subiendo, los riesgos también aumentan. La exposición prolongada y la deshidratación pueden provocar agotamiento por calor o incluso un golpe de calor, sobre todo en partidos de gran importancia en los que los jugadores tienden a esforzarse más allá de sus límites naturales”, advirtió Tipton.
Por su parte, John Toohey-Morales, miembro honorario de la Sociedad Americana de Meteorología, dimensionó el esfuerzo físico al recordar que un mediocampista promedio corre más de 10 kilómetros por partido combinando giros, cambios de dirección y aceleraciones de alta intensidad, un desgaste que se verá gravemente ralentizado por el calor.

Adiós a los mundiales del pasado
Climate Central subraya que el Mundial del 2026 forzará una reevaluación estructural de cómo se organizan los eventos deportivos de escala masiva, obligando a repensar horarios, logística de hidratación y medidas de resiliencia climática para atletas y espectadores.
Para Shel Winkley, meteorólogo de Climate Central, la realidad actual exige dejar de lado la nostalgia.
“Los Mundiales del pasado no volverán a repetirse, no porque los jugadores hayan cambiado, sino porque el planeta sí lo ha hecho. Las olas de calor, el clima impredecible y las estaciones cambiantes están reescribiendo las reglas de los deportes que amamos”.
Para esta Copa Mundial de Fútbol, la FIFA programó más partidos nocturnos en las ciudades que son calurosas y las pausas de hidratación son obligatorias en los 104 partidos. Los partidos podrían posponerse si se alcanzan los 32 °C de WBGT para así minimizar los riesgos de estrés térmico.
Los equipos también podrían implementar medidas como toallas refrescantes y chalecos de hielo. Lo que no quedan claras son las medidas de seguridad para los aficionados, tanto dentro como fuera de los estadios. Incluso podrían presentarse altercados en las ciudades debido al calor.
Winkley concluyó con un llamado directo a la raíz del problema:
“Los atletas se ven obligados a jugar con más cautela, a elaborar estrategias diferentes y a abandonar los riesgos que antes hacían que el deporte fuera emocionante. A menos que dejemos de quemar combustibles fósiles, el futuro de la competición no se decidirá por quién juega mejor, sino por quién puede soportar el calor”.





