• El reconocimiento internacional certifica cinco décadas de gestión basada en la ciencia y gobernanza comunitaria. En un escenario donde el cambio climático altera la nubosidad y empuja a las especies a mayores alturas, la acreditación respalda la capacidad adaptativa del bosque nuboso frente al calentamiento global.

La Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde hizo historia al convertirse en la primera área protegida de Costa Rica, y una de las primeras reservas privadas terrestres a nivel mundial, en ingresar a la Lista Verde de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

La Lista Verde de la UICN es un mecanismo internacional que certifica una gobernanza equitativa, una gestión efectiva y resultados tangibles de conservación tanto para la biodiversidad como para las comunidades.

El camino hacia esta certificación implicó un proceso riguroso de evaluación independiente estructurado en cuatro componentes, 17 criterios y 50 indicadores. Tras la solicitud inicial y la autoevaluación, Costa Rica debió conformar su primer Grupo de Expertos Evaluadores de la Lista Verde (EAGL, por sus siglas en inglés). Luego de aportar las evidencias y realizar la auditoría de campo, el expediente fue verificado por un revisor externo independiente antes de pasar a la ratificación final del Panel Internacional de la UICN en Suiza.

La reserva es administrada desde 1972 por el Centro Científico Tropical (CCT). “Este es un gran reconocimiento que se le otorga a un legado de resultados positivos en la alta gobernanza y en el buen manejo de una zona protegida”, destacó Mario Roa, quien es el director ejecutivo del CCT.

En Monteverde, el quetzal no permanece todo el año a la misma altura. Durante la época de anidación (entre marzo y mayo), aprovecha la abundancia de los frutos de aguacatillo silvestre en las partes altas del bosque nuboso. Sin embargo, cuando los frutos escasean en las cumbres, realiza migraciones altitudinales hacia las laderas más bajas de la cordillera en busca de alimento. Este patrón dinámico convierte al quetzal en un dispersor de semillas clave para la regeneración del bosque y en una de las especies que los científicos monitorean de cerca para evaluar cómo las variaciones en los patrones de lluvia y la disponibilidad de frutos provocadas por el cambio climático impactan sus rutas de alimentación. (Foto: Daniel Aguilar, cortesía UICN).

Por su parte, Úrsula Parrilla —directora regional de la UICN para México, América Central y el Caribe— reconoció los elementos que posibilitaron esta designación: “El ingreso de la Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde a la Lista Verde de la UICN demuestra que la excelencia en la conservación es posible cuando existe una visión de largo plazo, una gobernanza sólida, una gestión basada en la ciencia y un profundo compromiso con las comunidades”.

“Este reconocimiento también posiciona a Costa Rica como un referente regional y mundial en la implementación de los más altos estándares para la conservación efectiva y equitativa. Esperamos que este logro inspire a muchas otras áreas protegidas a emprender este camino hacia la mejora continua”, agregó Parrilla.

Integridad ecológica frente al cambio climático

La Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde protege 4.125 hectáreas de bosque nuboso y forma parte del Corredor Biológico Pájaro Campana.

La reserva impulsa un programa permanente de investigación y monitoreo que genera información científica para apoyar la conservación y el manejo del área protegida. Entre sus líneas de trabajo se incluyen el seguimiento de aves, mamíferos, anfibios, reptiles y del recurso hídrico.

Asimismo, desarrolla un programa de educación ambiental que beneficia cada año a más de 1.200 estudiantes de escuelas de la zona, promoviendo el conocimiento y la protección de la biodiversidad desde edades tempranas.

La reserva no está exenta de verse afectada por el cambio climático. Por ejemplo, en Monteverde, el impacto del cambio climático se evidencia en la paulatina pérdida de las condiciones características del bosque nuboso debido a la reducción de los patrones de nubosidad y a la alteración de los niveles de humedad.

Debido al aumento en la temperatura del aire, la condensación ocurre a mayor altitud, provocando que las nubes se formen más arriba y pasen sobre las laderas sin entregar agua suficiente al ecosistema. Como consecuencia, los días secos al año han pasado de un promedio de 20 en la década de 1970 a alcanzar hasta 100 en la actualidad, alternados con eventos de alta variabilidad y sequía que exponen a las plantas a mayor radiación solar e inciden en su fotosíntesis. (Foto cortesía de UICN).

