El 2024, catalogado como el año más cálido desde que se llevan registros, se hizo sentir en toda América Latina y, por supuesto, también dejó su marca en Costa Rica.
El año pasado, la temperatura media en América Latina y el Caribe estuvo 0,90 °C por encima de la media del período 1991-2020, según señala la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su informe sobre el Estado del clima en América Latina y el Caribe 2024. Vale recordar que la temperatura media a nivel global se situó 0,72 °C por encima del promedio de 1991-2020.
En Costa Rica, las temperaturas recurrentemente rompieron récords. En total se registraron 147 récords de temperatura máxima y 31 de temperatura mínima. La temperatura más elevada la reportó Filadelfia de Carrillo que registró 41,5°C.
“El año 2024 fue bastante caluroso, particularmente en marzo cuando se rompieron 39 récords a nivel nacional. Incluso en mayo, junio y setiembre se rompieron récords. También se rompieron récords en temperaturas mínimas, particularmente en abril con 11 récords”, mencionó Werner Stolz, director del Instituto Meteorológico Nacional (IMN).
Y continuó: “la variabilidad climática sigue modulando este comportamiento de las temperaturas en el país con años bastante calurosos, como lo fue el año pasado”.
Las temperaturas no sólo tienen que ver con la percepción de calor, también influyen en las precipitaciones y, en cuanto a lluvias, el 2024 fue un año irregular.
El acumulado del año arrojó para el Pacífico Norte un superávit del 65%, así como excedentes del 32% para el Valle Central, 22% para la Zona Norte Oriental y 14% para el Pacífico Sur; pero también se presentaron déficits del 18% en Caribe Sur y 12% en Caribe Norte.
“El temporal que tuvimos en noviembre y diciembre contribuyó al aporte de lluvia anual del Pacífico Norte”, comentó Stolz.
“Y recordarán que teníamos un estado de sequía meteorológica desde noviembre de 2023 y en 2024 se continuó con esta condición durante gran parte del año, principalmente en el Caribe”, agregó el director del IMN.
En cuanto a los máximos de lluvia diaria, el 2024 presentó 93 récords distribuidos principalmente en junio, julio, noviembre y diciembre. Sierpe de Osa reportó 273,2 mm de precipitación diaria, constituyéndose en el lugar donde más llovió en un día. “Prácticamente lo que llueve en todo un mes, Sierpe lo registró en 24 horas”, dijo Stolz.
Con respecto a los mínimos de lluvia, se reportaron 22 récords distribuidos a lo largo del año, excepto en febrero, abril, julio y noviembre.

¿Y América Central?
Las altas temperaturas se sintieron en todo el istmo centroamericano. Según OMM, 2024 fue +0,96°C más cálido que el promedio reportado para 1991-2020 en América Central y +1,44°C con respecto a 1961-1990.
El Caribe, por su parte, fue +0,97°C más cálido que el promedio de 1991-2020 y +1,46°C que el promedio 1961-1990.
Con respecto a las lluvias, estas fueron entre un 20% y 30% superiores a lo normal en Guatemala y El Salvador, y entre un 10% y un 30% superiores a lo normal en Costa Rica, Honduras y Nicaragua. En el Caribe se produjeron precipitaciones por encima de lo normal en Jamaica y Haití (+20 %).
La variabilidad climática en América Central, al ser una región bañada por los océanos Pacífico y Atlántico, se ve influenciada por las temperaturas de la superficie del mar y los fenómenos asociados de acoplamiento entre atmósfera y océano a gran escala como es el caso de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS).
En cuanto a la temperatura de la superficie del mar, las variaciones de esta alteran los intercambios de energía y gases entre los océanos y la atmósfera. En enero 2024 se reportaron temperaturas superiores a la media en el océano Pacífico ecuatorial y las anomalías más acusadas se dieron en las zonas central y centroriental del Pacífico, lo cual se relaciona con El Niño.
