Con o sin fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), la tendencia al calentamiento ha persistido en las últimas décadas. Desde el 2000 hasta el 2022, las temperaturas medias de verano a las que estuvieron expuestos los costarricenses aumentaron en 0,02°C por año.

Podría parecer poco, pero la salud ya resiente ese incremento. La marca del calentamiento global en el bienestar físico de los ticos se deja ver en los padecimientos asociados a la exposición al calor, en los numerosos casos de dengue y en la cantidad de personas afectadas por males respiratorios causados por la contaminación del aire.

Costa Rica fue uno de los países evaluados en el informe Lancet Countdown Latinoamérica 2023, el cual se basó en el trabajo de 23 instituciones académicas regionales, agencias de las Naciones Unidas y más de 30 investigadores, quienes analizaron 34 indicadores que permiten ver esos cruces entre la salud y el cambio climático.

“Este informe revela la importancia crítica de adoptar políticas climáticas intersectoriales, fortalecer los sistemas de salud, adaptarse al cambio climático y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) mediante intervenciones que también generen cobeneficios para la salud. Estas medidas son esenciales para construir poblaciones más saludables y resilientes, marcando el camino hacia un futuro próspero para Costa Rica”, destacaron los autores.

Según el informe Lancet Countdown Latinoamérica 2023, el número de horas de riesgo de estrés térmico para la actividad física ligera y moderada al aire libre ha aumentado, en América Latina, en 256 y 246 horas por persona al año durante 2013-2022, en comparación con el promedio de 1991-2000. (Foto: Katya Alvarado)

Calor

La exposición a altas temperaturas ambientales puede provocar enfermedades relacionadas con el calor e incluso la muerte, sobre todo en personas vulnerables como niños menores de un año, adultos mayores y personas con padecimientos preexistentes.

En Costa Rica, en los años comprendidos entre 2013 y 2022, los niños y niñas menores de un año experimentaron, en promedio, un 86% más de días de calor extremo por año que en el período de referencia de 1986-2005. En el caso de las personas mayores de 65 años, ese porcentaje fue 42,2%.

En declaraciones anteriores dadas a Ojo al Clima, Zaray Miranda —médica, investigadora de la Universidad de Costa Rica (UCR) y coautora del Lancet Countdown Latinoamérica 2023— explicó que los niños y las niñas tienen una capacidad de respuesta limitada a la termorregulación, esto debido a la inmadurez de sus sistemas corporales y a un mayor riesgo de absorber el calor del ambiente a causa del tamaño de su cuerpo. 

En el otro extremo yacen los adultos mayores, quienes son vulnerables debido a cambios en sus sistemas de regulación térmica y una menor capacidad para sudar. Además, a menudo tienen problemas de salud y pueden tomar medicamentos para la presión arterial, lo cual podría afectar su capacidad para manejar el calor.

“En general, las altas temperaturas ambientales desafían al cuerpo humano al afectarlas respuestas fisiológicas, lo que provoca un alto riesgo de estrés térmico. Esta situación es aún peor en algunas personas con alteraciones fisiológicas, como las personas con comorbilidades, las personas sometidas a determinados tratamientos y las personas mayores”, se lee en el informe.

En este sentido, las olas de calor se han vuelto un factor de riesgo sanitario, ya que implican un periodo sostenido con temperaturas diurnas y nocturnas inusualmente altas por dos o más días. El riesgo está en que esas altas temperaturas podrían provocar un golpe de calor, el cual implica una afectación multisistémica dado que la persona no logra termoregularse, propiciando una serie de alteraciones. Los casos más graves pueden conducir a la muerte.

En América Latina, la mortalidad relacionada con el calor exhibe una tendencia al alza. En el periodo 2013-2022, todos los países latinoamericanos mostraron un aumento promedio del 140% de muertes relacionadas con calor en comparación con el periodo 2000-2009.

Los investigadores de Lancet Countdown incluso calcularon las pérdidas monetarias derivadas de las muertes por calor de personas mayores de 65 años. Concluyeron que, en 2022, las pérdidas monetizadas aumentaron un 231% entre 2000-2004 y 2018-2022 en América Latina, lo que equivale a un incremento del 163% de las pérdidas en el Producto Interno Bruto (PIB).

También calcularon la pérdida potencial de ingresos por la reducción de la capacidad laboral relacionada con el calor. En el caso de los países latinoamericanos, esa pérdida fue igual al 1,34% del PIB en 2022, siendo los sectores de la agricultura (40,6% de las pérdidas totales)  y la construcción (32,5%) los que experimentaron pérdidas más elevadas.