Asimismo, el calentamiento empuja a especies de zonas más bajas a desplazarse a mayores alturas —como se observa con la llegada del tucán pico iris—, lo que reduce el espacio de desarrollo para la flora y fauna endémicas que no tienen más montaña hacia arriba a la cual ascender.

Al ser consultada sobre si existen criterios específicos en materia climática dentro del estándar, Damaris Chaves —gerenta del Sistema de Reservas Privadas del CCT— aclaró que la Lista Verde no es una certificación climática como tal, sino que evalúa la integridad ecológica a través de cuatro pilares: gobernanza, planificación, manejo efectivo y resultados de conservación.

No obstante, Chaves explicó que, en el contexto climático actual, esta certificación acredita que Monteverde posee mejores condiciones institucionales y técnicas para adaptarse, monitorear los cambios en el ecosistema y sostener servicios ecosistémicos clave.

Chaves subrayó que en la reserva el cambio climático no representa un concepto abstracto, sino una realidad palpable que se manifiesta en alteraciones en la nubosidad, la humedad, la disponibilidad hídrica, los patrones de precipitación y la distribución espacial de las especies.

Ante este escenario, Chaves remarcó que contar con la acreditación demuestra que el área protegida posee una base de gestión sólida respaldada en ciencia, monitoreo constante, planificación y mejora continua. Esto le permite observar los impactos, documentarlos y ajustar su manejo adaptativo para reaccionar en mejores condiciones que otras áreas frente a las presiones del cambio climático y otras amenazas ambientales.

Debido a que requiere grandes extensiones de bosque continuo a diferentes elevaciones para completar su ciclo de vida y alimentación, los científicos consideran al pájaro campana como una especie indicadora de la salud y conectividad de los ecosistemas, especialmente crítica frente a la fragmentación de hábitats y los cambios de humedad causados por el calentamiento global. (Foto cortesía de UICN).

Alineación con Kunming-Montreal

Este estándar internacional funciona además como un indicador clave para evaluar el avance hacia la Meta 3 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que busca conservar de forma efectiva el 30% de las tierras y aguas del planeta para el año 2030.

Chaves enfatizó que la Lista Verde está totalmente alineada con las metas globales de Kunming-Montreal, ya que sus cuatro grandes áreas marcan de forma directa el espíritu de este marco internacional. La experta definió el proceso como “conservación en acción”, señalando que la herramienta exige ir más allá de la simple declaración de áreas protegidas sin gestión real.

En ese sentido, explicó que dentro del estándar es indispensable demostrar con mediciones y datos que la gobernanza, el diseño y la implementación producen resultados concretos a favor de la biodiversidad y de la comunidad, bajo la premisa de que “lo que no se mide no se valora”.

Al provenir de la UICN, el estándar incorpora un enfoque integral que va desde la definición de los actores participantes en la gobernanza y los instrumentos de manejo, hasta la verificación de beneficios reales tanto para la naturaleza como para las personas, transversalizando así las metas globales.

Para la comunidad de Monteverde, la Reserva Biológica Bosque Nuboso Monteverde representa mucho más que un área protegida de alto valor ecológico: es el motor socioeconómico, cultural e identitario sobre el cual se construyó el modelo de desarrollo de la zona. (Foto cortesía de UICN).

Lazo comunitario

A su vez, Chaves recalcó el compromiso que asume la institución para los próximos cinco años y el valor de la relación histórica con la comunidad local.

“Este premio no es un reconocimiento para la reserva o para el CCT, esto es un reconocimiento para la comunidad. El hito de ingresar a la Lista Verde es la punta del iceberg de esa relación simbiótica que tenemos con la comunidad de Monteverde”, dijo.

Tras la obtención de este reconocimiento, el CCT iniciará una etapa de seguimiento para asegurar la permanencia de sus estándares de gestión, al tiempo que impulsará espacios de capacitación para transferir los aprendizajes adquiridos a otras áreas silvestres protegidas, públicas y privadas, en Costa Rica y América Latina.

Los primeros en capacitarse serán los integrantes de la Red de Reservas Naturales Privadas de Costa Rica.

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