En mayo, en zonas de la parte oriental del Pacífico ecuatorial, se observaron temperaturas inferiores a la media, lo que anticipaba el final de El Niño. Para junio-julio, ya se reportaron condiciones neutras, las cuales se mantuvieron hasta setiembre.
“El evento de El Niño de 2024 estuvo asociado a temperaturas del aire más altas y déficits de precipitación en México, Guatemala, El Salvador y el altiplano del Perú y Bolivia, y las regiones de la Amazonia y el Pantanal, así como a un incremento de las precipitaciones en algunas zonas del sureste de América del Sur. Asimismo, contribuyó al mantenimiento de la sequía que ya existía en gran parte de la región central de América del Sur”, se lee en el informe de OMM.
Hacia finales de año surgieron indicios de la formación de un evento débil de La Niña, dado que las temperaturas de la superficie del mar en las regiones central y centroriental del Pacífico ecuatorial fueron inferiores a la media.
Otro tema relevante para América Central se relaciona al nivel del mar, ya que este se incrementa por causa del calentamiento de las aguas, dada la expansión térmica, y el aporte proveniente del deshielo de glaciares, casquetes y mantos de hielo. En el caso de la región, la vertiente Atlántica de los países centroamericanos es donde más se observa el incremento del nivel del mar.
“A lo largo de la vertiente del Pacífico de América Central, la tasa de aumento del nivel del mar fue menor (alrededor de 2,0 ± 0,3 mm/año) que el aumento medio mundial (3,4 ± 0,3 mm/año). Por el contrario, la tasa media de subida a lo largo de la vertiente atlántica fue significativamente superior, de aproximadamente 4,0 mm/año”, indica OMM en su informe.

De huracanes y otros impactos
La conjunción e interacción de las distintas variables derivan en eventos que, dependiendo de la exposición y la vulnerabilidad de los territorios, pueden resultar en catástrofes.
La temporada de ciclones tropicales en la cuenca del Atlántico Norte suele iniciar el 1 de junio y extenderse hasta el 30 de noviembre de cada año. El 2024 presentó una cantidad de tormentas superior a la media. En total se registraron 18 tormentas con nombre (el promedio del período 1991-2020 fue 14).
De estas, nueve afectaron a zonas terrestres de América Latina y el Caribe, incluidas cuatro tormentas tropicales (Alberto, Chris, Nadine y Sara), cuatro huracanes (Debby, Francine, Ernesto y Oscar) y cuatro huracanes de primer orden (Beryl, Helene, Milton y Rafael).
De hecho, el año pasado se presentó el huracán categoría 5 más precoz registrado en la cuenca del Atlántico. Se trató del huracán Beryl, que se formó en julio y pronto se convirtió en el huracán más potente en tocar tierra en Granada.
Beryl no sólo es el primer huracán mayor de la temporada 2024 sino que también fue el huracán más fuerte que se ha formado en el Caribe en esta época del año desde 1850.
En el Pacífico oriental, la temporada de huracanes fue menos activa de lo normal: se registraron 12 tormentas con nombre, cuando el promedio del período 1991-2020 es 15. Tres de ellas fueron huracanes de primer orden y siete tormentas tropicales.
Si bien ningún ciclón tropical tocó tierra en Costa Rica, el país si se vio afectado de manera indirecta con tal solo el paso de tormentas tropicales o frentes fríos. Sara estuvo formándose en el Caribe de manera lenta por al menos dos semanas. Por ello, y aunque se declarara oficialmente tormenta tropical hasta noviembre, comunidades en todo el país ya venían lidiando con lluvias y fuertes vientos así como inundaciones y saturación de los suelos.

Según Alejandro Picado, presidente de la Comisión Nacional de Emergencias, en el 2024 se contabilizaron 7.100 reportes de inundación. Eso llevó a trabajar coordinadamente con las comunidades. De hecho, ya se cuenta con 520 comunidades organizadas y 129 organizaciones comunales fueron capacitadas el año pasado.