En Costa Rica, entre 2013 y 2022, se perdieron 66 millones de horas laborales al año por exposición al calor, lo que representa un aumento del 15% en comparación con el periodo de 1991-2000.

Esto equivale a una pérdida potencial de ingresos de $270 millones al año, debido a la disminución de la mano de obra. Las pérdidas económicas afectaron a los sectores de agricultura (42%), construcción (29%), servicios (18%) donde se incluye a los servicios de reparto y conductores de transporte público o privado, así como manufactura (11%).

El calor, aunado a la sequía, también provoca inseguridad alimentaria, ya que afecta la disponibilidad, acceso y asequibilidad de los alimentos. En América Latina, un mayor número de días de olas de calor se asoció con un 4,29% mayor de inseguridad alimentaria en 2021, mientras que el aumento de la frecuencia de las sequías hizo que la inseguridad alimentaria fuera 1,93% mayor.

Según datos del Ministerio de Salud, en el 2023 se contabilizaron 28.420 casos de dengue en Costa Rica. (Foto: Archivo SU)

Dengue

Desde enero hasta marzo de 2024, América Latina y el Caribe reportó 3,5 millones de casos de dengue, incluidas más de 1.000 muertes. “Es motivo de preocupación ya que representa tres veces más casos que los reportados para esta misma fecha en 2023, año récord con más de 4,5 millones de casos notificados en la región”, declaró Jarbas Barbosa, director de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en conferencia de prensa.

El dengue es una enfermedad que provoca fiebre, dolor de cabeza y también detrás de los ojos, malestar muscular y en las articulaciones. Es provocado por un virus que se transmite a través de la picadura del mosquito Aedes aegypti.

“El aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos como olas de calor, sequías intensas que llevan a la población a almacenar agua de forma inadecuada y tormentas e inundaciones pueden aumentar la proliferación del mosquito vector”, explicó Barbosa.

“La combinación del fenómeno El Niño con el cambio climático pone en riesgo todas las grandes ciudades que están en áreas tropicales y subtropicales de la región, porque el mosquito vector puede proliferar de una manera muy rápida en esas zonas”, agregó.

En el caso de Costa Rica, y según Lancet Countdown, la capacidad del mosquito Aedes aegypti para transmitir el virus del dengue aumentó un 28% en 2013-2022 en comparación con 1951- 1960. Esta capacidad de transmisión se ve influenciada por los cambios experimentados en la temperatura ambiental y la precipitación.

Para conocer la idoneidad climática para el potencial de transmisión, los investigadores tomaron en cuenta el número básico de reproducción (R0). En este sentido, todos los países latinoamericanos han experimentado un aumento del R0 estimado para la transmisión del dengue entre 1951-1960 y 2013-2022, con un incremento medio del 54%.

“La asociación entre el aumento estimado de la idoneidad climática para los vectores y el aumento observado de los casos de dengue apoya un vínculo entre las condiciones climáticas y el dengue en la población”, se lee en el informe.

Además, el cambio climático está provocando alteraciones en los nichos ecológicos, lo que repercute directamente en la reproducción de los mosquitos en ciertas zonas geográficas. “El potencial de transmisión del dengue en lugares donde la población no ha estado expuesta anteriormente supone un alto riesgo de aumento de la morbilidad y la mortalidad. Esta situación enfatiza la necesidad de que los sistemas sanitarios y los sistemas de vigilancia de la salud pública sean proactivos y reactivos, lo que requiere el apoyo de planes de adaptación y planes financieros adecuados”, señalaron los autores.

Las personas que laboran al aire libre, como los repartidores de comida, están expuestos no solo al calor, sino también al material particulado resultante de la quema de combustibles fósiles en el transporte. (Foto: Katya Alvarado)

Calidad del aire

La exposición a contaminación atmosférica en los hogares, debido a la tecnología de cocción que se utiliza, puede acarrear importantes riesgos para la salud.

En Costa Rica se utiliza mayoritariamente electricidad y gas licuado de petróleo (GLP) para cocinar. Según un estudio, realizado por la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep), el 45% de la población utiliza GLP para cocinar, siendo las zonas rurales donde más se emplea (58%) en comparación con las zonas urbanas (42%).

Lo que pasa con el GLP, según los investigadores, es que su utilización puede tener efectos negativos en la salud, ya que su combustión libera dióxido de nitrógeno (NO2) y este contaminante ha sido asociado al asma infantil.

En América Latina, incluida Costa Rica, el optar por fuentes energéticas más limpias para cocinar puede reducir la exposición anual a la contaminación atmosférica en los hogares en un 61%, lo que conlleva una reducción del 27% de la mortalidad relacionada a esta causa.