Costa Rica no fue el único país afectado. Todos los países centroamericanos “se vieron afectados por fuertes lluvias que ocasionaron inundaciones, crecidas repentinas y deslizamientos de tierra. Estos fenómenos provocaron víctimas mortales y generaron enormes pérdidas económicas”.
América Central, principalmente los países del Triángulo Norte (Guatemala, El Salvador y Honduras), experimentaron una sequía entre grave y excepcional, la cual se vio agravada por El Niño durante el primer semestre de 2024.
“Como en años anteriores, este intrincado escenario se enrevesó aún más por causa de los elevados y crecientes precios de los alimentos, el incremento de la pobreza, la gran desigualdad de ingresos y los crecientes niveles de hambre, inestabilidad política e inseguridad sanitaria y alimentaria”, señaló OMM.
Lo experimentado en 2024 puso en evidencia los riesgos cada vez mayores en sectores como la agricultura y la seguridad alimentaria. “El año pasado fue un año muy difícil para la agricultura, sobre todo a finales de año cuando tuvimos que atender a 28.000 productores”, destacó el viceministro de Agricultura y Ganadería, Fernando Vargas.
Vargas explicó que el sector agroproductivo es muy sensible a la variabilidad climática y requiere tiempo para adaptarse y construir resiliencia. “Ya tuvimos problemas con algunos productos de la canasta básica, como el tomate, precisamente por esas situaciones climáticas que estamos teniendo”, ejemplificó.
En Honduras, por ejemplo, las temperaturas anormalmente elevadas incrementaron la incidencia de plagas y enfermedades, lo que multiplicó los costos para los agricultores con escasa capacidad de inversión.
En Guatemala, el 56% de los productores informaron de la insuficiencia o escasez de agua para el riego debido a la irregularidad de las lluvias asociada a El Niño, mientras que el 60% de los productores de cereales básicos retrasaron sus fechas de siembra. Además, el 45% de los hogares dedicados a la agricultura experimentó una reducción de ingresos en comparación con el año anterior, y en el 10% de ellos al menos un miembro emigró debido a la pérdida o la insuficiencia de medios de subsistencia.
En El Salvador, sequías iniciales seguidas de lluvias intensas alteraron la producción de maíz en 2024, dado que las inundaciones de mayo llegaron tarde y, posteriormente, precipitaciones excesivas causaron crecidas y deslizamientos de tierra en determinadas regiones.
“Las pérdidas de cosechas y ganado y la interrupción de las cadenas de suministro han afectado considerablemente a la disponibilidad de alimentos, los ingresos y la estabilidad de los medios de subsistencia rurales. En esta coyuntura, es crucial aplicar estrategias de resiliencia agrícola, adoptar medidas anticipatorias, fortalecer los sistemas alimentarios y otorgar prioridad a las iniciativas de mitigación para hacer frente al cambio climático”, recalcó OMM.

¿Qué se espera en este 2025?
En su Pronóstico Climático 2025, el IMN informó que tras año y medio de experimentar sequía meteorológica, sobre todo en el Caribe, los datos del Sistema de Alerta Temprana de Sequía (SAT-sequía) indican que no se presentará esta condición en ninguna región del país.
En cuanto a temperaturas, el año inició con valores similares a los del año pasado. La vertiente del Pacífico, por ejemplo, continúa presentando temperaturas máximas más cálidas de lo normal.
“Seguimos teniendo temperaturas por encima de lo normal de 0,5°C – 1°C, así que seguimos experimentando meses calurosos”, dijo el director del IMN.
Para el resto del año, el IMN calcula que las temperaturas estarán ligeramente por encima de lo normal entre 0,5°C – 1°C. Por ejemplo, para el trimestre comprendido entre abril y junio, la temperatura media sería levemente más elevada de lo normal (0,25- 0,5 °C) en Pacífico Norte, Pacífico Central, Pacífico Sur, Valle Central y Zona Norte Occidental; pero aún más cálidas (0,5-1 °C) en Zona Norte Oriental, Caribe Norte y Caribe Sur.