La otra fuente que compromete la salud respiratoria de los ticos yace en las partículas de 2,5 μm de diámetro (PM2.5) procedentes de la quema de combustibles fósiles. Ese tamaño las hace particularmente peligrosas porque son capaces de llegar hasta los alvéolos, las terminales del árbol bronquial donde ocurre el intercambio de oxígeno entre el sistema respiratorio y la sangre.

“El 36% de las muertes por cáncer de pulmón, el 35% de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (COPD), el 34% de los accidentes cerebrovasculares y el 27% de las cardiopatías isquémicas son atribuibles a la contaminación atmosférica”, indica la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En América Latina, en 2020, unas 123,5 muertes prematuras por millón de personas eran atribuibles a PM2.5, lo que representa un aumento del 3,9% con respecto a 2005 (118,9 muertes prematuras por millón de personas). De ese total de muertes prematuras atribuibles al PM2.5, el 19,1% correspondió al transporte, el 12,3% a los hogares, el 11,6% a la industria y el 11% a la agricultura.

Estos sectores también son responsables de la mayor parte de las emisiones de GEI en América Latina y, en ellos, las acciones de mitigación del cambio climático centradas en la salud tienen el potencial de reducir su contribución a la mortalidad relacionada con la contaminación atmosférica. Por lo tanto, tener en cuenta la posible obtención de estos beneficios colaterales para la salud es crucial en la planificación de una respuesta al cambio climático que ofrezca un futuro próspero a las poblaciones locales”, recalcaron los investigadores.

En el caso costarricense, la tasa de mortalidad prematura atribuible a PM2.5 derivado de combustibles fósiles aumentó en un 24% de 2005 a 2020.

Los investigadores de Lancet Countdown también calcularon el valor monetizado de la mortalidad prematura derivada de la contaminación atmosférica. Para América Latina, este cálculo resultó en 0,61% del PIB, es decir, equivalía a los ingresos medios de 6,6 millones de personas en 2020. 

“Además de estos efectos directos, la contaminación atmosférica también tiene efectos económicos indirectos que deben tenerse en cuenta, incluidos los relacionados con los costes sanitarios debidos a una mayor morbilidad y a una reducción de la capacidad laboral a causa de las enfermedades. En este sentido, estas estimaciones pueden subestimar el impacto de la contaminación atmosférica en la salud de las personas”, aclaran los autores.

Acción climática en salud

América Latina ya lidia con desigualdad, disparidades en el acceso y calidad de la atención sanitaria así como por la falta de financiamiento en sus sistemas sanitarios. “Un sistema que ya está sobrepasado con los actuales retos sociales y medioambientales, difícilmente está equipado para la carga adicional que suponen los impactos en salud asociados al cambio climático. En este sentido, la equidad sanitaria debe ser la piedra angular de todas las medidas de adaptación al clima, que no consisten simplemente en crear sistemas sanitarios más resilientes, sino en comprender que la justicia climática y medioambiental es el núcleo de la planificación sanitaria”, advirtieron los autores de Lancet Countdown.

En este sentido, los investigadores fueron enfáticos al decir que los países requieren “políticas públicas intersectoriales que aumenten simultáneamente la resiliencia climática, reduzcan las desigualdades sociales, mejoren la salud de la población y reduzcan las emisiones de GEI”. Esa colaboración debe ser a largo plazo y no solo debe centrarse en los hospitales, sino también en cómo se conceptualizan las ciudades.

“Las poblaciones latinoamericanas no pueden permitirse el lujo de malgastar su tiempo y sus limitados recursos económicos debido a la debilidad de las políticas climáticas”, concluyeron.

Ejercicio en tiempos de cambio climático

Si bien el ejercicio físico contribuye a la buena salud física y mental, realizarlo en momentos donde se presentan altas temperaturas ambientales puede aumentar la probabilidad de desarrollar enfermedades relacionadas con el calor.

Según el informe Lancet Countdown Latinoamérica 2023, el número de horas de riesgo de estrés térmico para la actividad física ligera y moderada al aire libre ha aumentado, en América Latina, en 256 y 246 horas por persona al año durante 2013-2022, en comparación con el promedio de 1991-2000.

“Estos datos demuestran que incluso las personas que realizan una actividad física ligera corren un mayor riesgo de estrés térmico en un clima cada vez más cálido”, señalaron los autores.

De hecho, el riesgo de estrés térmico está aumentando entre las personas que realizan actividades físicas ligeras al aire libre, “lo que amenaza los estilos de vida saludables y físicamente activos, y desencadena importantes cuestiones relacionadas con la seguridad y la planificación de eventos al aire libre durante el verano”.

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