Para julio y agosto, la temperatura media sería levemente más elevada de lo normal (0,25- 0,5 °C), en Pacífico Norte, Pacífico Central, Pacífico Sur, Valle Central y Zona Norte Occidental; pero aún más cálidas (0,5-1 °C) en Zona Norte Oriental, Caribe Norte y Caribe Sur.
La temperatura media para los meses entre setiembre y noviembre sería normal (-0,25 - +0,25 °C) en Pacífico Norte, Pacífico Central, Pacífico Sur, Valle Central y Zona Norte Occidental; pero levemente más cálidas (0,25-0,5 °C) en Zona Norte Oriental y Caribe.
“En el trimestre setiembre, octubre y noviembre, la mayor parte del país volvería a temperaturas normales, pero la región Caribe estaría registrando temperaturas un poco por encima de lo normal”, mencionó Stolz.
Con respecto a las lluvias, el primer trimestre del año registró una cantidad de lluvia mayor que la del mismo trimestre en 2024, el cual justamente fue muy seco. “Este ha sido un trimestre atípico, ya que hemos tenido lluvias en los tres meses”, indicó el jerarca.
El fenómeno ENOS se mantiene en fase neutra y se espera que continúe así a lo largo del 2025, con una fase neutra fría durante el primer semestre y una fase neutra calidad en el segundo semestre. Eso sí, el Sistema de Alerta Temprana del fenómeno ENOS (SAT-ENOS) se mantiene en estado de “vigilancia” por La Niña.
“Con la información que tenemos hasta el momento, se está descartando El Niño”, declaró Stolz. “Lo que quiere decir que vamos a estar en una etapa neutra del ENOS, que significa que las temperaturas oceánicas se mantienen en sus valores promedio. Eso nos hace anticipar una estación lluviosa normal, con aguaceros fuertes, probablemente con eventos extremos, pero descartando desde ahora el fenómeno de El Niño que es el que sesga el comportamiento de la estación lluviosa a escenarios muy secos”, explicó.
Asimismo, se prevé un adelanto de una a dos semanas en el inicio de la estación lluviosa. El IMN prevé que sea el Pacífico Sur el primero en entrar en estación lluviosa entre el 20 y 25 de abril, seguido del Valle Central (22 de abril – 1 mayo), Pacífico Central (25 de abril – 3 de mayo), Zona Norte (4 - 6 mayo) y Pacífico Norte (1-12 mayo).

Durante el trimestre de abril a junio se estiman lluvias normales con excedentes en Zona Norte Occidental (+10%), así como normales deficitarias (-10%) en Caribe Sur, Caribe Norte y Zona Norte Oriental; así como lluvias excedentes (+15%) en Pacífico Norte, Pacífico Central, Pacífico Sur y Valle Central.
Para el bimestre de julio a agosto se prevén lluvias normales deficitarias (-10%) en todo el país: Pacífico Norte, Pacífico Central, Pacífico Sur, Valle Central, Zona Norte (Oriental y Occidental), Caribe Sur y Caribe Norte. La canícula suele ocurrir en las regiones de la vertiente del Pacífico, Valle Central y Zona Norte Occidental. Para este año, se espera que sea normal.
En cuanto al trimestre que va desde setiembre hasta noviembre, se prevén lluvias normales excedentes (+10%) en Pacífico Norte, Pacífico Central, Pacífico Sur y Valle Central; además de lluvias normales levemente deficitarias (-5%) en Caribe Norte, Caribe Sur y Zona Norte (Oriental y Occidental).
En cuanto a la temporada de ciclones tropicales de la cuenca del Atlántico Norte, se prevé que esté entre normal y levemente más intensa. Se calcula que se formen entre 14 y 16 ciclones tropicales con nombre (tormentas tropicales y huracanes).
Vale señalar que una temporada normal, tomando como referencia el periodo 1991-2020, consta de 14 tormentas nombradas.